COSAS DE AQUÍ


...de la isla picuda.

Artículos publicados en la prensa local
(2006 a 2010)


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25/03/06

MALOS MODOS POLICIALES

El miércoles pasado, a eso de las 7:30 de la tarde, observé cómo un policía local de Santa Cruz de Tenerife increpaba a una señora que trataba de disculparse por haber dejado el coche, con una persona en su interior, subido sobre la acera en la Rambla General Franco, justo a la altura de la clínica Hospitén Rambla (supongo que para hacer alguna gestión en la misma).


No estoy hablando de abuso de autoridad ni de violencia física, simplemente de malos modos: de falta de tacto y de caballerosidad. No hubo empujones, ni porrazos, ni disparos al aire, pero sí falta de respeto hacia una ciudadana que, aparte de ser debidamente sancionada, se sintió ofendida, como me hubiera sentido yo mismo, por el trato recibido.

Que conste que conozco a bastantes miembros de este Cuerpo que son correctos y educados, pero hay alguno al que no estaría de más matricularlo en un cursillo de "buenas maneras" o regalarle aquel famoso librito de urbanidad que algunos no llegaron a conocer.


El ayuntamiento debería pulir estas aristas, que en nada benefician la imagen de uno de los cuerpos de Policía Local más completos del país.

Miguel Ángel G. Yanes


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12/12/06

EL OSCURO PROBLEMA DEL CAFÉ

No es la primera vez que me ocurre, pero sí es la primera vez que, públicamente, lo denuncio.

Hay restaurantes en los que, en virtud de no sé que medida empresarial, los domingos y festivos se niegan a servir café. No voy a dar el nombre, pero diré que me ocurrió en un conocido restaurante de San Andrés (“ellos” saben en cuál)


He llegado a preguntar el por qué de esta restricción no sólo a los camareros, sino al dueño del negocio en cuestión, y la respuesta ha sido unánime: “es que estos días hay mucha clientela y la gente tarda demasiado en tomarse el café”

No me creo, ni poco ni mucho, lo de que se tarde demasiado en tomar el café. De hecho, la inmensa mayoría, cuando observamos que hay otras personas pendientes de mesa, abreviamos lo necesario a fin de cederles el sitio. ¿O no es así?

No digo que no haya quienes remoloneen y prolonguen la sobremesa más de la cuenta, y que conste que están en su derecho de tardar lo que les apetezca (lo están pagando ¿o no?), a no ser que se ponga de moda, claro está, el estilo militar o carcelario y tengamos que comer todos a toque de pito.


¿Creen Vds. que es lógico tener una cafetera en perfectas condiciones de funcionamiento y negarle ese servicio a los clientes? Pues que la quiten y se ahorren unos buenos impuestos o se dejen de trapisondas y cumplan con su obligación: servir lo que la clientela les demanda.

- Puede Vd. tomarlo en otro lugar. Me ha dicho más de uno.

¿Pero qué necesidad tengo de ir a otro sitio, ya sea andando, en coche o en bicicleta? si lo que me apetece es tomarlo aquí donde he comido; pagar y regresar a casa o a donde sea que luego se me antoje.

Y es que a mí, personalmente, no me apetece un trozo de tarta ni un helado después de comer; lo que me en realidad me apetece es una taza de café.


¿Estoy desbarrando o exigiendo un derecho que, como consumidor, me corresponde?

Miguel Ángel G. Yanes


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04/02/07

EL TRANVÍA NIVELA ACERAS Y ASFALTO

Las calles situadas en pendiente en esta ciudad nuestra (creo que alguna hay) por las que transitará el magnífico, honorífico, beatífico tranvía, están de enhorabuena. Gracias a las obras del susodicho invento, han desaparecido los pretiles en algunos tramos, por lo que, merced a un justo principio de igualdad, han alcanzando el asfalto y la acera un mismo nivel; por lo que, cuando llueva abundantemente, el agua, en lugar de discurrir junto al pretil, formando arroyos a veces insalvables para los zapatos, lo hará sobre la acera, ahogando irremisiblemente a nuestros pobres pies. También comercios y viviendas particulares que carezcan de un mínimo escalón correrán el peligro de inundarse, porque el curso de agua buscará, como es lógico, el amparo de las fachadas en su presuroso discurrir.



Y no sólo eso: el que la acera esté al mismo nivel de la carretera, sin ningún tipo de división, es un peligro evidente, pues se corre el riesgo de sufrir un golpe fortuito por parte de cualquier vehículo, a poco que los conductores o los propios peatones se despisten.

Miguel Ángel G. Yanes


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26/12/07

LA SEÑAL INTINERANTE

Llevo año y medio viviendo en el Puerto de la Cruz y desde un principio me chocó bastante la existencia, en la acera del Jardín Botánico, justo en la confluencia de las calles Retama y Robles, de una valla con una indicación de tráfico amarrada con unos alambres que reza: Santa Cruz-La Laguna-La Orotava, Ctra. TF-131.



Pues bien, alguna que otra vez la han tirado al jardín que se encuentra tras ella, otras, simplemente, la han derribado en la misma acera, dejando, en ambos casos, el cruce sin la correspondiente señalización. Pero, hace unos días, alguien "más gracioso" la colocó en mitad de la calzada, como si la calle Retama estuviera cortada al tráfico, obligando a los conductores que desconocieran la broma a descender por la calle Robles hacia la parte baja de La Paz, acabando en un callejón sin salida, ya que el acceso desde esa zona a la mencionada carretera nunca se ha habilitado, por lo que no había otro remedio que retroceder hasta la carretera general para poder abandonar la ciudad.

Y yo me pregunto: ¿en año y medio, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz no ha tenido tiempo ni medios para colocar una simple señalización vertical que acabara con estas molestias?

Entiendo que no haya presupuesto para asfaltar la calle Robles que… ¡señores! cuando se discurre por ella, parece que uno tuviera el mal de San Vito, o para repavimentar la acera del Jardín Botánico que, con el paso de los años, se ha ido hundiendo, fracturándose las losetas y provocando un peligro latente, sobre todo para los frágiles tobillos de la gente mayor; y si llueve, aún peor, porque se forman enormes charcos que hay que ir sorteando a la pata coja, pero lo de la señal itinerante… ¡clama al cielo!

Aunque... las hay peores ¡eh!


Miguel Ángel G. Yanes


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23/02/08

AVENIDA DE LA TRINIDAD


En aras de la modernidad, la comodidad, la puntualidad y un largo etcétera de ventajas que nos ha proporcionado el nuevo tranvía, y que no dejo de reconocer, hay determinadas cosas que hemos perdido y que, personalmente, echo de menos. Sin ir más lejos (ahora mismo imposible hacerlo por ser final de trayecto), al apearme en el andén de la avenida de La Trinidad, observo que la imagen estética que presenta la misma, deja mucho que desear con relación a tiempos pasados. Entre la construcción del aparcamiento subterráneo en sus entrañas y la instalación de las vías en superficie, ha desaparecido todo un símbolo de esta arteria lagunera: el jardín central que, engalanado de esbeltos pinos de oro y una corte multicolor de hortensias (léase "flor de mundo"), ofrecía una llamativa imagen que se grabó en mis ojos en la infancia, tal vez por el fuerte contraste con el oscuro cielo del invierno.


Entiendo la imposibilidad de recuperarlo; me refiero al jardín ¡claro!, el cielo afortunadamente aún no podemos modificarlo a nuestra conveniencia o antojo, aunque todo se andará, pero lo que no entiendo es por qué en los nuevos parterres laterales que se han habilitado han plantado creo que… camelias, en vez de las hermosas hortensias que fueron siempre su seña de identidad.


No obstante, deseo felicitar a los jardineros del Ayuntamiento lagunero por la logradísima explosión de color que ofrecen los pensamientos en la confluencia de la avenida de La Trinidad con la calle Herradores: ¡Todo un deleite para los sentidos!

