7... ROJO, IMPAR Y FALTA (POEMAS)


"LA RULETA DE LA VIDA"

¡¡¡NO VA MÁS!!!

 

*

07/10/2017


CÓSMICA UNIDAD


La soledad se nutre de la ausencia
Y forma una burbuja helada y silenciosa
En cuyo centro habitas, esperando,
Como si de una pompa de jabón se tratase,
Que de repente estalle y te libere,
Porque tus manos no alcanzan a rasgar
Sus lejanas, transparentes paredes, que
Con cada latido se alejan más de ti.
Habrá de ser alguien de fuera quien las rompa
Con aguijón de insecto, garra o pico de ave
Para formar contigo -sombra y luz-
Un eje sideral de geometría:
Una línea sigmoidea en cuyo centro
Imperceptible y frágil, gire y gire
La eternidad, creando con sus pulsos
La cósmica unidad del universo.

Miguel Ángel G. Yanes

*

07/09/2017

NO SABEMOS CÓMO HA SIDO, PERO... 


Está otra vez aquí, en nuestras propias manos,
En la piel de los párpados, en los resecos labios
Arrancando palabras de las simas del alma,
Haciéndolas fluir, incandescentes,
Hacia el cráter abierto en la garganta
Con el hálito ardiente de la respiración.

Gritando a voz en cuello verdades indomables.
O escribiendo en paredes resecas y desnudas,
Con los dedos teñidos de pintura y de sangre,
Versos insobornables que en el pecho palpitan;

Aporreando con rabia las ventanas
-inútil insistencia de las heridas manos-
De esta ciudad drogada, adormecida
Por el vaho nocturno que la aturde,
Intentando avisar a los durmientes
De un milagro vital… ineludible. 

Pero el sueño es tan denso, tan profundo
 Que no escuchan el eco retumbante
De una manada salvaje que se acerca:
Libres garañones de cascos sin herrar,
Golpeando la tierra con denuedo
Regresan de la propia eternidad.

Caballos desbocados de largas crines rojas
Y negros, sudorosos, oscuros cuerpos hechos
 De libertad y de sueños, a galope tendido
Atraviesan las puertas lumínicas del alba.

Miguel Ángel G. Yanes

*

07/08/2017

LOS DRAGONES DEL ALBA


(A Alejandro, Ángel y Laura)

Fue su primer amanecer; jamás 
Habían sentido la descarga, el golpe, 
La sacudida energética que aturde
 Los sentidos y muestra, tras un velo 
Irracional, la magia, lo prohibido: 
La desintegración de la razón 
Mostrándoles, durante unos instantes 
Una grieta sin tiempo en la que flotan 
Los universos múltiples que habitan. 

 Límpida y fría, la transparencia 
De la mañana aún se hallaba en ciernes, 
Fraguando su esplendor sobre la oscura 
Soledad de las aguas, cuando un grito 
Común les hizo alzarse de pronto al ver 
Monstruos marinos que de la mar brotaban. 

Con las primeras luces se agitaron 
Sobre la soledad salobre los dragones 
Metálicos del alba, gigantescas, 
Terribles criaturas que, de pronto, 
Antes de alzar el vuelo transmutaron, 
Sin saber por qué y cómo, en grandes barcos: 
Petroleros al uso hechos de acero, 
De silencios cuerpos que quedaron 
Prendidos al amparo de la rada, 
Mientras ellos, sonrientes, admirados, 
Aún se preguntaban qué habían visto. 

  
Miguel Ángel G. Yanes


 *

07/07/2017

LA COLERA, ERROR DIVINO



Como si en las alturas 
Alguien hubiera abierto 
Miles de cataratas, 
Llovió toda la noche 
Sin cesar; todo un río 
Vertical derramado 
Desde la inmensidad. 

 La mañana siguió 
Con el aquel diluvio 
De fuerza indescriptible, 
Hasta que pudo el sol, 
Al mediodía casi, 
Abrir un hueco en medio 
De las oscuras nubes 
Y derramar su luz 
Sobre la tierra henchida 
De lluvia y de esperanza. 

Cesado ya el despliegue 
De la naturaleza, 
Un anciano sonriente 
De cabellera extensa 
Y luenga barba cana, 
Sentado en una roca, 
Feliz y ensimismado, 

Contemplaba su obra, 
Frente a un espejo líquido 
Que el cielo reflejaba, 
 Cuando un ruido lejano 
Vino a romper la paz 
De aquel perfecto instante. 

Un joven, con su moto 
Cromada y refulgente, 
De potentes caballos 
Con sonido metálico, 
Cruzó a toda pastilla 
Sobre el charco infinito, 
Y una ola de barro 
 Cayó sobre el anciano: 

Salpicó su cabeza, 
El arrugado rostro, 
La descuidada barba, 
Su ropaje y los pies 
Delgados y desnudos, 
Como si fueran naúfragos 
Aferrados al cuero 
De sus sandalias viejas. 

Colérico. Alzó el brazo 
Y de la punta helada 
De sus huesudos dedos 
Brotó, fugaz, un rayo 
Que alcanzó al motorista 
Antes que lo engullera 
La distancia. Y un trozo 

De carbón aferrado 
A una amalgama 
De hierros retorcidos, 
Fue el único vestigio 
Que quedó, pendulando, 
Sobre la incierta línea 
Del horizonte: un caos, 

Que oscureció, de pronto 
La azul luminiscencia 
De aquel planeta mágico. 
Y cuando el viejo quiso 
Volver a hacer la luz 
Sobre ese mundo suyo, 
Ya no le fue posible. 

 Las sagradas palabras 
Ya no le funcionaban. 
Su voz había perdido 
El poder de crear. 
Y la eterna penumbra 
Se adueñó para siempre 
De aquel sueño lumínico 
Que él mismo condenó 
Con su cólera infame. 

 Solitario, incompleto, 
Preso de angustia y miedo 
Lloró de rabia y pena: 
La mitad de si mismo 
Yacía calcinada 
Entre los humeantes 
Vestigios de la máquina. 

Miguel Ángel G. Yanes


 *

07/06/2017

EN LA MAGIA DEL ARPA


(A José Luis León)

Casi liquida baja,
Filtrada por sombrillas
Verdes de flamboyanes,
La matutina luz
Que se detiene y queda,
Temblando de emoción,
Enredada en arpegios
Cristalinos que flotan
En la magia del arpa.

Miguel Ángel G. Yanes


*

07-05-2017 

ATARDECER DE IGUESTE


 (Robo un trozo pequeño del secreto nocturno)

Golondrinas de mar
de cristalino pecho:
saetas de la tarde.
Sus alas puntiagudas,
tímidas pinceladas
oscuras del reverso,
traspasan -un suspiro-
la bóveda celeste,
ahora engalanada
de malva y de silencio,
y se clavan al sueño,
imperio de la noche,
que resbala silente
por mi pecho.

Miguel Ángel G. Yanes


*
 
07-04-2017

ESPEJO Y TIEMPO


El silencio es la luna de un espejo;
El sonido, por contra, sus pedazos
Cuando de pronto caen de un golpe dado
Y sus añicos se esparcen por el suelo
Como un veloz repique de campanas.

Hay una magia extraña en su tañido:
Una escueta secuencia que acelera
Los ritmos de la vida unos instantes
Para romper los velos que recubren
Ese eterno secreto que los hombres
Hemos llamado tiempo, y que los dioses,
Algo más sabios que nosotros dieron
En ponerle por nombre eternidad.

Porque no pasa el tiempo, queda
Inmutable y eterno. Solo fluye
Para nuestros sentidos que no entienden
 Que somos los humanos, criaturas efímeras,
Quienes, fugazmente, flotamos sobre él.

Miguel Ángel G. Yanes

 *

07-03-2017

LA VIEJA CASONA

 
Atisba el gato de las orejas negras,
desde el borde del búcaro,
la tarde somnolienta.

Húmeda niebla hiende
la textura naranja
y aprisiona, con lentitud,
las formas detenidas
en el enmarañado
jardín de los olvidos.

Una similitud extraña de medidas
se conjuga en las líneas
de la vieja casona.

Ciento cuarenta y cuatro
varillas de metal
amarillean el paño
de la tapia blanquísima,
cuya profundidad
divide en sí la anchura
del frente y las espaldas.

Tres metros y catorce centímetros
entre techos y suelos,
planta tras planta así
hasta el mágico triángulo
del desván, donde ahora,
bajo un velo de polvo,
con sus hilos enhebran las arañas,
coordenadas de tiempo,
rescatando,
del silencio ancestral, ritos prohibidos.

 
Las puertas, todas,
dan medidas exactas
de camposanto y miran
la muerte desde el centro
de sus almas dormidas.

El ojo circular de su frente,
un instante
cegado por el rayo que en mitades
ha cortado la niebla,
deja escapar un último destello
desde una esquirla de cristal,
milagrosamente
al párpado aferrada.

Doce ventanas tienden
un sueño roto de cristales al sol
mientras las tejas
resbalan en silencio
una tras otra y quedan
oscilando en el borde
quebrado del alero.

Los pájaros detienen
su vuelo en las entrañas
abiertas, y en las vigas
de tea y en las huecas
heridas de su carne
anidan y gorjean.
Un lento ronroneo
vigila sus quehaceres.

La tarde
ya no da más de si.
Se abisma en el mutismo
de unos labios
como puñales fríos.

