29/12/15

UN REGALO NOCTURNO

Hasta hoy, nuestros pasos nunca se han cruzado, ni sobre la joven piel de América, ni sobre las arrugas de la vieja Europa, ni sobre estos picachos donde habito, aquí, frente a la costa occidental de África. No hemos mantenido correspondencia epistolar ni electrónica alguna, tampoco hemos hablado jamás, ni siquiera a través de esos cacharros celulares o fijos; pero aún así, siendo unos perfectos desconocidos el uno para el otro, José Larralde acudió cierta noche a mi vera a cantar un hermoso poema que le admiro.

José Larralde, cantautor argentino

Lo vi aparecer de pronto a los pies de mi cama, con esa facilidad que tienen los habitantes de los sueños para manifestarse sin permiso. Ataviado de gaucho payador, con su poblada barba ya canosa, las profundas arrugas de su rostro, y esa mirada que encierra un universo, pulsó al unísono las invisibles cuerdas de su garganta y las metálicas hebras de un cuerpo de mujer mitad madera, y todo el espacio se llenó, de repente, con la sonoridad rotunda de su voz entre mágicos acordes de guitarra.

Al despertar pensé (le ruego me disculpe) que habría fallecido, y de ahí lo de tan repentina e inesperada visita. Luego, con las luces de la mañana, y merced a tantos medios de información como ahora tenemos, comprobé con alivio que sigue vivo aquí, en este lado de la realidad, y que aún puede viajar por los distintos planos de la conciencia... mientras su cuerpo duerme.

Lo sentí tan real que le hice eco, hasta el punto de que, al despertarme, aún me temblaban en los labios sus estrofas:


Muchacha de los ríos, por favor,
prestame tu canoa, quiero ser
el rudo navegante bajo el sol,
sangre y sudor del litoral.

Machete en la cintura busco el monte,
la magia del quebracho* me atará.
Me aturdo entre la fiebre del pantano,
soy junco y barro del Paraná** ...

(*) quebracho.- Nombre genérico de varias especies de árboles americanos de madera muy dura.

(**) Paraná.- Territorio de la provincia de Entre Ríos (Argentina). Término alusivo también al propio río Paraná que atraviesa los países de Brasil, Paraguay y Argentina.

Miguel Ángel G. Yanes

25/12/15

TEQUILA


Atendiendo a la petición de mi amigo Fran Escuela, este ciudadano, que se confiesa un negado total para la música, va a atreverse a escribir algo sobre un conjunto de rock que hizo furor en las postrimerías de los años 70 y principios de los 80: Tequila.

Tequila (1978)

Siendo fiel a mi vicio de palabrero, quiero abundar, en primer lugar, sobre el nombre de la banda; aunque, por mucho que he buscado y rebuscado en Internet, solo he conseguido saber que les gustó Tequila porque era un nombre corto y sonoro, pero no he logrado averiguar el motivo que los empujó a decantarse por él.


La palabra tequila es de origen náhuatl (tequitl: trabajo u oficio; tlan: lugar) y se refiere, a la vez al, lugar de trabajo y a la labor específica de cortar plantas; define a una variedad de mezcal (licor extraído del agave azul, también llamado maguey o pita) y viene a ser una denominación de origen exclusiva del municipio mexicano de Tequila en el estado de Jalisco.

Agave azul

Una vez aclarado el significado y la procedencia de la palabra, voy a intentar entrar en harina:

Huyendo de la dictadura que el general Videla y sus adláteres habían impuesto en Argentina (año del Señor… Dictador de 1976), llegan a España las familias Stivelberg y Rotenberg, y en su seno, dos prometedores jóvenes: Alejo y Ariel.

Serán estos muchachos, de entre 16 y 17 años, unos enamorados del rock e incondicionales de los Rolling Stones, el germen inicial de lo que, en poco tiempo, llegará a ser la banda roquera más importante de este país. Simplificarán sus apellidos y serán conocidos, en adelante, como Alejo Stivel y Ariel Rot.

The Rolling Stones (1978)

Comienzan su andadura musical en aquel Madrid convulso aún por el desmoronamiento oficial del Régimen Franquista, formando parte de la Spoonful Blues Band, integrada ya por Julián Infante (guitarra), Felipe Lipe (bajo) y El Oso (batería). Es en 1977 cuando deciden cambiar el nombre por Tequila.

