AD LIBITUM (POEMAS)

LAS MUJERES DE HIERRO


Nunca me atreví
A acercarme y tocarlas.
Eran metálicas, herían
Seguramente al tacto.

Como generales,
Desde sus absurdos,
Helados pedestales,
Dirigían con brío
Minúsculos ejércitos
De oficinistas serios.

Prepotentes y frías,
Daban órdenes
A diestra y a siniestra
Con secos golpes
De voz y de mirada.

Y sin embargo un día,
Mis esquemas saltaron
Hechos pedazos… rotos:

Cuando una luminosidad,
Amarilla y opaca,
Dejó caer un rayo
De repentina garra,
Y una mujer de hierro,
Atrapó aquel poema
Que yacía malherido
Sobre la cristalina estepa
Del campo de batalla.

Lo leyó en un silencio
Sepulcral, y de pronto,
Ante mi asombro,
Solitaria, una lágrima
Resbaló de sus ojos
Y mojó una blanca
Soledad de cuartilla,
Inundando no sólo de agua y sal,
Sino también de luz,
La oscuridad del día.

¡No había visto jamás
 A alguien que llorara
Al leer mis poemas!

Todo es mentira, pensé.
No son de hierro, sólo
Usan sus armaduras
Para hacerlo creer...
Para que nadie
Se atreva a hacerles daño.

Miguel Ángel G. Yanes
(Poema inédito)


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EL RESPIRO DE LA CIUDAD



Nebulosa, flotante, adormilada,
una ciudad sobre la mar palpita,
descansa al borde mismo del amanecer
del nocturno ajetreo de sus bares.

A medida que la mañana avanza,
con la matutina impotencia del vampiro,
los filamentos de las bombillas ceden
y ocultan sus puntiagudos colmillos
ante el empuje de la luz natural.

Los clientes se esfuman uno a uno,
como si se apagaran también,
dejando tras de si un eco de pisadas
en la vaporosa estela del alcohol.

La ciudad se estira levemente,
se despereza con sigilo, crujen
puentes, paredes, soportales
y el humo adormecido vuelve
a elevar al cielo sus penachos.

Apenas ha gozado de un respiro,
de un minúsculo lapsus, la ciudad:
el espacio de tiempo comprendido
entre el chasquido de dos interruptores.

Miguel Ángel G. Yanes
(Del poemario "Con las alas de arena")


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UN BESO


No rubriquen tus labios
un beso,
cuando muera,
sobre la gélida frente
que fue mía.
Déjalo en una rosa
cualquiera de los parques,
en los prados que amamos,
en la brisa
o en una boca nueva
que estaré más presente
que en mi cuerpo.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "El enigmático viaje de la luz"
Mención Especial Premio Ciudad de La Laguna 1997


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ENTREGARSE A LAS SOMBRAS


Poco a poco se hundía
en migajas de tiempo,
fundiéndose sin prisa con las sombras;
sin sol, sin pájaros,
sin línea de horizonte,
llevando en los cabellos
la mirada curiosa de una estrella
que, indolente,
se burlaba en un guiño de la luna:
apenas una hebra de luz
en pos de su locura.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "Cárceles de piel"
Finalista Premio Editorial El Paisaje
(Vizcaya 1983)


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MADRE Y AMANTE


Ante mis pies, barro:
tu cuerpo abierto al llanto que fecunda
tus entrañas resecas.

Soy parte de este otoño aunque no quiera.

Oscuros nubarrones
vuelcan sobre tu piel
su espíritu de mar: salobres lágrimas
por las fuerzas celestes transmutadas,
y en un diluvio dulce
de caricias te alcanza
el misterioso monstruo que te ama.

Yo continúo absorto,
inmóvil, calado hasta los huesos.

Se ha roto tu letargo
de estío polvoriento,
hecho de soledad, de fuego, de quietud,
y el húmedo contacto,
deshaciendo silencios
en un lenguaje de gotas te estremece,
copula con tus sueños,
da rienda suelta a tu pasión de hembra;
calma también tu sed
con incontables besos,
te sublima, te hace sentir mujer.

Al poco tiempo vas a notarte grávida,
preñada de simientes
que en tu seno maternal se agitan.