La casona se pierde,
nocturna, entre las sombras.
Sólo brillan los ojos
refulgentes del gato
que ha cambiado la curva
de la boca del búcaro
por la rama de un árbol.


Miguel Ángel G. Yanes

 *

07-02-2017

LA MUJER DE LAS FUENTES


(A ella misma)
 
La rítmica cadencia
del agua golpeando
sobre la piel del agua.

Las ramas de los árboles
trenzando en las alturas
una cúpula verde
que adormece el anillo
circular de la plaza.

Un rayo de sol tibio
pugnando por hundirse
bajo la sombra tenue
de las hojas.

En franca algarabía,
gorriones, loros, mirlos,
tórtolas y palomas,
y algún grito de niño,
rompen en trozos múltiples
el cristal que envolvía
la silenciosa
tristeza del templete,
despertando recuerdos
diluidos
en el acuoso mirar
de los ancianos.


Veo llegar de lejos
una figura
familiar que no logro
ubicar con acierto.
Esta memoria mía
va perdiendo neuronas
a medida
que el tiempo amarillea
con rabia mis papeles.  

¡Ah! ya sé:
la mujer de las fuentes.

Viene a cumplir el rito
diario de bañarse,
ajena por completo
al mundo que rodea
el borde de su mundo.

Se desnuda despacio;
el cuerpo ofrece
a la dulce caricia
del agua y no me advierte
siquiera a cuatro pasos,
haciéndome partícipe,
sin querer, de un secreto
que a diario trasluce
y nadie entiende. 
 

Sólo vemos un cuerpo
desnudo de mujer
en una fuente
y absortos lo miramos
sin comprender,
en realidad, qué ocurre:

Ella conserva aún
la relación, la magia
que nosotros
-absurdos habitantes
de la prisa-
perdimos en las grietas
difusas de algún sueño.

La mujer de las fuentes
siente un ansia,
una atracción,
irresistible acaso
y no puede pasar
junto al murmullo
encantador del agua
sin sentirlo en el cuerpo.

Necesita
que golpee su frente,
que resbale
por sus ojos y labios,
por sus senos y pubis,
por sus muslos;
que su energía penetre,
a través de su piel,
hasta la roja esencia
de los huesos
y ser una con ella,
ajena a mí
y a todo el universo. 
 

Como una ninfa espúrea
es una estrella
de luz húmeda y quieta,
fascinada en el tacto
del agua, adormecida
en el rayo de sol
licensioso que intenta,
resbalando
por los tejados fríos
penetrar por el hueco
de las arbóreas copas
y abrazarse a su cuerpo
en un descuido.

Ahora me ha mirado
desde la lejanía
profunda de sus ojos
y un ligero destello
me ha hecho cómplice suyo
para siempre.

Dos loros colilargos
captan por un instante
mi atención en un vuelo
de estridencias que asusta
a los laureles. Siento
en el aire su pálpito
mientras espero
a mi mujer y a mi hija
que ya descienden
por el rayo de sol
hasta mi encuentro.

Al girar la cabeza
la mujer ya no está.
Sola, canta la fuente,
y en la arena,
húmedas huellas van 
persiguiendo silencios
de lejanos jardines.

 
Miguel Ángel G. Yanes

*

07-01-2017

EN UN RINCÓN DE LA SELVA AMAZÓNICA


En el húmedo vértice
de la piedra lunar
resbalaron mis dedos
hacia tu soledad,
y un mensaje perdido
por los labios
de algún dios vegetal
cobró vida en mis sueños.

Sospeché que un secreto
ancestral se rompía
para colmar un ansia:
la de ser ese sesgo
de luz que atravesando
un mar frío y galáctico
cobra vida en tus ojos
con cada amanecer.

Miguel Ángel G. Yanes
 
*

07-12-2016 

UN HILO DE TRISTEZA


Al amanecer,
cuando en la transparente
verticalidad del cristal
posan los lepidópteros
sus delicadas formas,
atraídos
por un mar de colores
que incesante rebulle
tras el escaparate,
un hilo de tristeza
enreda
la esperanza del sol.

Miguel Ángel G. Yanes
  
*

07-11-2016 

AGAZAPADA EN LA OSCURIDAD


No consigo evitar
Que mis ojos se alejen de los suyos.

Su mirada felina
Me capta, me atrapa, me subyuga.

Brillante, suave, elástica,
Su oscura piel me aguarda agazapada.

Tensos, ágiles músculos
Esperan el momento propicio.

Mitad miedo y placer
Un escalofrío me corre por la espalda.

No sé bien lo que oculta
Esa selva de sábanas revueltas:

Si un cuerpo de mujer o de pantera.

 Miguel Ángel G. Yanes
  
*

07-09-2016 

AMANECER EN LA BAHÍA DE PALAMÓS


(A Christian y Marga) 


Recién arada y limpia
La rubia arena forma
Caballones minúsculos
Donde una mano siembra,
Golpe a golpe, gaviotas:
Escuadrones minúsculos
Que, estáticos, aguardan
En formación perfecta
La llamada del alba.

Otro dios más pequeño
Va sembrando sombrillas
Paralelas al mar.

Fulge la luz… De pronto,
La inaprensible línea
Del horizonte arde,
Y una rotunda algarabía
De graznidos eleva
Blancas legiones
Prestas a conquistar
Un territorio azul.

La larga curva de la bahía siente
El tembloroso beso de la espuma
E imperceptiblemente se estremece.

Un ejército alado se dispone a partir.

Miguel Ángel G. Yanes

*

07-09-2016 

EXTRAÑOS CEFALÓPODOS


Cual vegetales pulpos,
Plantas de áloe flotan
Sobre las crespas olas;
Hartas de mar esperan
Arraigar en la orilla
-Absurdo intento- porque
El oscuro vientre
De la arena no es fértil,
Y nada se aguarece
En su infecunda entraña.

Condenadas a muerte
Quedarán retorcidas
Sobre la ardiente playa,
Como duros sarmientos,
Como viejas maromas,
Como rejos resecos
Bajo el peso del sol
Conque el verano marca,
Inefable y rotundo,
El final de sus días.

En esas disquisiciones
Me hallaba, cuando al rato,
Rompiendo con mi lógica,
Apareció una anciana
Recogiendo una a una
Las mortecinas plantas
Que arrojó la marea,
Y, delicamente,
Las apretó con mimo
Contra el marchito pecho.

Cuánta ternura –pensé-
Tendrá un jardín o acaso
Una azotea repleta
De macetas vacías,
Latas o jardineras.
Pero, ante mi asombro,
La señora tiró,
Sin  contemplaciones,
Los vegetales pulpos
A la puta basura.

Miguel Ángel G. Yanes
 
*

07-08-2016 

LA COLUMNA DE LUZ


Hay ángeles de fuego
Y de hielo o cristal
Que entrelazados giran
Conformando
Una manga de luz,
Un remolino:
Solitaria columna
Que sustenta
Un universo múltiple.

Mundos dentro de mundos,
Infinitos espacios,
Dimensiones,
Seres, humanidades
Forjadoras de sueños,
Miedos, versos...

Somos hebras de luz
Con las que juega un dios
Que se aburría.

Miguel Ángel G. Yanes
 
 *

 07-07-2016

LA CIUDAD Y EL LUCERO


Descorro con sigilo
La cortina que oculta
La ciudad. Observo,
Límpido, el cielo bruno.
Tiene un planeta ardiente
En pleno cénit. Lo sé
Porque tan solo brilla…

“Brilla y no titila”.
Parece repetirme,
-para diferenciarlo
de una posible estrella-
La voz de fumador
De Don Juan, mi maestro,
Al que los muchos años
No quieren jubilar
Aún de esta memoria
Que considero mía.

Brilla como un diamante
Cósmico engarzado
Sobre una mano oscura.

Pugno por abrir
La cristalera. Corre
A trompicones leves
Por su carril y accedo
A la fresca humedad
De la mañana. El día,
Somnoliento, parece
No querer despertar.

Es muy temprano aún.
En la acera de enfrente
Los edificios siguen
Con los ojos cerrados.
El aire se estremece
Justo cuando los duendes
De los escasos árboles,
Cansados de la noche,
Se ocultan en sus hojas
Para poder dormir.

Y entonces un efluvio,
Un olor acre, intenso
A levadura llega
De una industria cercana
Donde alguien ya labora.


Y una estela aparece
Blanca y larga, expelida
Por la cola-turbina
De un avión diminuto
Que corta el alba en dos.

Como recién nacido
Del vientre de la nada,
Un  primer ciudadano,
Verde y naranja, arranca
Plásticas papeleras
De sus soportes, luego
Las agita con brío,
Vuelca su contenido
En grandes cubos
Y las vuelve a colgar.

Después barre la calle,
Húmeda de rocío,
Con su hoja de palma.

El más madrugador
De entre todos los perros,
Ronco en extremo ladra
Con rotunda insistencia.

Pero es tan sumamente
Temprano y cala tanto
En la garganta el frío,
Que ningún otro puede
Hacerle coro y callan
Ante aquel solitario
Concierto de afonía.

En verano, a estas horas,
Lo lógico sería
Un largo contrapunto
De ladridos, un eco
Al que, in crescendo, nadie,
Por muy autoritario
Que sonara el mandato,
Poner freno podría,
Ni aunque en lenguaje
Canino lo dijera.


Sopla el viento del norte;
Los obliga a enroscarse,
A ocultar el hocico
Bajo la cola y dar
Un ligero gruñido
De descontento que
Parece repetir
La voz del amo,
Ahogada bajo el peso
Leve de la almohada:

“Ese maldito perro”...
E intenta regresar
A la sima del sueño.