Miguel Ángel G. Yanes


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10/03/08

PLAZA... FUENTE... "JACUZZI"
 

En un principio fue plaza, más tarde fuente y ahora… "jacuzzi" ¿Saben de qué lugar les hablo? Supongo que sí. Pues bien, quiero referirme a esa intersección en concreto, al cruce de las Ramblas de Santa Cruz con la avenida de General Mola y la Rambla de Pulido, al que, a pesar de que sólo era fuente, seguíamos llamando plaza de La Paz, más por tradición que por lógica. Pero, dada la desaparición de la rotonda central que la sustentaba, creo que acabará siendo La Paz a secas (aludo para ello a la megafonía del Tranvía Metropolitano que irá calando, poco a poco, en la la conciencia de los ciudadanos).

Como espero haber dejado claro el lugar en cuestión con tan largo preámbulo, intentaré explicar ahora el motivo de mi carta.


En la confluencia de las vías antedichas, siempre existió un círculo alrededor del cual se fueron estructurando los edificios. Ese círculo, ya fuera plaza o fuente, obligaba a los conductores a un determinado quiebro para esquivarlo, lo que, en alguna ocasión, por imprudencia o por despiste, acarreó algún accidente. Abundo en ello porque, a pesar de haber desaparecido el obstáculo central, el quiebro a efectuar sigue siendo el mismo. Ha sido entonces cuando he echado en falta la valla de protección que existía delante del Edificio Asuncionistas-2, donde antaño estuvo el Cine La Paz. Creo que sería conveniente su reposición, no vaya a ser que cualquier día (con la agravante de que no hay pretil), un vehículo incontrolado entre a saco por el salón de los juegos recreativos, o se lleve por delante a algún peatón que transite la acera o que esté esperando el cambio de semáforo.

Miguel Ángel G. Yanes


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15/06/08 

¡CARAMBA!, ESTA CIUDAD ESTÁ LLENA DE "SETAS" 



Qué variedad de "setas". Las hay de todos los tamaños, texturas y colores; adornan parques, jardines, parterres, pocetas, terraplenes, pero sobre todo alfombran las aceras, de tal forma que hay que ir saltando a la pata coja para no pisarlas: una especie de juego del tejo para todos los públicos.

Es todo un espectáculo cuando alguien pisa alguna, y un "enervante aroma" se eleva y lo convence de que se va a sacar el primer premio en algún juego de azar, a poco que se lo proponga.



También es increíble ver cómo, si se pisa una "seta" chaparra y poco consistente, sirve de clase gratuita de patinaje artístico e incluso de ballet, consiguiendo, a veces, hacer un "spagat" en el primer intento.

¡Ah! ¿Que no son setas?: Deposiciones, porquería, excrementos, heces, deyecciones, caca... Bueno, dejémonos de eufemismos y empleemos el término correcto, el que se nos viene a la boca cuando nos cabreamos: ¡mierda! ¡Sí!, ¡mierda!, ¡mierda de perros!


Pido al ayuntamiento mano dura con los incívicos que no recogen la de sus propias mascotas. Al parecer, hasta que no se les apriete el bolsillo, no se decidirán a agachar el lomo como hacemos algunos/as y, cogiendo una bolsa, un papel, o cualquier otro artilugio, retirar de la vía pública lo que, con toda seguridad, retiran de sus propios hogares.

Miguel Ángel G. Yanes


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30/07/08

"TUROKA" (LA CIUDAD DE PIEDRA)

Lo de “Turoka” es una licencia que me he permitido en alusión a “Turok”, El Guerrero de Piedra, de Editorial Novaro que, allá por la década de los 60, formó parte de nuestra iconografía infantil de héroes de lo que, en las Islas, dimos en llamar “colorines”, en clara alusión a sus portadas a todo color (en aquellos años, las páginas interiores aún se editaban en blanco y negro) y que en otras latitudes denominaron comics, tebeos, historietas...


¿Qué niño de aquella época no recuerda el formato apaisado del Capitán Trueno, El Jabato o El Cosaco Verde?

Fueron las aventuras de Turok de las primeras, que yo recuerde, en aparecer en formato vertical y con las páginas interiores coloreadas, lo que daba un plus de belleza e intensidad a sus andanzas, siempre ambientadas en la Edad de Piedra y rodeado de todo tipo de dinosaurios.


Contemplando las obras de ejecución del viario y rehabilitación del Barranco de Santos, no sé si es bueno o malo que las márgenes y los aledaños del mismo se hayan cubierto de piedras de arriba abajo; estéticamente es bastante discutible, por lo que tampoco voy a entrar a dilucidar si resulta denso, feo y monótono o sus correspondientes antónimos, pero lo que sí sé, es que no se ha dejado un margen para la vegetación, para que descienda o trepe, igual me da, y cubra en parte, las desnudez vertical de sus paredes.

Hay que recordar que el cauce del barranco (vamos a dejar las basuras que tiramos, a un lado) siempre fue un espacio de una belleza agreste, unas verdes pinceladas de musgo, charcos y arbustos, dando un toque silvestre al exceso de asfalto y hormigón de este paisaje urbano.
 

Por mucho que se haga mención en el Proyecto de Rehabilitación del Barranco, al “descubrimiento de su roca natural y reimplante de vegetación”, tengo la sospecha de que nadie ha pensado revestir todos estos muros cuya visión… ¡cansa!

Miguel Ángel G. Yanes


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05/10/08

LA NUEVA PLAZA DE ESPAÑA 

A mí, personalmente, no me gusta nada.

Por fortuna, en el país en el que estamos y en los tiempos que corren, ya se puede opinar sobre cualquier cosa con total libertad sin que te metan mano, y hoy voy a decir en voz alta: ¡No me gusta! No me gusta en absoluto cómo ha quedado la Plaza de España.



Entiendo bien poco de arquitectura, y supongo que no estoy capacitado para ningún tipo de valoración, pero me basta con mirar alrededor para comprender que aquello, no tiene nada que ver con el entorno. Un entorno de corte neoclásico (Cabildo, Correos) y racionalista (Casino) destrozado desde hace tiempo por la imagen del Edificio Olimpo, sustituto del antiguo hotel Orotava, que era, cabe decirlo, menos pretencioso y más acorde con el resto de edificaciones.


No me gustan los negros mamotretos (léase pabellones, si se quiere) aunque me admire la belleza del "jardín vertical". Yo había entendido que se trataba de abrir la ciudad comunicándola con el puerto y no de ponerle muros que dificultaran su visión.

Sentarte en la terraza del British o del bar Atlántico, ya sin su balaustrada de madera y sin sus típicas macetas colgantes, nunca ha sido lo mismo de antaño, pero es que ahora, y por muy bonito que esté decorado, tienes un muro a cuatro palmos de tus narices que te impide ver la plaza, y no digamos los barcos o la mar.

Tampoco me gusta la telaraña de cables que pende sobre nuestras cabezas, por muy originales que sean las "gotas". Pero si ya habíamos prescindido de ellos por incómodos y antiestéticos. Es como retroceder hacia épocas pasadas, cuando los cables se tendían de fachada a fachada para sostener las viejas luminarias.

No me gusta la "lámina de agua". Lo desmesurado de su tamaño hace que, al bordearla, no pueda reprimirme y diga lo de… "vuelta al ruedo y oreja".

 ¡Sí! Sé que se puede cerrar el grifo y aprovechar la zona para cualquier tipo de evento, pero no es eso lo que me molesta, sino la cantidad de espacio útil que ha quitado, sobre todo a los críos.

No me gusta la situación en que la han quedado los guerreros de bronce. Antes, sus enormes pies, quedaban a la altura de nuestros ojos y la perspectiva los hacía parecer gigantescos. Hoy, al haber perdido sus pedestales, en comparación me resultan enanos.



Tampoco me gusta un prisma negro situado frente a la fachada principal del Cabildo, supongo que será la caja del ascensor para acceder a unos garajes subterráneos, merced a los cuales no se pudo instalar la arboleda que figuraba en el proyecto original. Con media docena de laureles nos taparon la boca.

Echo de menos los hermosos parterres: el césped, los rosales, y ya no digo nada de los bancos de piedra con sus respectivas pérgolas, y las enredaderas ofreciéndonos el amparo de su sombra en las horas de sol.


No era lo mismo dar la vuela a la plaza, entre las esculturas, la torre y los jardines, que hacerlo ahora alrededor de un charco.