A raíz de que El Oso es llamado a filas (en aquella época el servicio militar continuaba siendo obligatorio), viene a ser Manolo Iglesias quien ocupa su puesto en el conjunto, quedando la formación definitiva estructurada así:

Alejo Stivel (voz)
Ariel Rot (guitarra solista)
Julián Infante (guitarra rítmica)
Felipe Lipe (bajo)
Manolo Iglesias (batería)


Su primer Long Play o “disco microsurco de larga duración” (ése era su verdadero nombre en castellano) girando a 33 revoluciones por minuto y titulado “Matrícula de honor”, fue grabado en el 77 y vino a ser un soplo fresco y renovador que agitó e hizo temblar al rock sinfónico imperante en la España de aquella época. Algunos de sus temas dejaban traslucir un gran dominio instrumental, aderezado con unas letras rebeldes y provocadoras, tremendamente necesarias en aquellos instantes para agitar la conciencia de la juventud.

En el verano del 77 se hacen los amos de todas las plazas de los pueblos que visitan. No en vano, el tema estrella de esa gira veraniega viene a ser “Rock and roll en la plaza del pueblo”.

Es entonces cuando, los Tequila, surgidos del underground madrileño y precursores de la Movida, comienzan a ser tratados como verdaderos ídolos, no solo por ingentes tropas de fans, sino por los medios de comunicación y revistas musicales del momento.


Componen  y ensayan en un local de la calle Arturo Soria. Allí, entre acordes, punteos y redobles de percusión, envueltos por el humo del cannabis, fluye auténtico rock. Crean la mayoría de sus canciones en aquella atmósfera mágica, donde la música y el denso aroma de la “maría”, forman un todo indivisible.

Tras un año de éxito, graban su segundo álbum: “Rock and roll”, considerado por los entendidos como una de las mejores producciones discográficas hasta aquella fecha. Cabe destacar la calidad de la carátula de este LP, algo que seguirán cuidando con esmero en los siguientes. Ese nuevo disco marca todo un hito en la historia de la banda, no solo en cuanto a calidad se refiere, sino por alcanzar con él el máximo de ventas de toda su trayectoria: unas 160.000 copias.

Es entonces cuando Gay Mercader, más su mentor y amigo que su manager, decide hacerlos actuar en Barcelona, dejándoles establecerse incluso en su propia casa en las diversas visitas que realizan a la ciudad condal, donde sus actuaciones resultan multitudinarias. Pero esa relación no duraría, ya que, a principios de los 80, deciden prescindir de Gay y cambian de representante.

Gay Mercader

Recorren el país en una furgoneta, por lo que, prácticamente, viven en la carretera dados sus continuos desplazamientos de un lugar a otro para actuar, por lo general, todos los fines de semana.

En 1980 se trasladan a Londres para grabar el que será su tercer álbum, “¡Viva Tequila!”, pero a pesar su excelente repertorio y la calidad de su sonido, se venderá menos que el trabajo anterior. Aun así, Tequila, en sus conciertos en directo, continúa triunfando.

Luego vino el asunto de una distribuidora japonesa que les propone promocionarlos en su país, a lo que ellos, sin una clara visión del asunto, acceden de inmediato, pero esa aventura resultará un rotundo fracaso en cuanto a ventas se refiere, lo que provoca, cómo no, la inmediata desaparición de sus promotores nipones que los dejan con el “orto” al aire.


A esas alturas ya no es la marihuana, sino la heroína la que se ha infiltrado entre ellos para, junto con la precariedad económica que padecen, hacerse la dueña del cotarro, lo que se traduce en continuas tensiones que comienzan a gestar el desmoronamiento del grupo.

Aún así, siguen en lo más alto del candelero y deciden repetir Londres como ciudad donde sacar a la luz su cuarto LP, “Confidencial”. Pero no logran, ni por asomo, alcanzar las cifras de “Rock and roll”. Apenas se venden 50.000 ejemplares.

Las cosas se lían en el seno de la banda, lo que lleva a la expulsión de Felipe que será sustituido por Álex de la Nuez (Zombies) para las actuaciones en directo. Pero no será solo en el ámbito privado donde las cosas se compliquen: el movimiento punk, ya afincado en España, les planta cara en Barcelona e impiden su actuación arrojándoles botellas de cristal, lo que los obliga a retirarse del escenario sin haber finalizado siquiera su primera canción.