  Pero no puede hacerlo.
El impertinente
Despertador se suma
A la desafinada
Orquesta de instrumentos
Helados que despiertan
A la ciudad llamando,
Sin tino y sin medida,
A la gran multitud
De convictos durmientes.

Y sin embargo, libre,
Un silencioso pájaro
Cruza, negro y veloz,
La intensidad del alba.

Desconsolada pía
Un ave de presa, ídem
En una jaula exigua
Donde una mano de hombre
La condenó a la angustia
De no poder volar.

Este cielo sin nubes,
Que quiere ser azul
Le pese a quien le pese,
Sin ningún tipo de
Remordimiento deja,
Solitaria tras él,
Desnuda y sola, herida
En su amor propio, rota,
La densa oscuridad
Que le ofreció su lecho.


Fugaz cede la magia,
Y los encantos múltiples
De la noche se esfuman
Ante el intenso brillo
Del nuevo amanecer que,
Diáfano y transparente,
Ilumina las formas
Perladas todavía.

Y las seca, una a una,
Intentando con ello
Apartar el recuerdo
De la tibia muchacha
Que, tatuada de estrellas,
Abandonó en las negras
Arenas de un desierto,
Donde la soledad
Eternamente espera.

Sintiéndose culpable,
Va transmutando el mundo
Su hegemónica luz.

 Se dispara una alarma.
Rugen motores; se oye
Un rodar de neumáticos
Sobre el húmedo asfalto.
Suenan rotundas
Las puertas de las casas
Al cerrarse de golpe
Y enrollables persianas
Ruidosas al alzarse.

Un ejército emerge:
Son ciudadanos serios,
Sin uniformes, ni armas,
Prestos a la diaria
Batalla por la  vida.
En la mirada llevan
Confusos sueños viejos,
Tristezas, paz, anhelos,
Amores, desamores,
Angustias, desconsuelos…

Con la sombra de un beso
Fugaz en la mejilla,
Parten hacia el trabajo.
 

Miguel Ángel G. Yanes
 
*

 07-06-2016

APENAS
 

Mundos minúsculos 
Girando sin cesar, 
Mientras la tierna mano 
De un niño-dios intenta 
Atraparlos sin éxito: 
Motas de polvo apenas 
Sobre un rayo de luz. 

Miguel Ángel G. Yanes

*

07-05-2016 


LA CABELLERA DE LA ESPUMA



(A Cándida Mtnez. Pecci, in memoriam) 

Con frenesí agitada, 
La cabellera de la espuma siembra 
De sal la luz azul. 

El aire es un efímero
Universo de esferas diminutas 
Donde se rinde el mar. 

Los pájaros no pueden volar 
Entre una infinitud salobre de barrotes 
En esta cárcel de agua. 

Se antoja bruma el sueño 
Que humedeciendo el valle trepa 
Por sus glaucas caderas. 

No en vano, es la isla mujer.

 Miguel Ángel G. Yanes

*

07-04-2016

PIRÁMIDES DE LUZ


(A Leopoldo Cabrera Gil, “Paco”) 

Dirigidas al cielo sus bocas circulares,
en la soledad extensa de los llanos,
piedras enhiestas gritan.

Un haz de sol golpea el borde de sus labios,
dividiéndose en una multitud
de estrechísimos rayos divergentes
que a la vista modelan tenues formas,
en cuyo seno ocultan sus misterios
poderosos arcanos.

Pirámides de luz, leves presencias
que en su fugaz destello representan
las montañas sagradas a que aspiran
los invisibles seres que nuestros cuerpos pueblan.

Miguel Ángel G. Yanes
 
*

07-03-2016

EL PINZÓN AZUL


El pinzón azul del Teide viene,
Dando tímidos saltos a mi vera,
A la última umbría en que los pinos
Pierden nombre de bosque y se transforman
En el blanco fulgor de la retama.

Busca cobijo, leve amparo del sol
Que, ardiente luce bajo el páramo helado:
Mágico fuego de cristal que parece
Devorar este mundo de soledad y silencio.

Absorto en su labor de rebuscar
Entre las agujas de los pinos algo
Con que nutrir a su progenie, escarba,
Picotea con ansias la hojarasca
Y con un giro brusco de la cabeza forma
Un remolino de aguzadas acículas.

Es el chasquido seco de mi cámara
El que lo espanta; y alza fugaz vuelo
Sobre el albo desierto que desciende
Por las nevadas faldas del volcán.

Hipnotizado quedo, absorto, henchido
Por el relámpago azul que surca el cielo
Y el solitario trino en el que estalla.

Miguel Ángel G. Yanes
 
*

07-02-2016

INFANTIL GUERRILLA CALLEJERA

 

Marcha, la ingenua tropa, a la guerrilla, 
A conquistar baldíos territorios 
En la estúpida guerra de la calle. 
Van sin armas al uso: sin espadas, 
Arcos, ballestas, lanzas… solo piedras 
Que en los bolsillos y en ambas manos portan, 
Porque a pedrada limpia es la batalla 
Que dilucidará quiénes son “dueños” 
De algún terreno para jugar al fútbol, 
Unos arbustos que servirán de selva 
O una caseta de cartones viejos, 
Donde, generales de calzón corto,tomen 
Necesarias medidas y dispongan 
Concienzudamente su estrategia.

De niños no veíamos la sinrazón 
De aquel enfrentamiento (de mayores tampoco) 
En un absurdo empeño de tomar 
El control de las cosas, imitando 
A aguerridos soldados que morían, 
Sin orden (absurda incongruencia) 
Ni concierto, defendiendo intereses 
Ajenos y lejanos, convencidos 
Por arengas patrióticas y hueras 
Palabras de políticos “honrados”, 
De que tanto dolor, tanta tristeza, 
Toneladas de angustia, sangre y muerte, 
En realidad servían para algo.

La guerrilla urbana de los niños 
Solía concluir sin condiciones 
Cuando una piedra helada aterrizaba 
En alguna cabeza y un piquete 
Advertía con sangre la inminencia 
Del final del combate: un armisticio 
Que, sin vencedores ni vencidos, 
Se sellaba en el rojo desenfreno 
De un pañuelo de tela que, empapando 
Su blancura en la brecha, provocaba 
Infantil estupor en las miradas.

Miguel Ángel G. Yanes
 
 *

 07-01-2016

ELLA


Dios es una mujer:

Tiene la piel azul,
El cabello naranja
Y grandes ojos verdes.

Ella es la suma
De todo cuanto existe.

El universo entero
En su matriz se expande.

Miguel Ángel G. Yanes

*

07-12-2015

HELADO TACTO

  
Si estás sola y de pronto
Sientes un tacto helado
Rozarte la mejilla,
No temas, seré yo,
Incorpóreo y etéreo
Quien te besa.

Miguel Ángel G. Yanes


*

 07-11-2015

CAMPANA ROTA

 
 (A Arturo Maccanti)

Dicen que el estropicio
Que se escuchó
De madrugada fue
Cosa del Diablo, quién,
Con nocturnidad y alevosía,
De fugaz dentellada
Arrancó aquel pedazo
A la nueva campana
De la iglesia del pueblo.

Piensan que lo hizo así
Para que los fieles
No acudieran a misa.

Yo sé que no fue Él
Porque esa noche estuvo
Conmigo y otros diablos
Jugando al escondite
Con Dios y sus arcángeles.

Y es que le importa un pito
Que las gentes acudan
A rendir pleitesía
A su hermano gemelo.

Sabe que aunque a diario
Se decidan a hacerlo,
Para nada asegura
Que no pueda quedarse
Con sus débiles almas.

La campana fue rota
Por la ira profunda
De un ciudadano ateo. 

Y no fue por llevarle
La contraria, ni al clero,
Ni a las tristes beatas,
Ni a la feligresía,
Sino porque el tañido,
Que estremecía incluso
La espadaña era
un diario tormento
Para su atribulada
Conciencia y sus oídos.
 
Miguel Ángel G. Yanes

 *

 07-10-2015
 
LA OSCURIDAD


La luz estaba herida en el costado;
Se derramaba el mundo por su grieta,
Y las formas cedían al empuje
De aquella sangre oscura que avanzaba
Irremisiblemente hacia la nada.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-09-2015

LAS NARANJAS Y EL MAR

 
 Dice la copla popular:
“Naranjas es cosa que la mar no tiene”,
Pero yo la he visto jugando con naranjas.

Las traía flotando desde dios sabe dónde
Para empujarlas luego
Por la negra pendiente de la playa
Hasta donde alcanzaban
Los rumorosos dedos de su espuma.

Al deshacerse estos,
La propia inercia de los redondos frutos
Las hacía rodar de nuevo hacia su seno.
Toda la tarde así,
Bajo el mágico son de la resaca.

Al alcanzar la mar su punto álgido,
Una pequeña bandada de palomas,
Expertas en mareas,
Vinieron a picotear los restos de la orilla.

En su labor alimenticia estaban
Cuando llegó corriendo sobre la arena un niño
Con los brazos abiertos
Y una infantil misión: la de espantarlas.

Al unísono alzaron fugaz vuelo,
Y fue entonces que el infante
Desnudo y sonriente, reparó en las naranjas
Que subían y bajaban
Con un ritmo constante por la arena.