Miguel Ángel G. Yanes

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01/04/09

UNA BOUGANVILLA SE RESISTE A MORIR

Primero voy a intentar ubicarla por si ustedes no han reparado en ella: Puerto de la Cruz; Urbanización La Paz, parking del supermercado SPAR; confluencia con la avenida Marqués Villanueva del Prado. (¡Que venga Dios y la vea! No entiendo cómo una ciudad turística se puede permitir tener el asfalto de su acceso principal en unas condiciones tan deplorables). Pues bien, en esa esquina, una bouganvilla se resiste a morir.



Cuando se asfaltó, años ha, el terreno de lo que hoy en día es el mencionado aparcamiento, ella ya se encontraba allí, pero nadie tuvo la delicadeza de dejarle, al menos, un palmo de tierra junto al muro donde pudiera medrar. La cortaron a ras del suelo y la cubrieron de "piche".

Pues sí, "piche" fue lo que sepultó las raíces de la bouganvilla, una capa asfixiante, ardiente, pegajosa, densa y oscura que parecía condenarla sin remedio, pero también fue "piche" lo que, contra todo pronóstico, se resquebrajó un día ante su empuje. Y hoy, diminutas ramas intentan aferrarse con desesperación al aire diáfano, a un rayo de sol, a una gota de lluvia.


No molesta a nada ni a nadie, y sin embargo sobrevive a duras, a durísimas penas en un rincón carente de lo más elemental, sin que se le preste la más mínima ayuda.

Así y todo, en un alarde de generosidad, regala sus incipientes flores a los ojos de todos aquellos que reparan en ella.
 


No sé de quién depende el minúsculo territorio donde habita; si del ayuntamiento, del supermercado o de algún particular, pero pido por favor que, sea quien sea, tenga a bien compensar su empeño, su lucha, su generoso sacrificio, habilitándole un mínimo espacio, una diminuta poceta, un puñado de tierra desde donde pueda trepar libremente hacia la luz, porque así, al tiempo que crece, la magia de su alquimia va a llenarnos el alma de paz, de malva, de silencio.

Miguel Ángel G. Yanes



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13/04/09

EL DIOS DE LA AVARICIA MATERIAL

Como un canario más con, al menos, dos dedos de frente, quiero solidarizarme con los razonamientos expuestos por don Pedro Antonio Martínez Martín, publicados en la presnsa local el 31-03-09, bajo el título "Tren del Sur". Escueto y puntual. Pocas razones de tanto peso pueden aducirse con menos palabras.





Aunque hay algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no creo que lo que en realidad motive a esos "descerebrados" sean las grandes locuras, sino más bien los grandes pelotazos. ¿Pero es que no vemos lo que ocurre ante nuestros propios ojos? Los mismos de siempre enriqueciéndose a manos llenas, a costa de arrasar nuestro patrimonio natural, de llevar a cabo obras faraónicas, de destruir y construir sin tino, deteriorando irreversiblemente este frágil territorio y, con él, el futuro de nuestros hijos.



Está claro, clarísimo, que "los de la pomada" tienen todas sus necesidades cubiertas y que, en el fondo, les importan un… (iba a decir un carajo, pero me pareció de mal gusto) las verdaderas necesidades de la isla y de los isleños. Sólo los mueve un desmedido afán de riqueza y poder. ¿Cómo es posible que este pueblo nuestro no reaccione, no se rebele de una vez contra tanto despilfarro, tanto despropósito y tanto mamoneo?

¡Señores!, aquí hay una ciudadanía trabajadora que paga religiosamente sus impuestos y se merece un respeto. Y éste pasa por cubrir con urgencia sus necesidades perentorias.

¡Sí! Yo también abogo por una sanidad en condiciones (me viene a la memoria una viñeta humorística donde un mago dice: "Pedí una sanidad en condiciones y me dieron un policía autónomo"). Esa es otra fruslería de alguien que también desea pasar a la posteridad como artífice de otro despropósito. Los pueblos no evolucionan fomentando el crecimiento de cuerpos represivos, sino fomentando la educación y la cultura. Pero claro, los que manejan los hilos saben a ciencia cierta que, cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta de manipular. O sea, que las marionetas, cuantos más hilos tienen, más complicadas son.



Después del Tren del Sur, vendrá el Tren del Norte, y si nos descuidamos, un tren transversal que una el norte con el sur, y más tarde un tren turístico que descienda a las profundidades del Averno, para visitar el balneario que regenta el patrón de estos "mammones": servidores de Mammón, el dios de la avaricia material.

Miguel Ángel G. Yanes

 
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28/04/09

AL AYUNTAMIENTO PORTUENSE

Es de bien nacido ser agradecido. Por ello considero que, después de haber denunciado en su momento el lastimoso y deplorable estado en que se encontraba la calle Robles del Puerto de la Cruz (para quienes no la ubiquen, diré que es la que comienza frente al Jardín Botánico para desembocar en la calle Aceviño, en la parte baja de La Paz) ahora me toca felicitar a la corporación municipal, ya que, por fin, se están acometiendo las obras de asfaltado y repavimentación de dicha vía, cosa que agradezco profundamente como usuario de la misma.



No obstante me gustaría puntualizar que la calle Retama, donde se encuentra la entrada principal del Jardín Botánico, aunque no alcanza aún el grado de deterioro de la anterior, va camino de ello, pues al servir de enlace con la Carretera del Este, ha experimentado, en los últimos años un importante aumento en el volumen de tráfico, lo que ha provocado que el firme (que no lo es tanto) se haya resentido sensiblemente.

Está claro que "parche aquí, parche allá" es un estribillo que no acaba de solucionar el problema, porque a los pocos días cambia y vuelve a sonar "bache aquí, bache allá". Me parece que para solventarlo se hace necesario recurrir también a una cura en profundidad más temprano que tarde.



Y ya que hablamos de calles, no puedo dejar de mencionar la avenida Marqués Villanueva del Prado. La entrada principal a una ciudad turística no puede estar en esas condiciones. Si tengo que buscar una palabra para definir su estado sólo me sale ¡lamentable!


Espero que la obra de la calle Robles, así como la del Mirador de La Paz, que también se está ejecutando en la actualidad, no sean algo puntual, sino el comienzo de una verdadera campaña de restauración que, junto con otro tipo de medidas que se antojan urgentes ante el visible deterioro experimentado en los últimos años, sirva para que esta ciudad recupere su prestigio y su proyección internacional como centro turístico de primer orden.

Miguel Ángel G. Yanes

 
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03/09/09

DEL GRIEGO "PIROS" (FUEGO)

Hay, como poco, un pirómano-a, en la zona de Cruz del Señor-Barrio del Perú en Santa Cru de Tenerife.



En la última noche han ardido varios contenedores de basura (y no es la primera vez), principalmente los azules que, por contener papel, arden con mayor facilidad. Algunos pudieron ser apagados a tiempo, pero otros se convirtieron literalmente en cenizas.

El peligro manifiesto de que el fuego se propague a las viviendas, viene acrecentado por la posibilidad de que ardan los vehículos cercanos a dichos contenedores, con la posible explosión de los depósitos de combustible, lo que podría acarrear una tragedia de gran magnitud, amén de la propia destrucción de los vehículos, con lo que ello conlleva para nuestra precaria economía.



No sé si será mucho pedir que la policía (municipal o nacional -igual me da-) acreciente su vigilancia por la zona, a fin de localizar a este-a-os-as enfermos, maníacos del fuego.

Quiero puntualizar que implico a ambos sexos, habida cuenta de una peculiar anécdota que me ocurrió hace años: “Alguien quemaba los botones del ascensor en el edificio donde vivo”. Lógico era pensar que el culpable tenía que ser un fumador, pero hete aquí que no sólo se usan encendedores para prender cigarros o cigarrillos, también se utilizan para encender petardos, para quemar aviones de papel antes de lanzarlos desde el balcón, para alumbrar en los conciertos, para hacerle la puñeta al prójimo… Y éste era uno de esos casos.

Cierto día, al acceder a la cabina del ascensor, tropecé con dos jovencitas que salían de él. Unas risitas nerviosas me hicieron sospechar que algo inusual ocurría. En efecto, los pulsadores, a medio derretir, todavía estaban calientes.