Para colmo de males, la discográfica Zafiro, que años atrás, actuando de mala fe, había registrado el nombre Tequila como suyo, aprovecha el despiste monumental de sus integrantes (que no caen en la cuenta de frenar la renovación automática del contrato) para encadenarlos por cinco años más en las mismas condiciones, lo que sumado al creciente consumo de drogas, a la falta de dinero y a los problemas personales entre ellos, los arrastra irremisiblemente a su desintegración como grupo.

Corre el año de 1983. Aquella hermosa y mágica aventura ha tardado seis años en difuminarse.

"Vuelve Tequila" (2008)

Y lo que son las cosas, en 2008, veinticinco años después de su disolución, y a pesar de que ya, ni Manolo Iglesias, ni Julián Infantes, fallecidos ambos a causa del sida, estaban entre ellos, el resto decide darse otra oportunidad, apareciendo en directo el 6 de julio de ese año, en el festival Bilbao BBK Live, aunque en última instancia, Felipe Lipe (bajo) decidió descolgarse, por lo que la nueva versión de la banda quedó conformada por:

Alejo Estivel (voz)
Ariel Rot (guitarra solista)
Josu García (guitarra)
Mac Hernández (bajo)
Daniel Griffin (batería)
Mauro Mienta (teclados)


La idea era efectuar una gira durante los meses de julio y agosto de ese año, pero al final el proyecto duraría hasta septiembre de 2009.

Hasta aquí lo que este ciudadano (que, les recuerdo, es un batata musical) sabe de esa mítica banda de rock que revolucionó el panorama español en aquellos años duros e ilusionantes.

No obstante, atendiendo también, a mi sinsentido del humor, no quiero acabar este artículo sin hacer mención a una nota que, los antiguos componentes del grupo escribieron a sus fans del sexo femenino.


Parafraseando la famosa frase de “Te quiero un huevo”, decía así:

¡¡Tías, os queremos una docena de huevos!!

Y bajo ella firmaban los cinco.


Pero claro, a mí, que soy un pijotero, y de Letras para más inri, no me cuadraba la cuenta.

5 x 2 = 10

¿De quién coño eran los huevos que faltan?


Miguel Ángel G. Yanes

23/12/15

RICARDO ACIRÓN


El pasado 17 del presente mes, falleció en Pamplona (Navarra) Ricardo Acirón Royo, un hombre, para mí, íntegro en toda la extensión de la palabra.

Nacido en un frío pueblo de Teruel, Camireal, allá por los años de la Segunda Gran Guerra, vino a dar a estas islas ahítas de sol, para asentarse en ellas, fundar aquí su familia y convertirse en un canario más de corazón.

Su amplia biografía, cuajada de títulos y distinciones, lo definen como uno de los grandes maestros del periodismo actual.

 Facultad de Periodismo - Universidad de La Laguna

Quiero hablarles de un detalle suyo que tuvo repercusión, a nivel humano, entre sus alumnos:

Cuando las cabezas pensantes del estado español decidieron implantar el Plan Bolonia, se tomó la Universidad de La laguna, y en concreto la Facultad de Periodismo, como conejillo de indias , y allá que se embarcaron todos, docentes, alumnos, cuerpo administrativo... en esa nueva singladura.

Hubo sus más y sus menos, sus dimes y diretes, sus toma y dacas, pero, a la postre sacaron adelante aquel proyecto, lo que llevó a que, la primera promoción de Grado en Periodismo de este país, atendiendo a las directrices europeas, correspondiera a la universidad lagunera.

La Pirámide de Guajara

Dicho esto, quiero romper una lanza en memoria de Ricardo Acirón, ya que, fue el único de entre todos los profesores de la Facultad, que acudió al acto de esa primera Orla de fin de Curso, que tanto se habían currado los alumnos, como demostración de agradecimiento a quienes los habían formado en esa nueva etapa de la enseñanza.