Más tarde vendrá el sol,
fúlgido amante,
a besarte con ansias,
a resbalar también por tu hermosura,
a tocarte con sus dedos de luz,
a penetrarte.

Y cuando vuelva la noche a tu regazo
se quebrará tu piel,
la sentirás crujir con amoroso espanto
y el dolor de parir
se irá poblando
con la intensa sonrisa de ser madre
cuando notes, henchida de emoción,
que el germen de la vida
de tus entrañas brota.

Mientras, mudo de asombro,
siento que soy un árbol,
concebido también de igual manera,
con el híbrido esperma
de aquellos dos amantes,
en el vientre fecundo de la tierra.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "Gota a gota la vida"
Mención Especial Premio Hispanoamericano de Poesía,
Dulce Mª Loynaz 2004


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CRISTAL



Cristal.
Toca su transparencia fría.
Has resbalar el dedo
hasta hacerlo chillar.
Apoya la mejilla y siente
su tímida adherencia.

Cristal:
Sueño de arena
que vertical se eleva
en un ansia indecible
de azul cielo.

Cristal:
Transparente pared
que el viento no comprende;
locura del insecto
que una y mil veces choca
contra la intransigencia
terrible de un espacio
para él desprovisto
de límites, abierto
hasta la inmensidad.

Cristal:
Zona muerta que filtra
a su través la vida.
Llámese luz, color,
estructuras geológicas,
arquitecturas, nubes,
hombres o caracoles.
En movimiento o quietos,
embelesados, viejos,
nuevos, ensangrentados,
semi-raudos o lentos.

Cristal:
sábana invisible
en que se envuelven
temblorosas estrellas
que no encuentran
el brillo de la luna.

Cristal:
Trozo de soledad
donde la huella
de los labios olvida
la intensidad del beso.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en "Savia nueva"
Edición conmemorativa del Día del Libro
(Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife 1991)


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MINÚSCULO
A Antonio Abdo y Pilar Rey



Un bosque diminuto
Brotó sobre las rocas.

Húmedo y verde, el sueño
Dormido entre sus grietas,
Se elevó fugazmente
Hacia la luz: un tacto
Sobre la piel del aire.

Miguel Ángel G. Yanes
(Poema inédito)


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APARICIÓN DEL NAÚFRAGO-GAVIOTA


Al resbalar el agua,
en el espejo oscuro de la arena
queda el desnudo reflejo de los cuerpos.

Hiende el cristal, que sin crujido cede,
la huella de tu pie, desvanecida
fugazmente en el blanco
murmullo de la espuma.

Altas vuelan las olas
y sus crestas, deshechas por el viento,
se convierten en lluvia
salobre que descansa
más allá de la arena.

El atalaya, desde la roca altiva
coronada de sol,
con atención vigila
la negra media luna
que la costa retiene.

Un invisible tren de silencios y sueños
rueda por los raíles
húmedos que en la playa
han grabado unas manos
pequeñitas de niño.

Hay una enredadera
flotando entre las olas,
una urdimbre de tiempo que transporta
un náufrago-gaviota, malherido
por un rayo de sol del horizonte.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en Cuaderno Literario Azor, 1988


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 EL MÁGICO ABANICO DE LA LUZ


Despierta el horizonte.

Sacude la mañana
con un temblor naranja
la mano imperceptible
para abrir, evanescente casi,
el mágico abanico de la luz.

Su tenue balanceo
agita, con ritmo acompasado,
la tibia somnolencia de las nubes
y una alquimia celeste
va transmutando tonos
hasta la inmaculada
nitidez de lo blanco.

Quedan flotando libres
fantasmas diminutos,
trozos de sueño
esparcidos sobre una algarabía
rotunda de gaviotas.

El suave abaniqueo de la luz
los empuja y confunde
en la transparencia
salobre de la aurora,
ungiéndolos de aromas
marinos en un beso
de suspiros y espuma que resbala
sobre pálidos labios de cristal.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "El enigmático viaje de la luz"
Mención Especial Premio Ciudad de La Laguna 1997


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EL CABALLITO ENCARNADO
(Fue una época, no demasiado lejana,
en la que el color rojo estuvo totalmente prohibido.
Sólo se nos permitía decir encarnado o colorado)



La monja rifó un caballo
el día de la Ascensión.
Contó los niños primero:
diecisiete en el salón,
y anotando un numerito,
uno a uno preguntó.