Así que, en aras de la igualdad, habrá que buscar pirómano-a-os-as, que “tanto queman, queman tanto”.

Miguel Ángel G. Yanes


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26/05/09

ME HA LLEGADO LA ONDA...

Sí, como lo leen. Me ha llegado la onda de que un grupo de personas intenta presionar, con una serie de razones más o menos discutibles, para que se vuelvan a permitir las corridas de toros, prohibidas por ley del Gobierno Canario desde 1991, aduciendo que la ley "se refería fundamentalmente a los animales domésticos, y el toro bravo no lo es", lo cual llevaría a revocar la misma, cosa harto improbable. Todo ello con la digna idea de preservar, de alguna manera, la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, amenazada por una bandada de buitres inmobiliarios que la sobrevuela con insistencia, y evitar así su demolición, que conllevaría la construcción de un edificio de viviendas, aparcamientos y locales comerciales.


Una de las frases cogidas a vuelapluma fue: "Es que es la fiesta nacional de España".

Sí señor, eso no lo discute nadie, aunque habría que preguntarle a los toros por la palabra "fiesta", pero no la de Canarias. Y eso quedó claro hace 18 años. 
Alguien apuntó también, supongo que con su mejor intención, la posibilidad de que fuera un espectáculo enfocado al turismo que nos visita, y yo me quedé mascullando entre dientes que si, quieren ver corridas de toros, vayan a la Península, que en sus dos países las celebran (creo que el verbo no es el apropiado) o detrás de los Pirineos que también, aunque por poco tiempo.



No poseo ningún tipo de conocimientos sobre arquitectura y, aunque he leído que la plaza data de 1893 y se remodeló en los años veinte tras sufrir un aparatoso incendio, desconozco si dicha construcción pertenece al estilo neomudéjar, "neo-puro hormigón" u otros, y si arquitectónicamente tiene algún valor; aunque, fiándome de la magnífica reflexión efectuada por D. Federico García Barba, en la Red de Redes (http://islasterritorio.blogspot.com/2008/06/la-plaza-de-toros-de-santa-cruz.html), he de inferir que no. Pero la he visto ahí durante toda mi vida; la considero un importante punto de referencia de la ciudad y no me gustaría que desapareciera. Pero claro, habrá que darle alguna utilidad.

Miguel Ángel G. Yanes


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04/09/09

HA MUERTO "LA OFICINA"

Cuando uno regresa de algún viaje más allá de las lindes de este piélago que rodea las islas, para bien o para mal, siempre encuentra algún cambio. En este verano del 2009 ha sido para mal, al menos para mi espíritu y para las costas, cada día más frágiles de mi memoria. Advierto con desazón, al paso por la calle de Los Bolos, que ha muerto “La Oficina”. Ante mis atónitos ojos, las palas mecánicas, aún ávidas, devoran los restos de lo que otrora fuera un santuario del vino y de la poesía, un referente incuestionable de las noches laguneras. Pero… ¿quién ha permitido tamaño desatino?

 
La primera vez que me adentré en aquel templo mágico, contaba apenas 13 ó 14 años (hablo de finales de los 60); fue ya de recalada, con la noche a la espalda y después una intensa jornada en San Diego del Monte celebrando, como era de rigor, la fuga estudiantil de aquel curso incipiente. Tanto me impactó su ambiente, su aroma, su estampa de otra época, que al llegar a casa se lo comenté a mi abuelo. !Qué sitio! le dije ¡una bodega increíble! sin caer en la cuenta de que él era un lagunero de pro, quiero decir honrado y honesto como corresponde a los pobres, no porque fuera una persona importante o de prestigio, y que conocía “La Oficina” desde sus albores, allá por la década de los 40.


Años más tarde, acudí alguna que otra vez acompañando a mi amigo el afamado folclorista y etnólogo Juan López Izquierdo, quien, según creo recordar, había hecho la mili en los pagos laguneros con Ramón  Mario Herrera Correa, actual propietario de ”La Oficina” que la había heredado de su padre Don Ramón Herrera Amaya (q.e.p.d.). Y en alguna ocasión el propio Juan llegó a contarme que Ramón mantenía abierto el negocio, si es que podía calificársele así, más por tradición o por pasar el rato con sus parroquianos, que por otra cosa, porque en realidad no lo necesitaba para vivir.


Llega un momento en que la vida se complica con su montón de sendas y hay algunas que dejas de transitar, y claro, el polvo del tiempo oculta nuestras huellas, pero con todo, los amigos distantes y los antiguos lugares de encuentro como “La Oficina”, pervivirán por siempre en nuestro corazón, aunque su demolición haya supuesto un durísimo golpe para el ocio y para la cultura.

He buscado opiniones al respecto en la prensa, y veo que si hay alguien que se manifiesta realmente enfadado con este flagrante atentado cultural, ha sido D. Antonio Cubillo Ferreira, que, como suele ser habitual en él, define con gran lujo de datos y detalles, los avatares de su historia y a los personajes que la frecuentaron. Lo dicho; como siempre, explica y culturiza.


 
Hoy siento el desconsuelo y la pena de no poder mostrarle a mi hija, que ya comienza a frecuentar la ciudad universitaria, ese trozo de historia que flotaba, nostálgico, entre el vapor y el humo del vino y del tabaco, en el aroma a maderas antiguas, a quesos, a embutidos. Y aunque ya hayan pensado, como parece, en contratar a algún resucitador al uso, por mucho empeño que le pongan, aunque rescriban los poemas en las nuevas paredes, coloquen las mismas barricas, la antigua barra y las vetustas alacenas, ya nunca volverá a ser lo mismo, porque los espíritus que habitaban sus muros han tenido que huir apresuradamente… y nadie sabe a donde.

"Requiescat In Pacem"

Miguel Ángel G. Yanes


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10/09/09

UNA HISTORIA ALTERNATIVA

 

En esta ciudad nuestra ocurren cosas realmente extrañas. Tiempo ha, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife colocó un rótulo en la fachada de la casa parroquial de la Iglesia de la Concepción, en concreto en la esquina que da al Barranco de Santos y a la calle Bravo Murillo, que rezaba "Charco de la Casona", dando nombre así a la vía que discurre paralela a la margen izquierda del barranco. No sé si retirada por las autoridades municipales, escamoteada por amigos de lo ajeno o coleccionistas sin escrúpulos, la cuestión es que la mencionada placa ha desaparecido.


Está históricamente documentada la existencia de una casona, aunque no tengo muy claro si mandada a erigir o comprada y luego reformada por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo, a principios del siglo XVI, a orillas de un charco cercano a la desembocadura del barranco.

Hace más de cuarenta años, mi abuelo paterno, que se había criado en aquellos lares, me relató una historia alternativa bastante curiosa. Según él, existía, aún en los albores del siglo XX, un charco permanente en el cauce del barranco, entre el antiguo Hospital Civil y la Iglesia de la Concepción, donde las mujeres de la zona acudían a lavar la ropa, y los chicos a bañarse cuando hacía buen tiempo. A dicho charco, que tenía comunicación con la mar, solían acceder con la subida de la marea, peces de distinto tamaño, que los lugareños se afanaban en atrapar.


Cierto día se coló un cazón, y un grupo de muchachos logró acorralarlo contra la orilla, pero una de las lavanderas que había observado toda la maniobra, los apartó a empellones alegando que ella lo había visto primero. Se acercó resueltamente, le echó mano y logró cogerlo por la cola, instante en que el animal, al verse atrapado, giró la cabeza hacia atrás y le asestó tal mordisco en el brazo, que no tuvo más remedio que soltarlo, con lo que, aprovechando la confusión, el cazón huyó a toda pastilla.

Los chicos se desternillaron de la risa y, a partir de ese lance, la apodaron "La Cazona" y por extensión lo de "Charco de La Cazona".

Nuestro seseo permite perfectamente la viabilidad de la historia.

Miguel Ángel G. Yanes


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02/11/09

POLICÍA PORTUARIA

Tengo 54 años ya cumplidos y nunca me había ocurrido esto.