Entiendo que esos actos sean harto rutinarios y cansinos para los enseñantes, y que no les den ni un ápice del valor que le otorgan los alumnos; pero yo (que estuve allí como padre) los vi tristes y decepcionados ante la masiva ausencia de profesores... con una honrosa excepción:

Ricardo Acirón Royo

No quiero cerrar esta entrada sin hacer mención a su amigo, el político y escritor italiano G. Mazini, quien deja constancia del  buen hacer, la honradez y la seriedad que caracterizaban a Acirón, con una frase ajena que parece escrita ex profeso:

"Los individuos mueren, pero todas las verdades que han tenido y las cosas buenas que han hecho, no se pierden con ellos, la humanidad las recoge y los hombres que pasan por su sepultura las aprovechan"

Miguel Ángel G. Yanes 


21/12/15

LOS "TRIPLE ICOS"

Esto de ser "triple ico", es decir: paranoico, neurótico y esquizefrénico, le da mucho juego a uno para escribir lo que le venga en gana. Verán:

Hoy me apetece decir que hay unas entidades que me vigilan constantemente; y no son la Policía Nacional, ni la Guardia Civil (que también), ni la CIA, el MI6 o el Mossad. Se trata de entidades procedentes de otro plano y, tal vez, todo lo que escribo me lo soplen ellas (tonterías y estupideces aparte) porque, al parecer, tengo encomendada una "misión": ser vocero de unos tíos... o tías (no lo tengo muy claro) que, carentes de soporte físico, necesitan unos operarios baratos que puedan hacer llegar sus "mensajitos" al resto de los humanos.


Sé que no estoy sólo: somos legión, aunque no nos agrupemos en cohorte, manípulo, ni centuria alguna. Carecemos de contrato, no tenemos condiciones laborales definidas, ni siquiera salario, pero seguimos empeñados, como buenos "icos", en transmitir lo que nos filtran, desde algún lado, unos "sembradores de conciencia".


Imagino que este desperdigado ejército donde caben todo tipo de razas, culturas, religiones, tiene también sus pautas de conducta. Tal vez no sea sólo una tontería mía, cruzar los brazos sobre el pecho cuando, al anocher, dirijo la mirada hacia Orión, enmarcado en el cénit de la noche invernal, o tal vez seamos una avanzadilla de nuevos ángeles rebeldes. Tal vez, digo.

Hace tiempo que entendí que los lados, sitios o planos, tienden a infinito, y que la cuestión del aprendizaje terrestre estriba en superar no sólo la tridimensionalidad de nuestro mundo, sino en transmutar nuestros demonios: miedo, cólera, egoísmo, avaricia, orgullo, vanidad... por sus contrapartidas, porque mientras arrastremos ese peso, nuestra conciencia no podrá evolucionar para acceder a otras dimensiones. Es más, ateniéndonos solo al plano físico: sin hay otros seres en el espacio exterior (que los hay) no pueden permitirnos salir de esta esfera hasta que no alcancemos, como especie, el nivel adecuado; porque llevaríamos el odio, la avaricia y la guerra a donde quiera que vayamos.


No tenía que haber contado esto, pero hay situaciones en la vida en las que te ves impelido a desobedecer las normas y "largar" lo que crees saber, aunque los demás te consideren un pobre majareta.

 "TODOS SOMOS UNO"

Miguel Ángel G. Yanes

19/12/15

LA FRASE DE UN VENEZOLANO DE ADOPCIÓN

"Ernesto* se marchó de Cuba para que no le ocurriera lo mismo que a Camilo**, pero le salió el tiro por la culata... Y el que no me ha entendido, tiempo ha tenido".


Esta frase la escuché en boca de un viejo gomero (venezolano de adopción) que, cierto día, llegó al bar del amigo Tasito haciendo gala de un poderío económico incontestable, hasta el punto de que, secándose las lágrimas de la rabia, porque el día anterior Hugo Chávez había vuelto a ganar la presidencia venezolana, se dirigió en voz alta a los parroquianos, diciendo:

- ¡Tomen lo que quieran que yo pago!

Y al final pagó... ¡lo suyo, claro!

(*) Ernesto "Che" Guevara
(**) Camilo Cienfuegos

Miguel Ángel G. Yanes 
 

17/12/15

DOS MUJERES SEVERAS

De mis años mozos, recuerdo con cierto afecto a dos profesoras: Fuencisla y Sara. No dejo de reconocer que, en común, se mostraban como dos mujeres atípicas: joven una, mayor la otra, pero secas y cortantes, tendentes a un exceso de severidad con los alumnos; no sé si por exceso de carácter o por autodefensa.