Cinco, cuatro, diecinueve,
once, siete, treinta y dos.
¡Trece! gritó el más pequeño
tembloroso de emoción,
y el caballito encarnado
a sus manos descendió.

Cabalgó toda la tarde
por sábanas, bajo el sol
tinto que le sonreía
desde el borde del balcón;
sin embargo una tristeza
flotaba en su corazón.

En el suelo no podía,
con el resto de los niños,
retozar al alimón.

Sendos impedían
sus piernas, y observador,
desde el lecho contemplaba
el trote de otros caballos,
los soldados y el fragor
de las batallas libradas
en el blanco resplandor
de un paisaje no manchado
con sangre del perdedor.

Prestó luego su caballo
a los niños en cuestión,
que jugando se alejaron
por el pasillo, y su voz,
tras la puerta de los baños
fue hundiéndose en el rumor
de un rectángulo de mar,
espumoso de jabón.

Una terrible sospecha
le sacudió el corazón;
entre burbujas se oía
su relincho de cartón.
Luego, fue largo el silencio
que el hospital invadió.

Cuatro niños le traían
los trozos, ya sin color,
del caballito encarnado
que el agua le arrebató.

Con lágrimas en los ojos
apretó los pedacitos
contra de su corazón.
Mojado quedó su pecho,
su rostro, y en su dolor,
fue sumiéndose en un sueño
profundo que le mostró
que en caballito marino
el suyo se convirtió.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en "Savia nueva"
Edición conmemorativa del Día del Libro
(Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife 1991)


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BAJO EL ECLIPSE DE LA LUNA LLENA
A Félix Fco. Casanova



Agujereado
por millones de dardos
el silencio rinde
su secreto y la noche
palpita enfebrecida.

Rota la cordillera
por un beso de luna,
derrama,
por la cobriza luz,
la legión de demonios
que en su interior habita.
Y avanzan al unísono
desde la soledad
terrible de las rocas.

En prietas filas grises,
al comprimir la arena
con sus desnudos pies,
sobre el Llano de Ucanca
se les oye marchar.
Guayota los convoca
de nuevo a la batalla.

Clavados materialmente al suelo,
ocultos tras un muro
vegetal de retamas
los miramos pasar.

Ardía la luz terrible de sus ojos
Y la sangre se helaba en nuestras venas.

Miguel Ángel G. Yanes
  (Del poemario "Húmedo labio de la isla")


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ANAGA
(FRAGMENTO)
A Isaac de Vega, a quien también sé
un eterno enamorado del Macizo de Anaga



Desde Igueste,
verde y quieto remanso de palmeras,
parte el viejo sendero de la cumbre;
serpentea la grieta del barranco
y sube, inexorable,
entre cardones, tabaibas y aceviños
hasta la desnudez
pura y fría de las últimas piedras.

Invisible, la puerta
que guarda el santuario del Macizo de Anaga,
en ocasiones sólo
hace girar sus goznes al paso del extraño...

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "Teno y Anaga"
Accésit Centro de la Cultura Popular Canaria 1985


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FLOR DE PASCUA




Un solitario
Ciudadano cruza
La mañana incipiente

De este otoño rebelde
Que, desinquieto, pugna
Por quedarse.

Lo veo venir
Desde la atalaya
Perfecta del balcón:

Es un golpe de luz
Que se encamina
Lentamente hacia aquí.

Prendida al pecho lleva
Una frondosa
Y bella Flor de Pascua,

Como una roja estrella
Que naciera de pronto
Entre sus brazos.

Va iluminando el día
Al mismo ritmo
De sus sonoros pasos.

Frío y gris,
El nuevo amanecer
Se rinde al tacto,

A los rayos de sol
Que se derraman
Sobre la piel salobre

Y forman charcos
De brillantes cristales
Sobre el agua.