Atento a la cadencia,
Esperó que alcanzaran el súmmum de su ascenso
 Y logró atrapar una.

Alborozado, con ella entre las manos,
Echó a correr hacia su madre, gritando:
¡Mamá… mamá!... ¡Mira!:

¡¡¡Una naranja de mar!!!

Miguel Ángel G. Yanes

 * 

7-08-2015

EN CLAVE DE GRANADA
 

(A Blanca Fdez. Palacio)

A diferente altura, cinco estacas
  verticalmente hendidas en la oscura,
blanda y húmeda tierra dan apoyo,
sirviendo de atalaya, a cinco tórtolas
que, silenciosas y estáticas, te observan,
con un fondo de alambres y frutales 
dando pie a un curioso pentagrama…
 
en clave de granada.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-03-2015

EL GRITO


Soñar que estoy soñando;
Que el viento es un ejército
De ululantes demonios que se filtran
Por todas las rendijas de la casa.

Que sus aullidos cortan
Como afiladas cuchillas las cortinas.
Buscan cobijo acaso del cruel frío:
Algo de tela con la que envolver
Sus invisible formas.

Rompen la oscuridad
No sé de que manera, mis ojos
Y al intentar buscar la referencia,
A este lado de la realidad,
Del cuerpo de mujer junto al que duermo,
Y  me abrazo, aturdido, a su cintura…

¡Por los clavos de Cristo!
Si ella duerme, plácida y relajada
En la otra orilla ¿De quién es este cuerpo
Que yace entre los dos, al que me aferro?
¿De quién esta cintura?
¿De quién la piel helada que ahora toco?

¿De quién este cadáver que ha venido
A arroparse al calor de mi costado?

Un grito de terror
Busca salir desde mi corazón,
Pero ese miedo atávico que atenaza
Nuestras cuerdas vocales en el sueño,
Ese nudo maldito en la garganta,
No lo deja crecer.

Aún así brota, gélida y transparente,
De mis labios al borde de la cama,
La cascada de hielo en que resbalo,
Tembloroso, aterido,
Hacia un duro oleaje de baldosas.

Un esfuerzo supremo y allá voy…
Choco contra la superficie
Granítica del mar
Y despierto confuso, a tiempo aún
De escuchar el eco
Espeluznante de mi voz que grita:
¡¡¡Socorro!!!

 Miguel Ángel G. Yanes

*

7-02-2015

UNA FRÍA CALIMA


Una calima fría vino de África; trajo
Un atípico invierno de las cumbres del Atlas
Que nevó las faldas del gigante-montaña
Y dejó un cielo inquieto de mistéricas nubes
Con las que el viento crea espirales elásticas.

Miguel Ángel G. Yanes
  
*

7-01-2015

CORTA 


(A Laura, mi hija)

La vida es corta... demasiado corta.

No la desperdicies
Intentando amar a quien no te ama.

Abre las ventanas de tu corazón,
Despliega las alas y aléjate.

Busca la luz. No temas.

El miedo al vuelo es algo que agarrota
El alma y los sentidos,

Pero cuando abandones 
La sombra de tu estancia,

Verás que hay otros seres que, como tú,
Mariposas de cristal, sólo aspiran,

 Girando en la magia de este tourbillón,
A amar y ser amados

Antes de que la fugacidad de la vida,
De un repentino soplo les arranque

Sus transparente y frágiles escamas. 

Miguel Ángel G. Yanes

* 

7-12-2014

YANTAR DE POBRES

 

María, madre, mujer de campo, tinerfeña,
Tendió el mantel de lino sobre la mesa y puso
Con cuidado exquisito su vajilla de barro,
Las servilletas de tela, los cubiertos...

Trajo el único pan amasado en la artesa
Por las manos antiguas de la abuela
Y horneado con leña de sarmientos
Secos y retorcidos de la poda otoñal.

Una jarra de vino con el borde
Desportillado, roto, como un labio
Sangrante que goteara, sobre un campo
De batalla de dureza granítica.

Y un lebrillo donde el gofio, escaldado
Con el hirviente líquido, humeaba
Con un adorno de cascos de cebolla
Y un chorreón de mojo de cilantro.

Luego vino el enorme caldero de aluminio
Con su caldo, sus papas, sus verduras…
Carne no había ¡claro! Y es que a los pobres
Su agujereado bolsillo no les daba.

Así y todo, como una piña unidos,
El hambre pasaba a duras penas
Entre aquella alegría de vivir
Que nunca supimos de donde procedía.

Al parecer había algo que celebrar, 
pero no teníamos muy claro
de que repuñetas se trataba.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-11-2014

DEJARLO TODO

 
Todo cuanto nace
Tiene la necesidad
Inexcusable y firme
De morir.

Desde la efímera
Hasta la estrella
De mayor magnitud
Del universo.

¡Todo!… y al decirlo
Englobo aquí a tu dios
Que también necesita
Descansar

De mí, de ti y de aquello
Que ni siquiera entiende,
Porque no ha sabido jamás
Para qué sirve*.

Demasiada gente
Postrada de rodillas,
Pueblos muertos de hambre,
De ignorancia...

Desengañado y triste
Reconoce que nada
Le ha salido de acuerdo
Con sus planes.

Es por ello que piensa
Dejarlo todo e irse,
Fugazmente, así,
Sin alharacas.

Volver al vientre
Materno en que otros dioses
(A su pesar) Un día
Lo engendraron.

Y olvidarse por fin
De aquel ser necio,
De aquella criatura
 Sin sentido

Que con sus propias manos 
Modeló ante sus ángeles,
Contraviniendo el orden
De los hados.

(*) Él,
Harto ya de si mismo.

Miguel Ángel G. Yanes


7-10-2014

MATER SECUNDA

 

(A Rosario Matos Abreu, “Charo”)

Perdí a mi madre
Cuando apenas contaba trece años.
Un desconsuelo
Del que jamás se recupera el alma
De un hombre aún en ciernes.

Pero la vida quiso resarcirme
Y, contra todo pronóstico,
Una madre política
Vino a ocupar el puesto
Que había quedado vacante
Junto a mi corazón.

“Charo” me quiso,
- Puedo dar fe de ello-
No sólo como puede
Quererse a un simple yerno,
Al compañero, circunstancial o no,
De una de sus hijas.
Sentí su afecto pleno,
Su ternura de madre
Como si me hubiera gestado
También en sus entrañas.

Y por ello la quise… y la cuidé
Con devoción y afecto
En sus últimos meses,
Como habría cuidado
A aquella otra que el destino
Me robó antes de tiempo.

Contra todo pronóstico también,
Resultó una lectora
Tenaz y empedernida.
Devoró con fruición,
Como si degustara
Dulce y madura fruta,
La ingente cantidad de libros
Que en nuestra casa habitan.

Cuando, ya enferma, le leía mis entradas
Antimonárquicas y anticlericales,
A ese amontonamiento de palabras
Cortantes, rotas, desportilladas,
En que se ha convertido el blog
Que con ahínco laboro diariamente,
Solía decirme con un algo
De orgullo y de temor:

- Algún día te veré en las mazmorras.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-9-2014

LA SOMBRA


Con el primer rayo de la mañana,
Sobre la tersa frialdad de una playa
Virgen, negra y estrecha que parece
Empeñada en trepar por la montaña,
Mi sombra, sigilosa, nace y tiende
Su solitaria angustia a mis espaldas.

La arena es un espejo de brillante azabache
Que no cede al empuje de su tacto;
No cruje su cristal, y sin embargo
Advertidos de otra realidad
Por el agudo sentido de su olfato,
En la grieta difusa de los mundos
Los guardianes de Tíndalos se internan.

Con su furia de seres infernales;
A dentellada limpia muerden granos
De humedecida arena y sal marina,
Pero la luz les hiere los costados
Y terminan huyendo ante su empuje...

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-8-2014

DESDE EL AMOR-SILENCIO DEL PRINCIPIO
HASTA EL SILENCIO-AMOR: ETERNIDAD


Un verso, 
Cómo un beso sin labios te dedico. 

Miguel Ángel G. Yanes


7-7-2014

 UN LOBO SOLITARIO

 
Me gusta ser
Un lobo solitario.

Aullarle a la luna
Y a la aurora boreal
(Si se tercia)
Desde la atalaya
De mi corazón.

Me gusta ser
Un lobo solitario.

Aunque a veces acuda,
Oculto entre los árboles,
A contemplar oscuros,
Sagrados aquelarres.

Me gusta ser
Un lobo solitario.

¿Pero cómo es posible
Que con su agudo olfato
No detectaran nunca
Mi cercana presencia?

Me gusta ser
Un lobo solitario.

Aunque tal vez no sea
Un verdadero lobo,
Sino un fantasma errante:
Una sombra
Que deambula perdida
Entre dos mundos.

Tal vez, por eso mismo
La manada
No logra olfatearme.

De todas formas…
Ser la sombra de un lobo
Me sigue pareciendo
También
Un sueño mágico.

(Pueden sustituir, si quieren,
lobo por bobo; el resultado
seguirá siendo el mismo)

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-6-2014

 A GALOPE TENDIDO



Rompió la tarde el ruido
sonoro de los cascos.
 A su paso crujían
las antiguas maderas
del puente. Tu figura
centáurica cruzaba
a galope tendido
sobre un temblor azul.

Las márgenes del río,
de abedules fecundas,
como fronteras frágiles
cedieron al empuje
de tu carrera. El verde
de luminosos prados
quedaba a tus espaldas
para volverse gris
sin tu presencia.