El martes, 27 de octubre de 2009, a las once de la mañana, el puerto de Santa Cruz de Tenerife presentaba la imagen de otra época. Al contrario de lo que suele ser común, y coincidiendo con el comienzo de la temporada de cruceros, la línea de atraque del muelle sur se hallaba al completo.

Tres trasatlánticos gigantescos y un magnífico velero (el único cinco palos del mundo), ocupaban la totalidad de un muelle casi siempre vacío y desangelado.

No ya por los grandes trasatlánticos, que a fin de cuentas se me antojan enormes edificios, sino por ver de cerca el "Royal Clipper", decidimos, el amigo Paco Morera y yo, acercarnos al mismo. Digo bien "decidimos", porque "poder" no pudimos. Unos agentes de la autoridad portuaria (ella y él) nos impidieron el paso.
- ¿A dónde van? Nos espetaron.

- A ver de cerca ese velero. Contesté.

- ¡No se puede pasar!

- ¿Me explica Vd. por qué?

- ¡Órdenes!

-¿Quiere decir que, a dos ciudadanos nacidos aquí, que viven aquí y que pagan escrupulosamente sus impuestos aquí, no se les permite acceder al muelle (construido y mantenido con esos impuestos) para ver un barco de cerca?

-¡Exactamente! Hablaba él, sonreía ella.

De pronto se me llevaron todos los demonios (y aún no he vuelto)

-Pues esto habrá que denunciarlo en algún medio. Repliqué.

-¡Pues hágalo Vd!. Se me dijo con sorna. Y en ello estoy.



Cuando nos frenaron en seco, pensé que tal vez hubiera bastado con llevar una cámara al hombro para acceder al dique sin problemas, porque de la interminable hilera de personas que nos antecedía no vimos que detuvieran a nadie, ni que pidieran ningún tipo de identificación, salvo a nosotros. ¿Será porque mi amigo y yo somos morenos y de baja estatura, qué resultamos sospechosos? Me da la sensación de que con la excusa del terrorismo internacional, están estrangulando nuestras libertades.



Me crié en ese muelle. Me fugaba del colegio con doce o trece años para deambular por aquel mágico lugar que abarcaba desde la Marquesina a la Grúa Titán. Soñaba con los barcos; subía sus escalas, unas veces con más suerte que otras, por el mero placer de recorrer la cubierta, sobre todo si se trataba de algún buque de vela, sentir su tenue balanceo una vez los cabos atados al noray, chapurrear con la tripulación algunas palabrejas en un inglés de puro garrafón… y no digamos nada si te dejaban tocar la rueda del timón. Es menester decir que algún que otro coscorrón alcancé en mis intentos. Pero nadie nos prohibía el acceso a los muelles, y los chicos de entonces nos movíamos libremente por aquella extensión del paraíso. 


Pero… ¿a qué situación hemos llegado en la actualidad? El puerto parece un país extranjero, con sus fronteras, su propia policía, sus excesivas normas, su extrema frialdad.

Si por razones de seguridad, el pueblo llano no puede acceder al muelle sur cada vez que haya cruceros atracados en él, pido desde aquí que se vuelva a habilitar el paseo superior, para que todos los ciudadanos podamos disfrutar de "nuestro puerto" como hacíamos antaño.

Miguel Ángel G. Yanes 


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27/11/09

AUNQUE NUNCA VIVÍ EN TACORONTE

No sé a ciencia cierta si los vecinos de Tacoronte lograron derribar el Plan General de Ordenación Urbana que afectaba al municipio, o si sólo han podido detenerlo de forma provisional. Sea de una manera o de otra, quiero solidarizarme con ellos en su lucha, sobre todo con doña María Virginia González Dorta, cuya carta titulada "Yo tenía una casa y una huerta en Tacoronte", publicada el pasado mes de octubre en la prensa local, me tocó el corazón.


Yo nunca tuve un pedazo de tierra, ni en Tacoronte ni en ningún otro sitio. Es más, ni siquiera tendré ya esos dos metros cuadrados que antiguamente nos correspondían, pero de todas formas, quiero solidarizarme con ella en su denuncia de los artífices de un PGOU que pretende arrasar todo lo que se ponga a tiro, eliminando sin ningún tipo de pudor, casas, jardines, huertas, árboles, arbustos y, si no los frenan, hasta la propia identidad tacorontera, representada en parte por esos pocos barrancos aún vírgenes, donde la maravilla de la vegetación silvestre, besa y abraza todo lo que encuentra a su paso, transformando sus cauces en un bello y bucólico vergel; un alimento para el alma y para los sentidos.


Me vienen a la memoria unos versos, para mí de los más hermosos de Emeterio Gutiérrez Albelo, sobre esos idílicos enclaves que llegan a ser los barrancos aún no profanados por la mano del hombre:

"Cañaverales de Agua García / cañaverales que pulsa el viento / rítmicos tubos / varas con flecos... /cañaverales locos del alma / que se me afilan / igual que lanzas hacia los cielos / cañaverales de Tacoronte / cañaverales que pulsa el viento".

Ruego que no los toquen; es parte de la precaria herencia que todavía podemos legar a nuestros hijos, aunque sea tan sólo un simple atisbo del paraíso natural que ya perdimos.



Aunque nunca viví en Tacoronte, lo frecuenté a menudo en mis años jóvenes. Solía acudir en los meses de verano en compañía de mi vecino y amigo Fernando Canino Palma, cuyos abuelos tenían vivienda en Los Naranjeros, justo en ese corto tramo de carretera que aún conserva la sombra y el arrullo de los álamos, junto a la Casa Roja (referencia inútil en estos tiempos porque, hasta ella, ha perdido el color) Allí conocí a los amigos de mi amigo, que luego fueron míos; allí entendí que, o volvíamos al vibrar al ritmo de la naturaleza, o estábamos perdidos; allí logré, sin la maldita prisa, asomarme al cáliz de un gladíolo y descubrir las perlas que el rocío dejaba; allí sentí como nunca el olor de la tierra recién labrada y húmeda. Allí aprendí también a disfrutar del canto de los pájaros, del aroma del mosto, de la fruta, de los tubérculos y de las hortalizas. Y aprendí que la paz de los árboles, a poco que te abraces a ellos, puede trasvasarse al pecho de los hombres, en un desesperado intento por su parte de convertirnos en guardianes del mundo.



Cuando ya las tardes caían, con esa lentitud interminable casi del verano, y la fragancia de los jazmines se expandía por doquier, llegábamos al que, para nosotros, era en aquel entonces, el propio corazón de Tacoronte: "La Juventud Edelweis", el primer teleclub que se abrió en Tenerife, un punto de encuentro que se antojaba mágico; allí charlábamos, jugábamos al ludo, al ajedrez, al ping pong, veíamos la tele, y siempre había alguien dispuesto a arrancarle algún acorde a una guitarra. Por ello, aunque nunca viví en Tacoronte, lo sigo llevando en la memoria y en el corazón. Así que reitero mi apoyo incondicional a todos sus vecinos, y en particular a doña María Virginia González Dorta.

Miguel Ángel G. Yanes

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22/12/09

EL CULTO A LA HERRUMBRE

Debe ser que ya soy muy antiguo, pero no entiendo bien la moda de la herrumbre.


 
Parece que existiera un culto hacia la misma, porque la mayoría de esculturas, vallas, miradores, que se instalan en la actualidad, todo ello es de desnudo hierro sin pintar y, por lo tanto, tarde o temprano, lo recubre esa maldita herrumbre, ese óxido u orín que, al resbalar, deteriora aceras, muros, pedestales… mancha la ropa y hasta los ojos de los ciudadanos, hartos como yo, de ese tedio rojizo que ha invadido el entorno.



La corrosión que ocasiona la herrumbre suele deberse a la humedad o a la salinidad, y si no se aplica un producto que la detenga, es como una caries que lo devora todo sin remedio y termina arrastrando con ella, poco a poco, las propias estructuras.

Sigo sin entender el porqué de esta nueva manía por la herrumbre, máxime cuando ya existen en el mercado convertidores poliméricos, que vienen a ser productos anticorrosivos que se aplican directamente sobre el óxido, logrando encapsularlo para, quitándole el oxígeno, evitar la corrosión, creando al mismo tiempo una especie de pavonado protector; evitando así el trabajo que suponía lijar y pintar luego esas superficies.