Con suave abaniqueo,
Las varillas
Mágicas de la luz,

Las oscuras
Y somnolientas nubes
Del horizonte alejan

Para que,
Nítida en la distancia,
Reaparezca la isla.

Y la flor, aturdida,
Al punto, cede
Su luminosa hegemonía.

Miguel Ángel G. Yanes
(Poema inédito)



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AMOR



Yo te titulo...
Amor;
no palabra
ni conjunción sentimental
rumoreada.
¡Más!:
Universo sin límites,
Aurora, Luz.
Pegado en las encías
tu nombre... ?
desenterrando
imposibles ideas
de un delirio,
se vuelcan
tus ignotas facciones
en mi rostro.
Florece tu cuerpo
por la tierra humeante
que incinera
mis pies descalzos.
Oigo tu tallo
cantando savia
entre mis brumas,
y tu aliento
se incrusta profundo
al borde de mis labios,
recortando el instante.
Y te siento...
Amor
sobre la piel
desnuda del espacio,
trémula,
abriendo el corazón
de las estrellas,
y te reconozco.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en la Revista Literaria Akimia
(Salamanca 1979)


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LA MAGIA DEL INSTANTE



Cuando el agua es cristal
y sus agujas clava
en el blando acerico
de la orilla,
grita un ave dormida
en los estambres,
y un inesperado
revoloteo enreda
los colores del nido
en una multitud
de nudos donde el alba
se atora sin querer:

Mágico instante,
dulce traición del tiempo
a los sentidos.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "Asombro de habitar este instante fugaz"


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LA ISLA



La Isla en el desierto
marino no interrumpe
esa continuidad
monótona de azules
sobre los que cabalgan
blancos interminables.

Arropada en las nubes
que Laurisilva atrapa
con sus arbóreos brazos,
se confunde en el vuelo
furioso de la espuma
como una cresta más
de blanca rebeldía.

La Isla es el océano
como el camello es
un trozo de desierto.

Con suavidad, la Isla,
se estira y adormece
bajo el manto perdido
por el dios que tirita
de frío en la intangible
soledad de sí mismo.

Beben sus labios sal
y magma sus entrañas.

Beben colores tiernos,
húmedos, esas plantas
que en silencio recubren
un vientre sin espaldas.

Beben rumor las cañas.
El aire balancea
sus delicadas almas.

La Isla, femenina,
sus puntiagudos pechos
ofrece a la caricia
del viento e imagina
unas manos etéreas,
leves, que apenas rozan
el vértice del seno.

Una lágrima flota
sobre el párpado verde
del musgo y resucita
un temblor de volcanes,
de fuego adormecido.

Por las fisuras largas
de su piel se desanda
todo el sueño del sol.

Por su dorada frente
resbala la ilusión
del ángel del olvido.

Por sus pies, pese al fuego,
eternamente fríos,
cruzan, interminables,
cadáveres perdidos
en muy lejanas costas.

Es el día más largo
de este año-suspiro
del cósmico engranaje.
La niebla se levanta.

San Borondón se alza,
un instante fugaz,
hermosa a la mirada
del soñador atento,
pero un soplo ligero
de brisa desvanece
sus formas en el nuevo
murmullo de la espuma.

Se oculta en su atanor
inmemorial, se abisma
en el secreto y muere
para reaparecer
a la luz de otros ojos
que, ávidos de ancestros,
la bruma de los mares
desgarren sin temor.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario “Instantes de la Isla”
Accésit del VIII Certamen de Poesía Emeterio Gutiérrez Albelo
(Icod 1994)


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SED




Sed de ayer que nada apaga.


Resecos labios que desmoronan
las vertientes del tiempo,
ávidos del ancestro.

Inextinguible sed.