Tiraste de mí al paso
de tu corcel bravío;
su castaño pelaje,
sudoroso y brillante,
dejó un olor a almizcle
sobre mi piel,
y cabalgué a la grupa
de un sueño que el olvido
no ha querido tocar.

Miguel Ángel G. Yanes

*

 7-5-2014

 UN TOQUE TIERNO


(A la mujer de las uñas azules)

Desconozco los lazos
Que la unían con él,
Pero si en aquel momento
De dolor, la tristeza
Hubiera tenido
El valor de escoger
Un rostro entre el gentío,
Habría elegido el suyo
Sin dudarlo un instante.

Se hallaba algo alejada
De mí. Sola y herida,
Delgada, rubia, amarga...

Un estampado floral
Se entretenía en trepar
Desde sus pies,
Ocultos a mis ojos
Por un rayo de sol,
Hasta la brevedad
De su cintura, donde
Un golpe fucsia alzaba
Sus asillas buscando,
 Como brazos en alto,
La rendición, la paz,
El fin de la agonía,
Tras la blanca bandera
Que agitaba su pecho
Con tembloroso llanto.

Fue al ponerme a su altura
Que observé que unas finas,
Delicadas sandalias,
Desnudaban sus pies,
Dándole un toque tierno,
Un golpe azul celeste
De luminosas uñas,
A aquella comitiva,
A aquel cortejo fúnebre
Bajando rumbo al mar.
 Llevando un cuerpo frío
(todos pudieron verlo)
Y un alma incandescente
(casi nadie la vio)
flotando sobre ellos.

Hasta que una bandada
De palomas silvestres
Creando un remolino,
Consiguieron que el alma,
Libre al fin, se elevara,
Regresando de nuevo
A sus orígenes:
¡Al divino latido
De lo eterno!

La dolida mujer
De uñas azules, algo
Sospechó de repente,
Y un destello fugaz
De miedo atravesó
La ansiedad de su rostro.

Yo no sé si sabrá
Que nada… nada muere,
Tan sólo evoluciona.

Y aunque aquellos que amamos
Hayan partido ya
Con rumbo a las estrellas,
Si mantenemos firme
Su recuerdo, jamás
Dejarán de habitarnos
Y entregarnos su luz,
Porque esas galaxias
Que la oscuridad
Del universo alumbran,
Son almas que girando
Sin cesar iluminan
También el hondo cosmos
Que en nuestros pechos late.

Miguel Ángel G. Yanes

*

 7-4-2014

SOBREVOLANDO UN MAR INTERMINABLE


(A Juan Fco. Medina Brito)

Trae, el viento, palomas en las manos,
Cansadas palomas que intentaron,
Desoyendo las leyes y la lógica,
Alcanzar la ilusión del horizonte:
Ese rayón añil de la distancia
Donde el cielo y la mar quizá se besen.

Pero en los extensos páramos acuáticos
No existen ramas, ni cables, ni farolas,
Ni ventanas, ni alfeizares, ni aleros,
En los que puedan tomar algún reposo;
Sólo la piel del agua en movimiento,
O la quietud rotunda de su calma.

Y se ha de ser gaviota, “estapagao”,
Pelícano, alcatraz, charrán, albatros...
Cualquier variedad de ave marina
De impermeable plumaje que permita
Amerizar sin riesgo en las salobres
Soledades azules; opción ésta
Que le ha sido vedada a las palomas.

No obstante, persiguiendo ese sueño,
Continuaron volando hacia el ocaso.
Pero el peso de la sal crujía
Sobre sus leves plumas, y un cansancio,
Terroríficamente insoportable,
Tomó forma en sus alas como un plomo
De fulgentes cristales intentando
Arrastrarlas al fondo de las aguas.

Así que él: ángel, demonio, viento...
Conmovido por su tenacidad,
Con un mimo infinito las recoge
Y en sus palmas aéreas las transporta
Más allá del embate de las olas
Y las rocas furtivas de la orilla,
A los granos de arroz de la esperanza
Que, en el pretil sin fin de la avenida,
Lento y borroso, un fiel anciano esparce.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-3-2014

DESPEDIDA

Y van... ¡45 años!


(A la muerte temprana de mi madre)

Para decirte adiós
inundaron mis lágrimas
tu cadáver
y un beso
en la amarilla frente
que dejaron
descubierta los pétalos,
ha querido alcanzarte
inútilmente.

Menos tú,
todo ha quedado aquí.

Tu cuerpo,
los pétalos,
mi beso,
jamás podrán llegar
a donde a ti
te ha empujado la brisa
del regreso.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-2-2014

LA VIDA NOS DESPOJA



Avanzando
Con inseguros pasos
Hacia la eternidad,
La vida se derrama
Como la tinta china
Y no nos mancha,
Tan sólo nos arruga
La piel y nos despoja
De conceptos efímeros,
Y de una cierta dosis
De luz y melanina.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-01-2014

EN UNA ALADA NUBE



(A Ernestina Alonso Glez., in memoriam)

Una nube de ruidosos murciélagos
Se enreda en mis cabellos, pero no es
Su aleteo, ni el fragor de sus gritos,
Ni sus finos colmillos… ¡son sus uñas!
Clavándose en mi cuero cabelludo,
Las que provocan el agudo dolor
Que me despierta.

Lo supe al encender la diminuta lámpara:
¡Te habías ido en mitad de la noche!,
Y sus criaturas, penetrando en mi sueño,
Tuvieron el detalle de avisarme.

Llegué a tiempo de verlas alejarse
Hacia un rincón del techo, transformadas
(Milagro de la luz) en una nube
Azul de mariposas.

Una espiral, un tourbillón celeste
De humanas almas agrupándose
Para volver a casa.

¡Eras una de ellas!

Miguel Ángel G. Yanes


*

7-12-2013

SOR

 
Otea la tarde
la monja, sin sol,
desde la atalaya
de su corazón.
Le tiembla en los labios,
pálido, el amor
que escondió a la sombra
de su vocación:

Renunciar a sí misma
y crujir de dolor
ofreciéndolo todo
al servicio del hombre
que sin tregua golpea
contra el pecho de Dios.

La llovizna suave
del atardecer
salpica sus ojos
cargados de miel,
y una gota de ámbar
rueda sin saber
en qué pliegue del alma
se podrá detener.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-11-2013

LA PALMA, DESDE TENERIFE

  
(A Maki) 

A la izquierda de esta tarde sin dueño, 
Lávica espuma con sangre de volcanes,
La isla de La Palma está prendida.

En lontananza flotan, tras las nubes,
Sus cumbres separadas por la grieta
Que corta en dos su corazón materno.

Sobre su húmeda piel, rotundos, mágicos,
Los sueños de sus gentes se forjaron.

Aunque a veces salobre sea la lágrima
Que el verde de su párpado oscurece
Con el pálpito gris de la añoranza,

Cuando lejanos a su vientre quedan
Para siempre los hijos y no puede
Con sus arbóreos brazos arroparlos,

Sólo tiene un recurso de isla-madre:
Un grito de luz que tal vez llegue
Con la rotundidad del desespero,

Más allá de la lógica del hombre,
Reflejando su amor en la ardentía.

Un rotundo destello que ilumine
Emoción y recuerdos diluidos
En la tibia mirada del ausente.

Y un silencio de paz difuminando
Ese tibio escozor que en las pestañas
Pugna por deshacer el horizonte.

Acaso hecha con plumas de nostalgia,
Una nube de grajas imposibles
Va ocultando la luz bajo sus alas;

Dan la vuelta a la mar sus patas rojas
Y renace el azogue del espejo.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-10-2013

EL PODER DE UNA MADRE

  

Mi madre era minúscula y delgada,
Pero con una fuerza cósmica en los brazos.

Capaz de alzar de golpe un huacal lleno
De hortaliza y verdura o mi cuerpo infantil
Sobrecargado en kilos por el peso
De una espina de rígida escayola.

El poder de una madre es infinito
Cuando ha de llevar el pan a casa.

O cuando ha de luchar ante un peligro
Que amenace la paz para sus hijos,
O romper con los dientes cien cadenas,
O elevar con sus manos mil rastrillos.

El poder de una madre es infinito
Si lo mueve el amor de las estrellas.

En un arranque de fuerza sobrehumana,
Con manos y riñones, vi a una madre
Liberando las piernas de su hijo
De una plancha de acero… y lo lograba.

El poder de una madre es infinito
Cuando fulge la luz desde su pecho.

Dos robusto obreros intentaron
Levantar con afán la gruesa plancha,
Y fue inútil tarea a cuatro brazos
Igualar el esfuerzo de una madre.


Miguel Ángel G. Yanes

 *

7-9-2013

EL INTENTO

 
Siempre soy yo el que yerra, 
El que mete la pata, el que se obceca, 
El que se repite, el que, por norma, 
Habla más de la cuenta; pero aún así hay 
Determinadas cosas que me callo. 

¿Quieren saber por qué? 
Porque en el fondo de mi corazón 
Vive un tonto de pueblo, y no espabila.

Que le vamos a hacer. 
Cuando uno intenta ser fiel a si mismo 
Suelen suceder este tipo de cosas.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-8-2013

POR LAS CUMBRES DE ANAGA

 
 (A Sonia Celaya)

Desde la orilla azul de San Andrés,
Que dejó de ser pueblo alguna tarde
De salobre tristeza, para asumir
Su nuevo rol de barrio marinero,

Serpenteando subimos la ladera
Del reseco barranco del Cercado,
En pos de las agudas cresterías
Con que se adorna la femenina Anaga.