Fue una de ellas, Fuencisla, profesora de literatura en el colegio donde cursé estudios hasta la llegada al instituto, quien me empujó a escribir en aquellos años, aún tiernos para mí de la adolescencia, y aquí sigo, sin parar aún, merced a ella.

Muchos años más tarde la volví a ver en la cafetería de la universidad; seguía siendo la misma mujer que yo recordaba: guapa, elegante, de grandes ojos y oscura melena, a la que, haciendo gala de mi contumaz timidez, apoyado en la barra, muy cerca de ella, no me atreví a saludar, porque departía con otras personas. No he vuelto a verla jamás.


Sin embargo a Sara (profesora de Física en el instituto) bajita, delgada, de pelo corto y dentadura prominente, soltera empedernida, la solía ver más a menudo, ya que, coincidíamos con relativa frecuencia paseando por las calles de esta ciudad nuestra de Santa Cruz de Tenerife.

Ambas me aportaron una serie de conocimientos en diferentes etapas de mi vida; cada una en su área de enseñanza, claro está. Es por ello que quiero mostrarles mi agradecimiento a través de estas líneas, porque aun siendo mujeres severas, tenían el mágico don de la enseñanza y la suficiente pedagogía para hacerla fluir hacia sus alumnos, a poco que uno les prestara la debida atención. Y si lo descubrían, te habrían un trocito de su alma.


Miguel Ángel G. Yanes 

15/12/15

LA IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA

No pude participar en las jornadas del pasado 28 de noviembre en defensa de la asignatura de Filosofía. Bajo el lema “Si la quitan de las aulas #FilosofíaEnLaCalle #28N”, se impartieron durante todo el día clases en la calle para llamar la atención sobre el daño que la LOMCE hace a esta asignatura.


Lo primero que hay que decir es que el tema es mucho más grave de lo que podría parecer si atendemos tan solo al descalabro de la asignatura en los planes de estudio. Cuando una sociedad olvida lo que significa la filosofía está perdiendo algo que, desdichadamente, sólo la filosofía misma es capaz de explicar. Se puede resumir en las palabras que Sócrates dirige al tribunal que acaba de condenarle a muerte.
“No estoy enfadado –les viene a decir Sócrates– porque me hayáis condenado. ¿Quién sabe si la muerte es algo bueno? ¿Quién sabe si, como suelen decir, iré a parar al Hades, donde me encontraré con Ulises, con Agamenón, con Aquiles, con muchos hombres célebres que murieron hace tanto tiempo? Será maravilloso aprovechar entonces para dialogar con ellos. En todo caso, los de ahí no podrán matarme por eso, pues ya estaré muerto. O quizás la muerte sea sólo la nada, como esas noches en que uno duerme sin soñar un solo sueño. Eso tampoco me parece muy malo. En cambio hay una cosa que seguro que sí que es mala: cometer injusticia y desobedecer al que es mejor, tanto dios como hombre, y hacer cosas impropias de un hombre libre. Es absurdo aferrarse a la vida si se pierde aquello por lo que merece la pena estar vivo. Ahora, yo tan sólo voy a perder la vida; vosotros, vais a perder aquello que hace a la vida digna de ser vivida. Así pues, ¡venga, atenienses!, aquí nos despedimos. Yo a morir y vosotros a vivir. Quién de nosotros se dirige a un destino mejor es algo desconocido para todos, excepto para el dios”.
Sócrates a punto de tomar la cicuta