Rumbo y sentido
que sin brújula marcan
-eterna exactitud-
enigmáticos pasos
que en la noche
conducen al principio,
a ese punto de luz
donde palpita
la idea primigenia.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en el Volumen IV de Poetas de Nuestro Tiempo
(Ediciones Rondas 1988)


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HOMBRE SIN DESTINO



¿Y qué si cruje el día?
si el hombre no lo siente.
¿No ves que está esculpido
a crudos martillazos
y son sus ojos secos
dos grutas demenciales
y una sima terrible
su mente carcomida?
¿Y qué si estalla el alba?
si él no puede verlo,
hundido en el pantano
oscuro de su vida,
cansado de cansarse,
tan muerto y… ¡sí! tan vivo
en pos de su agonía.
¿Y qué si expira el día?
si el hombre no lo oye,
envuelto en su armadura
de piedra adormecida,
figura desconchada
de sombras sin contorno.
¿Y qué si no se expresa?
si no desea hacerlo,
mordiendo su tristeza
cuajada de recuerdos.
¿Y qué si está dormido?
si odia la vigilia.
¿Y qué si no despierta?
si sueña con sus sueños.

Miguel Ángel G. Yanes
III Premio en el Primer Certamen Revista Literaria Akimia
(Salamanca 1979)



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POR LA HERRUMBRE ROJIZA NUESTROS PASOS
(FRAGMENTO) 
A Maki, Tere, Reyes y Fermín,
compañeros en la bella andadura.


Ocre y malva despunta entre azucenas
fugitivas de mar; brota del alma
trémula y legendaria que estremece
este sueño de sal, frágil memoria
de una raza tallada por el sol
en el marco sublime del Atlántico.

Por la herrumbre rojiza nuestros pasos
jubilosos avanzan; buscan tiempo
detenido en los bordes de las lajas,
en las grietas reptantes que la orchilla
blandamente tapiza, en las esquinas
de las piedras, por invisibles manos
alzadas en un gesto de verticalidad.

Valverde, inquieta, duerme. Mecen

liquen y musgo entre sus altas ramas
los deshojados árboles. El viento,
húmedo y frió, besa, de refilón
los rostros y, amoroso, un silencio
roza, leve, el perfil de los sedientos labios.

A la infancia volvimos al sabor de las moras.
Tintos y alegres, sobre la arista de las Calcosas,
contemplamos la larga lengua de lava
paladeando mar, marea tras marea,
con sus papilas lávicas, bajo el atento
vigilar de las chozas que, minúsculas, penden,
entreabiertos sus ojos en la piedra desnuda,
coronadas sus frentes de blanquecina paja...

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "De Orchilla a Finisterre"
Accésit en el V Certamen Emeterio Gutiérrez Albelo
(Icod 1991)


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EL INDISCRETO


En una caja de cartón,
mojado el fondo por una lágrima,
un morrocoyo mordisquea
la hoja de lechuga
con la que intenta cubrir
la indiscreción de su presencia.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "Cárceles de piel"
Finalista Premio Editorial El Paisaje
(Vizcaya 1983)


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AYER LE OÍ GRITAR



Hoy no traigo un poema de bella geometría,
ni la suave cadencia de unos versos hermosos,
hoy traigo este puñado hiriente de palabras
que muerden con fiereza las lindes de mi boca.

Me viene a la memoria un hombre enamorado,
envuelto en paño blanco, sin adornos, descalzo;
lleva la barba hendida, la frente descubierta
y los largos cabellos, en oscuras cascadas,
divididos al centro. Su mirada es distinta:
un destello divino le refulge en los ojos.
Le dibuja los labios una extensa sonrisa.

Multitudes lo siguen, multitudes lo aclaman.
Sus palabras estallan como látigo nuevo
que desgarra las sombras. Sus palabras construyen
un castillo inviolable de mandatos supremos,
un castillo de luz, un castillo perfecto.
El Amor es la clave, es el Gran Mandamiento.

Me viene a la memoria cómo lo torturaron,
cómo fueron clavando su cuerpo a la madera,
y cómo respondía, pidiéndole al Eterno
perdón para los hombres que lo crucificaban.

Hace ya tanto tiempo. Y sin embargo hoy
se siguen martillando sus clavos con denuedo.

Permitidme que os diga que ninguno está aquí
para ser el primero, ni entre los poetas,
ni entre los pintores, ni entre los que se afanan
en cosas materiales. Todo ello es secundario;
algo más trascendente, que tal vez no entendamos,
se oculta tras el sol de nuestras ambiciones.