Hacia sus verdes pechos, enredados
En aroma de brezos, avanzamos
Con lentitud al ritmo de la música,
Sincopando el de los corazones.

Cuando alcanzamos el labio de la bruma,
Y su húmedo beso nos borró, de golpe,
La cinta gris que la montaña ciñe,
En su encantado universo nos perdimos.

Con un escalofrío bajando por la espalda
Nos envolvió su tacto de cristal,
Y la punzada de una aguja invisible
Atravesó la piel de nuestras almas.

 Pero a punto de soplarnos, la diosa,
Al oído, el líquido secreto
De aquel bosque pretérito y perdido;
Verdiblanco, el único habitante

(Aparte de nosotros dos y de Patricia)
Cruzó veloz, apenas perceptible,
Pero crujió a su paso la hojarasca
Y se rompió la magia con su ruido.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-7-2013

SAN FERMÍN 


(A “Paíto”, fallecido el 7-7-1985)

Lo supo. No sé cómo, pero lo supo.

Se empeñó en que habría de morir
Un siete de julio, exactamente
El día de San Fermín; y así lo hizo.

Él, que era la persona más anticlerical
Que he conocido, me aseguró que había
Un dios bueno y terrible al mismo tiempo,
Pero que no tenía nada que ver
Ni con la iglesia, ni con sus mandamases.

La verdad: no sé si fue por joder
Al clero, a los taurinos, o a ambos a la vez, 
que decidió morirse en esa fecha.

Aunque, ahora que lo pienso, tal vez fuera
Por joder sólo al cura, amigo y contrincante
De partidas de envite y de ajedrez,
Haciendo que todo el vecindario
Relacionara para siempre a aquel ateo
Pertinaz y anarquista, que jamás iba a misa,
con la sagrada fiesta de San Fermín,
Cambiando el negro por el blanco eternamente.

Miguel Ángel G. Yanes

 *

 7-6-2013

LA LIBERTAD SAGRADA 
 

(A Loly Armas Donate)

A veces sabe a miel,
A limón, a vinagre…
Otras veces a acíbar,
Porque aquel viejo dios
De los umbrales puso
Una esencia divina
En nuestras bocas:
La libertad sagrada,
Mujer, de equivocarnos.

Miguel Ángel G. Yanes

 *

7-5-2013

PÁGINAS


En un bosque
de páginas no escritas
mi alma y mi memoria
 andan perdidas.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-4-2013

CUANDO EL BARRANCO RUGE 



Como un eco,
Como un grito ancestral,
Como un lamento,
Ronca y rotunda suena
Su garganta de piedra
Cuando el agua,
Marrón y tumultuosa,
Lo convierte de pronto
En esa fiera
Salvaje e indomable
Que en nuestros ojos de niños
Se alimenta.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-3-2013

EL ELEGIDO (FRAGMENTO)


 (A Leopoldo María Panero)

El único que pudo salirse del infierno
monótono fue el loco, riendo sin cesar
detrás de la cancela. Ríe de la cordura
que gira en torno a un punto falaz y no transige
con el sueño sublime, con el sueño de un loco
que ha incendiado la noche, que ha rasgado las sombras
 y ha encontrado, tal vez, el profundo secreto,
la Verdad que los dioses escondieron un día
en un sitio perfecto: en el alma de un loco.
 
Celeste centinela; sus ojos lo delatan.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-2-2013

OTRA VEZ


Ahora que eres jefe,
Te vuelven, otra vez,
A brotar las espinas.

Te amarillean las hojas,
Y las flores, resecas,
Ya cristal o papel,
Se deshacen despacio
En tu cólera abrupta.

Aplaca tu voz
Y tus gestos de mando,
Ten mesura, recuerda
Que los familiares
No vienen a ser
Subordinados tuyos.

Y ándate con ojo…
No repitas, otra vez,
Errores del pasado.

Yo pensé que los palos
Que la vida nos da
Nos hacían aprender.
Pero se nos olvidan
Demasiado deprisa
Cuando, otra vez, se vuelve
A la inasible y frágil
Cresta de alguna ola.

De una ola que, al pronto,
Caerá por su peso,
Deshilachada en gotas
Por el aire y será
Un devenir de espuma
Efímero y fugaz
Sobre la playa, y luego
 Nada de nada…¡nada!:

Desaparecerá absorbida
Por los granos de arena.

Recuerda quienes fueron
Los que, en los malos tiempos,
Te echaron un capote.
No los dejes de lado.

Y recuerda también
A quienes no quisieron
Recibirte siquiera
Y vuelven, otra vez,
A cruzar por tu vida.

Valora a unos y otros
Y decide después.

¡Ah!... Y nunca te avergüences
De los tuyos.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-1-2013

EL ECO (FRAGMENTO)


Soy el eco
de la voz de un demonio,
preso y desesperado,
que se rebela y grita
en el umbral difuso
de esta prisión eterna.

Soy el eco
de una criatura 
primigenia que intenta
averiguar sin pausa
el cómo y el por qué
de esta cárcel sin rejas.

Soy el eco
de una garganta ajena:
de un ángel condenado
porque quiso saber
lo que su creador,
un viejo dios, sabía... 

Miguel Ángel G. Yanes


*

 7-12-2012

 MINÚSCULO

(A Antonio Abdo y Pilar Rey)

Un bosque diminuto
brotó sobre las rocas.

Húmedo y verde, el sueño
dormido entre sus grietas,
se elevó fugazmente
hacia la luz: un tacto
sobre la piel del aire.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-11-2012

LA TUMBA DE FRANZ KAFKA


Húmeda y gris, la niebla,
Con tristeza otoñal
Cubre los viejos álamos
Del camposanto y crece

A medida que menguan
Las hebras de la luz.

Un silencio de abrazos
Sobre el mármol, advierte
La inmensa soledad,
La angustia y el temor

Mordiendo con su borde
De afiladas esquinas.

Gotea en los rostros
Fríos de las estatuas,
Resbala por las fuentes,
Se adhiere a las columnas,
Toca la helada piel… y calla

Hasta el más intrépido
Gorrión del cementerio.

Desde la recóndita
Hondura de la tumba
Un sepulcral suspiro
Incontenible escapa;

A través de la tierra
Fría y mojada asciende.

Atemporal, helada,
La hiedra enana trepa
Por la desnuda lápida
Como si acaso huyese.

Palpitan en su urdimbre
Sueños, ansias, anhelos,

Reconvertidos
En minúsculas hojas:
Leves pentágonos
En los que transmutaron
Miedo, dolor, olvido,

Buscan tocar el blanco
Resplandor de la vida.

Transubstanciación final,
magia sagrada, alquimia,
desenlace del alma,
ritual acontecido
en un crisol oscuro:
 
El profundo atanor
De las raíces.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-10-2012

ELLOS


Busqué la paz de los cementerios,
pero el silencio de muertos,
la soledad sin tiempo del reposo
me crispó los nervios.

Pensé que escucharían
todos mis pensamientos.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-9-2012

AMAGO DE ELECTROCUCIÓN


No era la lámpara de Aladino, ¡no!
Era lámpara eléctrica de mesilla de noche
E iluminaba el cuarto de mi infancia,
Al que un ventanuco junto al techo apenas
Dejaba llegar la luz hasta la cama.

Era tarde de invierno, la recuerdo
Con esa oscuridad de nubarrones.

Amenazaba lluvia, tal vez hielo.
Hacía mucho que ya no granizaba.
Era una calma tensa, húmeda, quieta,
Densa y pesada, a punto casi
De desplomarse de golpe y aplastarnos.

Era ritual sagrado en mi familia
Dormir la larga siesta con pijama.

Después del cotidiano zafarrancho
De recoger la mesa y la cocina,
El silencio reinaba desde el patio
Al rincón más profundo de los cuartos,
Roto tan sólo por los pájaros
Y el apagado ronquido del abuelo.

Me obligaban a ello, pero nunca
Conseguía dormirme a media tarde.

Así que cuando todos parecían descansar,
Echaba mano, raudo, a mis tebeos
Y pasaba ese rato, convertido
En Jabato o en Trueno, siempre en lucha
Con malvados villanos y asesinos,
Protegiendo a los pobres y a los débiles
De dragones, de lobos y de amos.

Aunque esa tarde oscura lo impedía.
Por lo que decidí encender la vieja lámpara.

Pero se negó en redondo a iluminarme.
Agarré con la zurda su pie helado
De brillante metal, y con la diestra
Intenté hacer girar, haciendo fuerza,
Su cansada bombilla por si acaso
Estuviese la rosca un tanto floja.

Pero aquel intento de obligarla a lucir
A toda costa, no fue muy buena idea.

En el acto, con sus ciento diez voltios
Y no sé qué montón de amperios vino,
Con su furia maldita, la corriente,
A recorrerme con prepotencia el cuerpo:
Desde las uñas de mis pies helados
A las erizadas agujas del cabello.

Y atrapado quedé, como una mosca
Con las patas metidas en la miel.

Grité y grité, al sentir que no era dueño
De mover ambas manos a mi antojo,
Que una cuerda invisible las ataba
Y un extraño temblor me sacudía
Como una fiebre helada que quemara
Mi corazón, mis labios, mis sentidos.

La siesta familiar saltó en pedazos
Y acudieron de golpe a socorrerme.