 
Es una pena que no pueda adjuntar aquí más fotografías que lo documenten, pero si a partir de ahora intentan fijarse en lo que digo, descubrirán que existen multitud de cosas que la herrumbre recubre a nuestro alrededor y, cómo no, sus correspondientes regueros de incontenibles manchas: la valla exterior del Hospital Universitario, la pared de la vía del barranco de Santos, la horrorosa "escultura" del puente de la calle Salamanca, el "tobogán" de la Plaza de Europa, la chimenea de la Estación Marítima, la base de "la fea" que conmemora la derrota de Nelson, la fachada del Hotel-Escuela, El Parque de Cuchillitos de Tristán, los miradores de toda la isla, etc. etc. etc.



¡Ah!... También había, en sustitución de una magnífica fuente, cuatro vigas herrumbrientas que, en posición vertical, por lo visto adornaban la Plaza del Cristo de La Laguna. Afortunadamente el pueblo hizo presión y fueron retiradas.

Miguel Ángel G. Yanes


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05/01/10

PONGAMOS POR CASO

Pongamos por caso que una pareja de ciudadanos europeos viaja desde el aeropuerto de Copenhague hasta el de Tenerife-Sur, con la idea de pasar unos días entre nosotros.


Pongamos por caso que él sea español... canario... palmero... y que se llame Jaime Matos Abreu (ex presidente de la Asociación Canaria en Dinamarca), que tenga 66 años de edad, lleve más de 40 trabajando y residiendo en dicho país, y que haya decidido pasar, en compañía de su esposa Kirsten, las fiestas navideñas en su isla natal.


Pongamos por caso que se alojen en el Puerto de la Cruz, donde, al día siguiente de su llegada contratan, en una agencia de viajes, billetes de ida y vuelta a La Palma, con la compañía Islas Airways, que los traslada allí sin ningún tipo de problemas; pero que la cosa se complica cuando, un temporal de viento y lluvia, obliga a cerrar el aeropuerto palmero, no quedándoles otra opción que regresar a Tenerife por vía marítima.


Pongamos por caso que, al llegar al Puerto de la Cruz, la agencia de viajes está cerrada por ser día festivo, y que el señor en cuestión se desplaza a la oficina que la compañía aérea tiene en el aeropuerto de los Rodeos, con la idea de que le devuelvan el importe de los billetes no utilizados.

Pongamos por caso que plantea correctamente su reclamación a la señorita que atiende el mostrador, y que ésta le responde a las claras, que quien único le puede reintegrar el dinero es la agencia de viajes, y que sólo percibirá el 70 % del importe. Ante lo cual, asombrado e incrédulo, intenta razonar con ella, indicándole que ha de abandonar Puerto de la Cruz a las 8 de la mañana siguiente, rumbo al aeropuerto del Sur, para tomar el vuelo de regreso a Dinamarca y, por tanto, no tiene ninguna posibilidad de pasar por la agencia de viajes; pero ella sigue repitiendo la misma cantinela:
-Señor, Vd. no nos compró los billetes a nosotros. De haberlo hecho así, se los reintegraríamos sin más.

Es entonces cuando el cliente, visiblemente molesto, aunque sin perder la compostura ni la educación, aduce lo siguiente:

- Vamos a ver, señorita ¿Con quién he contratado yo el servicio, con la agencia de viajes o con su Compañía? ¿O es que intenta decirme que Vds. no reciben el importe de la venta?

Mire: el hecho de no haber podido regresar de La Palma en avión, nos ha ocasionado una serie de trastornos. En principio nos hemos visto obligados a desembolsar 142 euros para poder venir en barco con la compañía Fred Olsen, pagando Clase Oro (la tarifa más cara) que era lo único disponible en ese momento. Pero como el atraque se realiza en el puerto de Los Cristianos, tuvimos que pagar también 24 euros a la Compañía Titsa por dos trayectos efectuados por carretera: Los Cristianos-Santa Cruz y Santa Cruz-Puerto Cruz. Y si ahora le sumamos a estos gastos, el importe de 124 euros de los billetes de avión que, por lo visto, no vamos a poder recuperar, y además, lo que nos cobre ahora el taxi por traernos y devolvernos al Puerto de la Cruz, habremos perdido más de 300 euros, sin contar las molestias ni el tiempo malgastado. Así que, como comprenderá, la "publicidad gratuita" que haremos entre nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos, no los va a dejar muy bien parados. 

La verdad es que la imagen de las Islas que se lleva esta pareja deja mucho que desear, porque lo evidente es que ellos no han sido los causantes de temporal que azotó La Palma, pero si han pagado el pato.

Miguel Ángel G. Yanes

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07/01/10

LA BOMBA DEL PGO

¡Vaya! Me parece muy bien que el Sr. Zerolo no deje patear la puerta del Ayuntamiento. Pero con la misma rotundidad, no debería permitir tampoco que se patearan los derechos de los ciudadanos. Ahora que la bomba del PGO sigue haciendo tic tac entre sus manos, creo que cabría hacer una profunda reflexión, porque cuando el pueblo patea las puertas de su propia casa... ¡algo muy grave ocurre!



Aunque no me afecta el PGO, decidí acudir a la concentración matutina, el pasado 29 de diciembre, en compañía de un par de amigos a los que, curiosamente, tampoco les afecta... ¡por ahora!; con la clara intención de solidarizarnos con los afectados.

Dada la cantidad de vecinos, unos 70.000 que, según la prensa, se encuentran perjudicados por este asunto, me pareció escasa su afluencia. Es más, me queda la duda de que llegáramos a mil las personas congregadas allí, tal y como apuntan los datos, por lo que aprovecho para pedir a todos los afectados y a los que, aún sin serlo, consideren una tremenda injusticia lo que está ocurriendo, se echen a la calle el día 4 de enero, fecha del próximo pleno municipal, para hacernos oír "in situ".



No podemos permitir que "nuestros políticos" sigan haciendo lo que les venga en gana. Es inadmisible que, siendo nuestros legítimos representantes, en lugar de trabajar para el bien común trabajen para el beneficio de unos pocos.

De todas formas, gran parte de la culpa es nuestra. Siguen ahí porque les continuamos dando nuestros votos. Por favor, no me obliguen a decir aquello de que... "los pueblos tienen el gobierno que se merecen".

¡Joder!... y lo he vuelto a decir.

Miguel Ángel G. Yanes


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17/01/10

CHUSMA


Sobran los datos identificativos. Somos pocos y nos conocemos bien, si no personalmente, sí a través de terceros. Por ello voy a obviar tu nombre y apellidos. En realidad no hace ni puñetera falta. La educación me obligaba a decir: Mire usted... pero la efervescencia de la sangre, me empuja a utilizar casi tu lenguaje y soltar:

- ¡Mira, tío! ¿Quién coño te has creído que eres, para permitirte llamar chusma a nuestra propia gente? ¿Acaso has olvidado que la poltrona que ocupas te la otorgó, con sus votos, esa chusma, ese pueblo soberano que tiene que echarse a la calle, porque sus legítimos representantes son incapaces de defenderlo?



Más que hartos de carros, carretas y carretones, los chicharreros han vomitado por fin, a las puertas del ayuntamiento, la malsana indigestión de esta clase política que nos lastra y condena, salpicando, de paso, las relucientes botas de aquellos que, siguiéndoles el juego, se han prestado a retirar los necesarios medios técnicos, para sofocar así la voz de la protesta.

Soy parte de esa chusma. Me honro de ella y me avergüenzo de ustedes.

Miguel Ángel G. Yanes


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25/02/10

SÍMBOLO VIOLENTO

Los carnavales del 2010, para bien o para mal, han pasado a la historia, pero aún queda algún vestigio en nuestras calles. Sin ir más lejos, en la parte baja de la Calle del Castillo, podemos ver el contenedor que sirvió de oficina a la Unipol en dichas fiestas. Al fijarme en él, reparo también en su emblema:



"Un perro de presa, mostrando los colmillos en franca actitud amenazadora".

Como ciudadano, no me ofrece ninguna confianza un cuerpo policial que se identifica con tal símbolo. Me suena más a un intento de amedrentar que de imponer respeto. Esa simbología rezuma violencia y represión. No entiendo cómo se ha permitido tamaño despropósito.