Y aunque la Historia cuente que hace ya dos mil años
que lo crucificaron, sus labios no están muertos.
Ayer le oí gritar: ¡Fariseos hipócritas!

Un grano de caridad por el amor de Dios.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado en la Antología de Poetas Españoles
(Ateneo Casablanca-Córdoba 1996)


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A LA VIOLETA


Tímida, solitaria, prisionera
de un legendario amor, busca consuelo
musitando silencios desde el suelo
donde aferra su alma en franca espera.

No se rinde jamás, no desespera,
envuelta su figura en terciopelo
encierra su dolor y expone al cielo
la púrpura sonrisa que sufriera.

Cinco pétalos graban su hermosura
de irregulares formas en los prados
que acunan en el verde su ternura.

Y así yacen sus sueños alfombrados:
donde la sombra queda adormecida
aguardan los amores no olvidados.

Miguel Ángel G. Yanes
Del poemario "El eterno silencio de las flores"
II Premio en el Segundo Certamen Revista Literaria Akimia
(Salamanca 1983)


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NUESTRO MIEDO
(FRAGMENTOS)


Nuestro miedo no criba las verdades,
no ventea las mentiras
al aire de las palabras nuevas,
no seca al sol
las ideas húmedas, fetales,
que se aferran temblorosas
al indeciso hioides,
y se vuelven saliva dura
rasgando la garganta sus aristas.

Nuesro miedo es silencio,
infinito, denso;
nace de los ojos cerrados,
de los labios dormidos,
de las manos
que a diario juegan con la muerte
entre dedos resecos,
haciendo eterno
el veloz segundo que habitamos.
Y el silencio
se hunde en nuestra carne,
abre la grieta, profunda catalepsia,
desborda rutinas de sangre,
baña los pasos
y luego se seca
soldando los pies descalzos,
temerosos de huellas.

.../...

Ojalá que mañana
despertara la piedra
y estallara perenne la verdad,
lejos del miedo,
henchida de voces, de cantos,
que rasguen el silencio
en dos mitades irreconciliables.

Ojalá que mañana
el sol no se avergüence
y podamos andar 
con las manos abiertas,
pidiéndole calor a cada parpadeo
hasta colmar de luz
la oscura soledad de nuestras almas.

Ojalá que mañana
fuera hoy,
la hora crítica
de arrancarnos el miedo
de la frente.

Miguel Ángel G. Yanes
Premio Félix Fco. Casanova
(Editorial Pilar Rey - S/C. de La Palma 1981)


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YOLANDA
A ellas, “eternamente…”



En aquellos años de agridulces recuerdos
Conocí a tres muchachas
Con ese mismo nombre.

Mujeres diferentes,
Sus femeninos cuerpos
Llenaban el espacio vacío
Con la rotunda luminosidad
De sus ojos, su cabello, su piel…

Por eso, cuando Pablo
Entona su canción,
Mi alma se estremece al recordarlas.

Una era la hermana de un buen amigo mío.
La conocí de niña, y a mis ojos
Siguió siéndolo siempre, a pesar
De ser ya una mujer en lo evidente.

Cuando el verano aduce sus razones
Y nos empuja al mar,
Aún la suelo encontrar en sus orillas.

Otra, de encrespado cabello,
Piel algo más clara, labios sensuales
Y vivarachos ojos,
Fue para mí, amiga y confidente.

Alguna que otra vez salimos juntos
Y hasta estuvimos a punto de matarnos,
A lomos de una moto, contra un coche
Salvaje que salió
Con desbocados caballos de un garaje.

Jamás la he vuelto a ver.
Hace unos treinta años
Que no sé nada de ella.

La tercera,
Una muchacha inusual andaba
Siempre envuelta en la bruma del misterio,
En las nieblas azules de sus sueños,
Con un sombrero negro y el enigma
De la extraña sonrisa de sus labios
.
Me atrapaba en el brillo de sus ojos
Como el ámbar atrapa a las polillas.
Y sin embargo nunca fui capaz
De decirle al oído que la amaba.

Un día, de pronto se esfumó
Como siempre se esfuman los fantasmas…
Flotando entre la luz, sin decir nada.

Miguel Ángel G. Yanes
(Poema inédito)


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