La primera en llegar, como hacía siempre,
Fue mi abuela Melania. Vano intento:
Tirando de mis hombros con ahínco
quedó presa conmigo de aquel genio
Furioso e invisible de la lámpara.

El abuelo gritó. Su voz metálica
Sacudió las paredes de la casa.

Acto seguido cesó el temblor y pude
Librarme de una vez del maleficio,
Al igual que la abuela, en un instante
Que para mí fue mágico y acaso
Para el resto de la familia; todos
Sin excepción, lloraban y reían.

Me abrazaron, me besaron, me apretujaron…
Y en cuanto pude, huí de su vorágine.

Intenté borrar el susto de mi cara
En el chorro de agua del lavabo,
Pero apareció, de pronto, en el espejo
El rostro de otro niño, pálido,
Despeinado, de cárdenos labios
Y ojos desorbitados, al que no conocía.

Más asustado aún de lo que estaba,
Eché a correr como alma que se llevara el diablo.

Más tarde supe que no había sido el grito
Rotundo del abuelo, quién había puesto fin
A aquel suceso ya de por si dramático,
Sino el atento oído de Doña Aurelia,
Casera y vecina al mismo tiempo,
A la que Dios tenga para siempre en La Gloria
(si es que tales cosas aún existen)

 Y a la agilidad de su mente y su mano...
Retirando “los plomos” al instante.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-8-2012

EN EL TACTO DEL HIELO


Gélidas catedrales,
cristalinas agujas,
torres mágicas
pugnando por tocar
la luz de las estrellas,
buscando ese calor
que dé sentido al alma
dormida de las cosas,
sin saber que será
la misma luz que anhelan
quien ha de derretir
su arquitectura al alba.

Las frías nervaduras
que en el aire sostienen
cúpulas efímeras,
mágicos sueños de agua
que subsisten tan sólo
porque la noche quiere.

Arcos de hielo, tensos,
prestos a lanzar flechas
que en su trayecto formen
bóvedas transparentes
para que el viento habite.

Laboriosos vitrales,
sonoros órganos,
candelabros gigantes
con sus heladas llamas,
cánticos ancestrales,
y un fantasma terrible
que hace doblar con rabia
mil terribles campanas
que la luna estremecen.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-7-2012

LUJURIOSA LUNA


Un agujero en la mañana vuelca
Un haz de luz divina -el arrebato
Sublime de algún dios enternecido-
Sobre la oscuridad postiza, casi piel,
Con la que el mundo cubre sus tristezas.

Ese bello torrente de luminosidad
Inunda la mar, la tierra, el aire
Y escanciado con amoroso tacto
Por invisibles manos, ilumina
La nocturna lujuria de la luna.

Porque el dios es consciente de que ha visto
Cómo ese cuerpo de mujer vibraba
Bajo el nocturno embate de las olas,
Que en su continuo ir y venir le hacían
Fieramente el amor sobre la espuma.

Ella, consciente de que alguien turbó
Su intimidad sagrada, lo perdona
Con una sonrisa, desdeñosa acaso,
En el recuerdo fugaz de la lejana
Y amorosa caricia de la brisa.

Cede al amanecer -gris matutino aún-
Desnuda y plena, complacida, ahíta,
Arrebujándose ahora entre las sábanas
De revuelto algodón, oculta al cielo
Su helada soledad de primavera.

En un silencio de húmedos cristales,
Ingrávidos, opacos, desvaídos,
Tañe la aurora sus rosadas campanas,
Y los pájaros echan a volar, dejando
El calor de sus cuerpos en los nidos.

Mientras, con un suspiro de satisfacción
Y un gesto mohíno de cansancio,
Encandilada por la luz del sol,
Bostezando, la luna oculta el rostro
Y bajo un sueño azul desaparece.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-6-2012

AL DESNUDAR LA NOCHE



Desde el alto seno
de piedra en que dormita
el fuego lujurioso
de la tierra,
van las manos amantes
del alba resbalando
y desnudan la noche
con ansias y un rubor
en busca del profundo
secreto de sus muslos.

 Miguel Ángel G. Yanes

*

7-5-2012

MORIRÉ


Moriré como mueren los de mi estirpe,
Como un loco sediento de abrasadora arena
Gritando a voz en grito, buscando el eco
De los desheredados de la tierra,
Porque no me queda otro remedio
Que servir al demonio que me habita,
Ése que me persigue a cada sitio
Donde huyo y me escondo, y manifiesta
Su presencia en techos y mosaicos
Para que no me olvide de quién soy:

La garganta maldita de una voz
Llamando a rebelarse a los más pobres,
A los mansos, a los desposeídos;
Convocando a batalla contra el explotador,
Contra aquellos que roban el futuro
Con argucias y engaños, contra aquellos
Que el engranaje de la avaricia mueven
En esta absurda y miserable máquina
Devoradora de hombres y de sueños...

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-4-2012

HERIDOS Y CANSADOS


Como el ojo de un cíclope
Elevando de pronto
La pesadez del párpado,

Un solitario rayo de sol rompe
La cobertura gris de la mañana y tiñe
De blanca luz la tenue oscuridad

Que hasta ahora impedía
La visión de un nido
De alacranes furiosos

Que estuvieron a punto de pisar
Heridos y cansados del camino
Nocturno nuestros desnudos pies.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-3-2012

ROQUE NEGRO


En el húmedo pecho
Del Atlante,
De laurisilva y niebla
Entretejido,
Roque Negro palpita,
Deja un eco
Que la conciencia rasga
Y nos asoma
A un secreto ancestral:

No sólo piedra oscura,
-Corazón
Basáltico de Anaga-
También es faro
De luz secreta y guía.
Nos lo legaron
Así nuestros ancestros.

Y a su íntima llamada
Acudirán
Sin dilación sus hijos,
Convocados
Por el rotundo eco
De un latido
Que su pecho alimenta.

A su amparo vendrán
Uno tras otro,
Luminosos y ardientes,
Adornados
De cristales de sal
Y agua llovida
En las costas del tiempo
Y de los brezos:
Hombres, mujeres, niños...

Convencidos
Del verde palpitar
De las estrellas,
Sobre el cristal azul
De un cielo herido,
Y del blanco impoluto
De la espuma,
De la nieve y las nubes...
Y el dorado
Frenesí de los campos,

han forjado,
En la urdimbre del sueño,
Su bandera.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-2-2012

EL SILENCIO DEL TRUENO 


Ese espacio vacío,
Desde que la chispa
Cósmica ilumina
Nuestros ojos y el alma
Se estremece aturdida
Hasta que el ronco ruido
Nos sobresalta, guarda
Toda la soledad
Del universo.

Miguel Ángel G. Yanes

 *

7-1-2012

CUANDO EL HIELO SE FUNDA



  
 Bajo tu falda
nevada
se esconden tus caderas
ardientes de lujuria,
soñando con un baile
salvaje
que desgarre
la quieta indiferencia
de tus ropas de invierno.

Cuando libre
se ofrezca
tu cuerpo,
desnudo tras la danza,
a la suave caricia
del sol,
serás amada,
serás enaltecida,
como jamás
femenina montaña
lo soñara.

Miguel Ángel G. Yanes 

*

 7-12-2011

EN LA MAGIA DEL ARPA


(A José Luis León)

Casi liquida baja,
Filtrada por sombrillas
Verdes de flamboyanes,
La matutina luz
Que se detiene y queda,
Temblando de emoción,
Enredada en arpegios
Cristalinos que flotan
En la magia del arpa.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-11-2011

  MORNING HAS BROKEN 



(A Cat Stevens) 

Aún no toca un rayo de sol
la somnolienta ciudad que en nuestros ojos pesa.

El presuroso girar de los neumáticos
va secando su piel de humedecido asfalto
y una tenue neblina nos mantiene
tensos y estáticos, desamparados casi,
frente al círculo rojo del semáforo.

Todo el mundo está atento, preparado
para cruzar sin dilación la calle,
sin reparar siquiera en esa luna
pálida y ojerosa, que bosteza
harta de tanto y tanto trasnochar.

Nadie parece ver al lucero del alba,
partícipe también de su nocturnidad,
hacerle un guiño cómplice, una leve,
amorosa, señal de despedida;
ni al mirlo que, de teja en teja, salta
buscando algún insecto para desayunar.

Pero de repente… ¡Oh! ¡milagro!

Todos alzan la vista al escuchar
el profundo rugido de un avión
frío, liso, brillante, atronador,
que en dos mitades, con su humareda rasga
la frágil piel de un cielo apenas tibio.

Aún sigo sin saber si alguien ha reparado
en la negrura del mirlo, el brillo del lucero
o la opacidad blancuzca de la luna.
Mucho me temo que esto no ha sido así,
porque han tornado todos, al unísono,
a mirar el semáforo anhelantes
y, de reojo, las puntas de sus pies.