¿Qué significa esto? ¿Que tal vez se sienten identificados con alguna de las cabezas de Cerbero, el monstruoso perro al que Hades nombró guardián del inframundo; o con Carcharot, el perro de Morgorth, al que J. R. Tolkien hace aparecer como el feroz centinela de Angband, en su obra El Silmarillión; o acaso con Los Perros de Tíndalo, que moran más allá del mundo de las formas y del espacio-tiempo conocido, esperando agazapados el momento idóneo para manifestarse y atacarnos?


Miguel Ángel G. Yanes


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26/02/10

TABAIBA DESPUÉS DEL TEMPORAL


Estuve personalmente allí, en el edificio El Moro, tres días después del temporal, con Paco Brito y Miguel Ángel Guerrero. Hablamos con algunos vecinos y con el presidente de la comunidad de dicho edificio. Pero quien nos dejó bien claro lo que había sucedido, fue una señora de unos 60 años que, según nos explicó, llevaba 40 viviendo en ese mismo sitio. Según ella, el problema no lo provocó el agua en si, sino los escombros que quedaron de la ampliación de la autopista (el famoso tercer carril) que, al ser arrastrados ladera abajo, taponaron los pocos cauces habilitados, por lo que el agua buscó camino por donde pudo. Nos indicó que en esos 40 años, ha llovido de forma torrencial en tres o cuatro ocasiones, y ni siquiera cuando el famoso temporal del 31 de marzo de 2002, ocurrió nada parecido, porque en ese momento los cauces estaban despejados. Para más inri, un contenedor de vidrio, quedó encajonado por la fuerza del agua, en el arco de hormigón, al principio de la escalera que lleva a la playa, por lo que el caudal, al desviarse, entró a saco en las viviendas.



Si se fijan en la fotografía superior, verán una enorme cascada a la izquierda del edificio; esa es la salida natural del agua al descender por la escalera; la que sale por los balcones es la que desviaron los escombros y el contenedor reseñado.

El presidente de la comunidad también nos dijo que había estado allí la ministra, acompañada de los "canchanchanes" de turno, para ver el desaguisado, y como anécdota, nos comentó que los zapatos le habían quedado inservibles; y eso que no llegó a bajar a las viviendas, pues aunque estaba decidida a hacerlo, "aquéllos" pensaron que era demasiado peligroso y no lo permitieron.


Daba verdadera lástima contemplar todos los enseres de los vecinos, cubiertos de barro, totalmente inservibles, apilados en aquella escalera: colchones, muebles, electrodomésticos... ¡Un desastre!

Pudimos ver el interior de una de las viviendas; la marca del barro en las paredes alcanzaba casi un metro de altura. Y oyendo el relato de algunas personas, de cómo el agua los arrastró hasta el balcón, es increíble que no se ahogara nadie.



Volvemos a lo que de siempre: la necesidad de respetar el cauce natural de los barrancos. ¡Joder! Si la naturaleza los ha excavado de esas dimensiones durante miles de años, es que tarde o temprano los va a necesitar; pero claro, vienen los listos de turno con sus titulitos debajo del brazo, haciendo oídos sordos a quienes de verdad conocen el asunto, colocan unos "tubos de mierda", y lían la que lían.

Miguel Ángel G. Yanes
 

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28/02/10

EL MIRLO DE LA CABEZA BLANCA

Toda la vida he oído decir, cuando se trataba de alguien con unas cualidades únicas, que era "un mirlo blanco", como paradigma de rareza, de algo prácticamente imposible de ver, ya que, al parecer, no existe esa capa de color en tal ave. Por eso me he decidido a escribir sobre el asunto.

Por la Plaza de la Cruz del Señor, aquí en Santa Cruz de Tenerife, revoltea desde hace algún tiempo un curioso pájaro. Se me hace difícil de aceptar pero... yo, desde mi ignorancia ornitológica, diría que es un híbrido de mirlo. No sé con que otra especie puede haberse cruzado, pero obviando el color de su blanca cabeza y unas plumas, también blancas, en el borde de las alas, es exactamente igual al resto de los mirlos, en cuanto a su tamaño y al color de las patas y el pico. Es más, se mueve con ellos.



Que conste que, a pesar de mi desconocimiento científico sobre el mundo de las aves, a estos pájaros los conozco bien, habida cuenta de que, al no tener ningún tipo de enemigos, se han multiplicado de tal manera que se les puede ver prácticamente a cualquier hora y en cualquier lugar, sobre todo en parques y jardines. 




El mirlo es un pájaro de tamaño mediano, inquieto y ruidoso, lanza una serie de discordantes chasquidos que contrastan con su armonioso canto, que suele emitir situándose en la atalaya más alta que encuentre, ya sea la copa de un ciprés, de un pino o una antena de televisión. Macho y hembra se diferencian en el plumaje; mientras que el del macho es negro brillante, el de la hembra es pardo y apagado, también en el color del pico, anaranjado en el macho y parduzco en la hembra. Al observar sus ojos, oscuros, vivarachos, rodeados también por un aro naranja, se me antoja que son bastante listos.

Una curiosidad sobre ellos: En alguna ocasión me han sobresaltado, porque al contrario que otros pájaros, que caminan dando pequeños y pausados saltos, los mirlos son tan rápidos que parecen que corrieran, y más de una vez, cuando alguno ha salido a escape de entre la hojarasca, he creído que se trataba de una rata.




El contacto con los seres humanos los ha desinhibido de su ancestral recelo, y hoy por hoy, campan a sus anchas en las ciudades. Se han adaptado por completo al entorno y forman parte, junto con tórtolas, palomas, gorriones, y algún que otro canario, de lo que podríamos denominar la fauna urbana.

La primera vez que vi a ese pájaro de la cabeza blanca, se hallaba posado en la rama de un laurel de indias, y en una de esas asociaciones inconscientes, un fogonazo de la memoria me trajo, de repente, la última escena de la película La Mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958; aquélla en la que el niño se acerca a una tela de araña donde un insecto se debate infructuosamente, y dice: "Mira, una mosca con la cabeza blanca", sin percatarse de que era un híbrido de díptero y humano, a punto de ser sacrificado por los quelíceros terribles del arácnido.




A todas estas, volviendo sobre el pájaro de marras, ruego que, si no se trata de un mirlo, disculpen el rollo que les he endilgado, pero apelo a quien tenga conocimientos sobre el tema, para que me saque de la duda.

Bueno... y ahora que lo pienso... Si en realidad es un mirlo de cabeza blanca ¿no podríamos proponerlo para presidente de gobierno?


Miguel Ángel G. Yanes


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24/03/10

DESEMBOCADURA DEL BARRANCO DE SANTOS


Hoy por hoy, que se han acometido una serie de medidas, encaminadas a mejorar el desagüe al mar del barranco de Santos, hay algo que todavía no termina de convencerme. Reconozco que no tengo conocimientos técnicos de nada; ni de ingeniería, ni de arquitectura, ni de... pero soy como el búho del chiste: ¡me fijo, me fijo! Y a base de fijarme y de emplear la lógica, observo algunas cosas que me gustaría comentar públicamente por si acaso sirvieran para algo.


He leído qué lo que limita la capacidad de desahogo del barranco es el antiguo puente de El Cabo. Puede que sea así, pero esa lógica de la que hablaba antes, me dicta que si se hubiera buscado el lecho original, rebajándolo más de lo que se hizo a la hora de revestirlo de hormigón, otro gallo nos cantaría.


Me explico: En la actualidad, la altura del puente con respecto al lecho del barranco ha menguado sensiblemente, a medida que se han ido incorporando sedimentos con el paso del tiempo. Me basta mirarlo para saberlo, porque, años ha, un camión (empleado para efectuar la limpieza) pasaba holgadamente bajo él y ahora es de todo punto imposible.



Pero mucho más grave para mí, es la escasa altura del puente que sirve de soporte a la Avda. Bravo de Murillo (lo mismo ocurre con la Plaza de Europa, Avda. Marítima y Vía de servicio del muelle, bajo las que el barranco está completamente encajonado). Hasta tal punto es exigua su altitud que, tras el último temporal, observé con asombro la ímproba labor de los operarios, trabajando en condiciones claustrofóbicas, con unas máquinas diminutas, pegadas casi al techo, para retirar la ingente cantidad de escombros acumulados, porque las excavadoras normales no cabían en tal sitio. Otro detalle que me asombra, es el hecho de que los pilares enfrenten una cara plana al curso del agua, en lugar de los correspondientes tajamares, para que ésta se abra hacia los lados y no los golpee directamente. Si se fijan en el puente viejo, verán qué el único pilar que lo sustenta, y que resistió perfectamente el embate de la riada (no así sus barandillas que fueron arrancadas de cuajo) tiene forma curva. Algo significará, digo yo.



Entiendo que si se hubiera excavado más el fondo del barranco, el agua del mar volvería a entrar, con la subida de la marea, hasta la base del puente de El Cabo o quizás más arriba, como hacía antaño, recuperando el espacio que ocupaba el desaparecido Charco de la Casona; porque tal vez no sea un disparate devolverle a la desembocadura del barranco su ritmo y su lecho natural... y mantenerlo limpio ¡claro está! A fin de cuentas, la naturaleza es bastante sabia, aunque siempre nos empeñemos en llevarle la contraria.

Miguel Ángel G. Yanes


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30/03/10
"COSAS VEREDES"

No salgo de mi asombro, al leer en la prensa que el Sr. Zerolo y sus acólitos, llevan a los tribunales el acuerdo plenario donde se aprobó el derribo del "Mamotreto", "Mamatrato" o "Mamotreta" (como ustedes quieran) con la intención, supongo, de seguir adelante con la obra; llevándole la contraria al sentir popular, sobre todos a los vecinos de San Andrés que están, con ese asunto, que se suben por las paredes. 
 


Suelo frecuentar el antiguo pueblo pesquero, hoy barrio capitalino, con relativa frecuencia, pero cada vez que llegó a la altura del castillo, y el maldito adefesio aquel me oculta la vista de la playa, se me escapa una sarta de improperios y palabrotas que, por más que me empeño, no consigo atajar (los que me conocen lo saben bien).

Cuando por fin consigo desahogarme; intento razonar conmigo mismo, sobre el perjuicio económico que supondría su demolición: en primer lugar para el constructor, que salpicado o no, por esas gruesas gotas que tan de moda están, ha hecho un desembolso económico que necesita recuperar de alguna forma, y en segundo lugar para las arcas muni... bueno, para nuestros desgarrados bolsillos. Y entonces se me ocurre, que a quiénes tendríamos que obligar a sufragar tal gasto, debería ser a los que aprobaron tamaño despropósito, y no a los paganinis de siempre.
 


De todas formas y sea como sea, la mayoría de los ciudadanos están a favor de su demolición, aunque nos arranquen las últimas hebras de los bolsillos, pero unos pocos, "los hombres grises", siguen estando en contra... en contra de los intereses generales y favor de los suyos... ¡Inadmisible!

Señores: llegados a este punto, ya no me queda nada más por decir, salvo la coletilla de rigor, aquella de que "los pueblos tienen los gobiernos que se merecen".

Miguel Ángel G. Yanes
 

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21/07/10

A VUELTAS CON LA HERRUMBRE Y OTRAS LINDEZAS

Tiempo atrás dejé patente mi descontento, a través de estas páginas, por lo que di en llamar “el culto a la herrumbre”: miradores, barandillas, esculturas, vallas…que, al mojarse, destilan óxido u orín, manchando y afeando el entorno, ya sea rural o urbano.

Pues bien, hoy vuelvo a la carga sobre el mismo asunto porque, el evidente deterioro, sobre todo de las denominadas “mesas de información” en los distintos miradores, clama al cielo, no sólo por el riesgo de mancharnos la ropa a poco que nos arrimemos a ellas, sino por el lamentable estado en que se encuentran: más que mesas de información parecen de desinformación.



En algunas de ellas, la incidencia del sol ha borrado totalmente los mapas y los datos; en otras, los cristales que los vándalos rompieron sin recato, dejan filtrar el agua, con lo cual, las láminas terminan manchadas e ilegibles. Incluso las hay en las que se han desplazado unas sobre otras, solapando así parte de la información.



¿Es que no hay un mínimo mantenimiento para estos paneles? ¿De qué sirven si apenas los podemos leer?

Al hilo de lo expuesto, cabe reseñar también que, para mi asombro, existe una de dichas mesas en el Mirador de la Garañona (municipio de El Sauzal) en la que se lee perfectamente la información, pero… ¡qué información! Detalla la ubicación de basuras, escombros, aguas residuales, ratas...



A pesar del insoportable hedor de las aguas fecales, no me lo podía creer.

¿Qué necesidad había de detallar todas esas lindezas? Me imagino a los turistas leyéndolas y echando a correr a toda prisa.

 

¿No sería más lógico solucionar el problema en aras de la salubridad del entorno, y detallar los diferentes tipos de vegetación del acantilado, en lugar de esas vergüenzas paisajísticas?



Es por ello que invito desde aquí a nuestro presidente, D. Paulino Rivero Baute, vecino de dicho municipio, a que se acerque a la parte izquierda del mirador (donde los feísimos muros de hormigón) e intente respirar a pleno pulmón, a ver si me da o me quita la razón sobre lo que, públicamente, denuncio. Lo digo por ver si así se decide a apretar las clavijas que permitan acabar, de una vez y para siempre, con esa nauseabunda pestilencia.



Los visitantes del mirador, seguro que lo van a agradecer, pero, más que nadie, lo harán los vecinos de las viviendas situadas sobre él.

Miguel Ángel G. Yanes

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22/12/10

TENERIFE Y LA LOTERÍA DE NAVIDAD

En toda la historia del sorteo navideño, tan sólo en una ocasión el premio gordo cayó en Tenerife; fue en el año 2007, cuando una única serie del nº 06381 fue consignada a la administración nº 1 de la ciudad turística de Puerto de la Cruz, pero para nuestra desgracia, resultó invendida y fue devuelta a Hacienda (¡Qué negocio tan rentable el de las Loterías del Estado cuando los números premiados no se venden!) Éste fue el hecho en sí. Ahora viene la anécdota relacionada con él:



Me encontraba en la Urbanización La Paz, en Puerto de la Cruz; eran las 9 de la mañana del 21 de diciembre de 2007. Me había despertado con un "run-run" sobre la lotería navideña. No recuerdo con claridad el sueño, pero sí que, en él, alguien me ofrecía un décimo para el sorteo del día siguiente. Desayuné y salí a dar mi paseo matutino, pero aquella matraquilla del sueño no me abandonaba, por lo que prolongué la diaria caminata, que terminó convirtiéndose en toda una excursión: recorrí la calle Retama, desde el Jardín Botánico hasta la iglesia de Ntra. Sra. de La Paz, luego bajé por la Carretera del Este, atravesé el túnel de Martiánez y llegué al paseo del mismo nombre, al principio del cual, justo donde antaño estuvo la "boite" Victoria, se encuentra ubicada la administración de loterías nº 1 de esta ciudad.


Una importante cola de clientes, a la que me sumé de inmediato, asomaba por la puerta del local; estuve en ella algo más de 20 minutos, lo que me permitió observar con detalle todos los pormenores; entre ellos que, pegada al cristal blindado que separaba a la vendedora de nosotros, así a primera vista, había  una serie solitaria de un número bastante bajo, por el que nadie se sintió atraído. ¡Ése!, señores, había sido elegido ya por la suerte para ser el Gordo de Navidad de aquel año, y aún teniéndolo delante de las narices ¡nadie lo quiso!.. ¡¡¡yo tampoco!!!


Y ahora mismo, cuando son las 10:34 (lo estoy escuchando por la radio mientras escribo) para romper ese maleficio, el Gordo de este año ¡¡¡Ha vuelto a caer en Tenerife!!! concretamente en el pueblo norteño de Garachico, donde su administración nº1, ubicada en la calle Esteban de Ponte, ponía a la venta una serie del nº 79250.

Espero que esta vez los tinerfeños no lo hayan despreciado.

Miguel Ángel G. Yanes

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