Miguel Ángel G. Yanes

*

 7-10-2011

INTENTANDO AGITAR CON LEVE TACTO


A José Antonio Labordeta (a un año de su muerte)

Desde que alzaste el vuelo y te alejaste
de esta prisión azul -cárcel esférica-
de esta terrible y luminosa ergástula,
cuyas rejas tan sólo abatir puede,
con fugaz, certero movimiento
de su afilada hoja de guadaña,
la poderosa mano de la parca,
ha transcurrido un año... un año ya 
de esa rauda, absurda, cruel falacia 
que los seres humanos, empeñados
en medirlo todo con desesperación,
dimos en llamar tiempo: ese periplo
en torno a un dios, ardiente y solitario, 
del que formas ya parte para siempre.
porque vienes a ser un rayo más, 
un haz de luz divina de esa corte
mágica e infinita que despierta
con la serenidad de la alborada,
intentando agitar con leve tacto
la adormecida conciencia de los hombres.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-9-2011

 UN EJÉRCITO DE MALVAS Y NARANJAS


(A los empleados de limpieza
de Santa Cruz de Tenerife)

Un ejército de malvas y naranjas,
Uniformes de campo, huestes múltiples
De hombres mayores, jóvenes, muchachas…
En formación avanzan por las calles
Dispuestos a la lucha, decididos
A presentar batalla a la mañana,
Con sus hojas de palma
Como lanzas guerreras adosadas
Al costado metálico del carro:
Flaco rocín gris de testa nula.

La caballería, en este caso atípico,
Aparte de transporte, no sirve para nada.
El peso aquí lo lleva todo la infantería
Que con buen ritmo marcha y se divide
En pequeñas facciones o unidades,
Siguiendo una previa estrategia,
Preparando el ataque a los residuos.

Luego alzarán con brío las espadas,
Las espadas obreras de sus manos
Y barrerán a golpes de mandoble
Todo aquello que afee, ensucie, manche…
Los paseos y aceras, las calzadas,
Plazas, rotondas, parques y jardines.

Y cuando el campo de batalla quede
Limpio y resplandeciente, lo contrario
De lo que suele ocurrir en las contiendas
Militares al uso, recogiendo sus armas,
Retornarán de nuevo a sus cuarteles,
Satisfechos no sé… pero cansados.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-8-2011

 CANTOR QUE AMA GUITARRAS


(A Rafael Amor)

Cruje tu canto
tallado en las entrañas
y brota tu voz
dispuesta siempre
al grito libertario.
Corren tus dedos
-funámbulos extraños-
sobre el acero
de cuerdas consentidas,
detrás de las furtivas
mariposas que escapan
del sagrado embeleso
de su alma.

Entre tus brazos vibra,
caricia tras caricia,
su textura sutil,
mansamente, feliz,
-guitarra enamorada-
y al calor de tu pecho
deja escapar mimosa
ese plañir
de amada satisfecha,
y en tierno abrazo
formáis un solo cuerpo
para engendrar un hijo
de amor, garganta y cuerda.

Miguel Ángel G. Yanes

*

07-07-2011

ESTA NARANJA AZUL

No me creo eso de que lo hayan matado por error.
"Ellos" saben muy bien cuál es la voz del pueblo e intentan silenciarla;
tarea inútil, porque es imposible erradicar su eco.


(A Facundo Cabral, en la memoria)

Aunque las aves de presa hayan logrado
picotearte con saña el pecho y darte
una muerte feroz, tan sólo muere
la carcasa que habitas: ese cuerpo
donde amaste y soñaste un simple instante,
un destello fugaz, apenas nada.

Pero ha bastado el brillo de tu estrella
erradicando las sombras a su paso,
liberando los sueños uno a uno,
dando a luz ese pulso que hará libre
algún día a los pueblos de la tierra.

Y esa conciencia, aturdida y febril,
despertará por fín y sentiremos,
más allá de culturas, religiones,
filosofías, leyendas, mitos, razas...
que una sola humanidad palpita
sobre la frágil piel de esta naranja
delicada y azul.

Ten por seguro, amigo, ¡no lo dudes!
que aunque, físicamente, ya no habites
tu conocida forma, y estos ojos
humanos no te alcancen,
estarás siempre aquí, junto a nosotros:

Vivirás en la voz, en la esperanza,
en las profundidades del alma de los pobres,
en el hondo latido de sus pechos,
en las grietas de sus dolientes manos,
en su risa, en su lecho, en su tristeza,
en la sed de sus ardientes labios,
en su amor, en sus ansias,
y en el golpe rotundo de sus párpados.

¿Lo oyes?

Es el eco de tu voz marcando,
metrónomo celeste, el ritmo mágico
del corazón del indio que acompasa,
a su vez, el corazón de fuego
de esta naranja azul.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-6-2011 

LA ENREDADERA DE LA LUZ 


(A Maki)
 
La enredadera de la luz se ciñe
A tu cuerpo desnudo.
No existe nada más.

Trepa desde tus pies,
Abraza tus tobillos,
Unce tus pantorrillas,
Gira en torno a la corva
De tus rodillas, toca
Con sinuoso anhelo
La suave piel del muslo,
Rodea la blanda curva
De tus nalgas y posa
Sus luminosos labios
En el lago sagrado de tu sexo.

Calma su sed y asciende
Por los valles angostos de las ingles,
Sube al monte de Venus
Con decisión y deja,
Sobre el rizado bosque de tu pubis,
Las lumínicas huellas
De su insistente luz.

Dirige sus pasos cumbre arriba,
Hasta alcanzar las crestas
Que tus caderas trocan
En femeninas formas.
Allí oscila un instante
Resbalando después al terso valle
De tu ingrávido vientre.

Descansa en él e intenta acto seguido
Alumbrar de algún modo,
Girando sin cesar en torno suyo,
La oscuridad que oculta
El profundo secreto del ombligo:
Humano ónfalos
Donde la vida, atada un solo instante,
Se suelta sin remedio…
Y vuelve a huir.

Con la tenacidad
De las enredaderas,
Lenta y exasperante,
Cubre al unísono
Brazos y tronco… aspira,
Tras un esfuerzo ímprobo,
A coronar la cota
Melliza de tus pechos.
Resplandecen al tacto ambas colinas
De puntiagudos senos.
Y en la firme atalaya de los pezones queda
Suspendida en un lapsus,
Su luminosidad.

Pero no fina aquí
Su largo recorrido.
Rueda por las tibias
Laderas rumbo al cuello.
Lo envuelve con la larga
Bufanda de su luz.
Y quedan tus hombros
Cubiertos por sus flecos.

Trepa por la barbilla
Hasta la roja fuente de tu boca.
Abre tus labios con desesperación.
Como si de un náufrago marino se tratase,
Se hunde en ellos y bebe
Hasta saciar de nuevo su cristalina sed.

Reconfortada inicia
El ascenso final sobre tu rostro.
Ilumina la piel de tus mejillas.
Salta de tus pómulos de pronto a tu nariz
Y observa, con curioso interés:
El cabello extendido en la almohada,
Tu inmaculada frente,
La curvatura leve de tus cejas,
Tus abanicos de alargadas pestañas,
El lóbulo desnudo de tu oreja.
Pero sobre todo le llaman la atención
Tus párpados caídos.

Duda un instante, pero…
En un arranque de determinación
¡Se atreve a levantarlos!

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-5-2011

AGUACERO


Tras la cortina fría
de la lluvia se mienten
mar y cielo, fundidos
en un gris incesante.

Raya la aurora el lienzo
con un trazo continuo.

La boca de la gárgola
deja escapar un hilo
de curva transparente,
a intervalos cortado
por el beso del viento.

Una verde
luminiscencia puebla
el fondo del barranco;
ruge invisible el agua
bajo el frondoso manto.

En un charco no espejo,
infinitas y efímeras
las cúpulas se abisman.

Arrecia el aguacero
sobre los rostros fríos
que, estáticos, aguardan
el paso de los muertos.

Débilmente la niebla
se posa tras sus ojos.

Miguel Ángel G. Yanes
*

7-4-2011

COMO COCODRILOS A LA ORILLA DE UN RÍO 


Sobre el césped recortado y brillante,
Hay un par de bardinos enormes
Cómo cocodrilos a la orilla de un río.
Sus hocicos husmean la corriente
Por si llega algún coche de pronto
Que perturbe su hastío.

Se parecen también a toneles
Que rellenos de vino estuvieran
Esperando un transporte fluvial.
Atigradas sus duelas se estiran
Permitiendo que los aros palpiten
En sus cuellos redondos.

Se me antoja de repente que fueran
animales dormitando en las costas
verde y grises de Irlanda.
Tal vez osos o leones marinos,
Porque advierto cómo espantan las moscas
Sus pequeñas orejas.

De pronto, un follón de ladridos
que me aturde, me saca
De mi ensimismamiento.
Lo que acaso podrían haber sido
También dos troncos secos
Han vuelto por sus fueros.

Si no es por la verja que nos separa,
Contra la que golpean con denuedo,
Hoy hubiera acabado como festín de perros.

Miguel Ángel G. Yanes

*

7-3-2011

MADRE
 
  
 (A ella)

Madre terrena que diste al ser,
plena de amor, la propia vida
-mujer mortal, diosa caída-
pero era de temer que como tal
tarde o temprano serías ida.

Miguel Ángel G. Yanes

(Escrito en marzo de 1969)
*

7-2-2011

UN REGUERO DE LUZ


(A John Oregón)

Desde la línea añil de nuestro mar,
cuyo beso de espuma estalla y queda
prendido en las aristas lávicas de las Islas,
al murmullo distante de tus pasos
sobre la piel de América, se extiende
un reguero de luz que recompone
los antiguos senderos perseguidos.

Miguel Ángel G. Yanes



EL CERNÍCALO Y YO

7-1-2011


Mi alma y el cernícalo
son figuras simétricas.

Cuando se superpongan...
¡todo habrá terminado!

Será mi fin del mundo.

Miguel Ángel G. Yanes

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