Con esto quiero decir que la filosofía no es sólo una asignatura entre otras. Más bien es el testigo en el sistema de instrucción pública de que el resto de las asignaturas, e incluso la vida misma, pueden merecer la pena. Que son de esas cosas que tienen dignidad y no precio. Si no se entiende esto, es que ya se ha perdido lo esencial y es como si la asignatura misma ya hubiera desaparecido de facto.
Lo que más me ha sorprendido en algunas de las defensas de la asignatura que se han planteado en estos días es que los abogados eran a menudo más dañinos que los fiscales. O por decirlo de otra manera, semejantes “defensores” me han recordado a los amigos de Job que se proponen reconfortarlo haciendo de abogados de Dios y diciéndole, “algo habrás hecho para que te esté pasando todo esto”. Lo mismo ha pasado aquí con el ministro Wert. Es una manera extraña esta de defender la filosofía diciendo que si la filosofía ha desaparecido…, por algo será, algo habrá hecho para que se le haga justicia de este modo. Job responde a sus amigos: “¿Defenderéis la causa de Dios con mentiras?”. Ciertamente, la causa de Dios no se defiende con mentiras, pero la del ministro Wert, sí. Se ha llegado a decir que la asignatura de Filosofía fue ¡“un invento del franquismo”! (igual podría decirse que lo fue la vacuna contra la polio, felicitarse en consecuencia por su eliminación y divertirse con las paradojas de su retirada). La cosa viene de lo que yo creo que fue un debate muy sobrevalorado (y a la postre también muy mal entendido), el debate entre Manuel Sacristán y Gustavo Bueno sobre “el lugar de la filosofía en los estudios superiores” y, más aún, sobre “el papel de la filosofía en el conjunto del saber”, debate que tuvo lugar entre 1967 y 1970 (Gustavo Bueno lo reabrió en 1995 con una intervención sobre “el lugar de la filosofía en la educación”). Esta polémica tuvo un sentido relativo y discutible ya en su época, muy determinado en todo caso por un contexto político de oposición al franquismo, en el que la enseñanza reglada de la filosofía cumplía un papel apologético abominable. Pero nunca he comprendido que lo que entonces se dijo haya podido llegar a servir de pauta para juzgar sobre el asunto en general.

Manuel Sacristán

La herencia de este debate, desdichadamente convertido en clásico, ha sido nefasta desde todos los puntos de vista si atendemos a la historia de los efectos. El resultado en general puede resumirse en una perversa e inesperadamente novedosa reconciliación de las posiciones de Sacristán y de Bueno, que aúna a ministros y enfants terribles de la escena cultural española. La filosofía, se dice, es “un saber de segundo grado” y, por lo tanto, no tiene sentido su estudio si previamente no se han estudiado matemáticas, física o, en fin, alguno de esos saberes “de primer grado” a los que consideramos ciencias. Y en consecuencia, pretendiendo defender a Job, inesperadamente, resulta que acaba defendiéndose a Dios (a Wert, en este caso): progresiva supresión fáctica de las asignaturas de Filosofía en el bachillerato y (poco a poco) de las Facultades de Filosofía en la Universidad. Incluso es habitual decir cosas tales como que no otro es el sentido del famoso friso de la Academia de Platón: “No entre aquí quien no sepa geometría”, en virtud del cual, por lo visto, la necesaria supresión de las Facultades de Filosofía, y de la correspondiente licenciatura (hoy “grado”), debería complementarse con la creación de una especie de segundo ciclo asignado (como pedía Sacristán) a un “Instituto central o general de Filosofía” en el que los doctores “científicos”, pero también “profesionales”, “técnólogos” y “artistas” (“miembros”, que no “profesores”, de la susodicha institución) pudieran dialogar e intercambiar impresiones y ocurrencias (“reflexiones”, decía él) “filosóficas”, realizar pertinentes labores de “asistencia” a la investigación y, por supuesto, formar a los futuros “doctores” en filosofía (en ningún caso “licenciados”, pues como hemos dicho, la licenciatura no existiría y para acceder al Instituto ─como estudiante─ habría que ser ya licenciado en alguna especialidad universitaria).

Gustavo Bueno

La postura de Gustavo Bueno fue, desde luego, mucho menos despectiva respecto a la sustancialidad de la filosofía, pero sus efectos, a la postre, no han sido muy distintos (por eso hablo de reconciliación de hecho) y los que hemos sido profesores en la Facultad de Filosofía en estos últimos treinta años así lo hemos comprobado y lamentado. La idea de que la filosofía viene “después” ha llevado de hecho a muchos excelentes alumnos convertidos al “Buenismo” a abandonar la carrera para emprender estudios de matemáticas o de física. Y el caso es que, la mayoría de las veces, no ha habido camino de vuelta, sino que más bien se ha cultivado un altanero desprecio por la filosofía (a excepción de los textos sagrados del maestro Bueno) y, desde luego, por la Facultad de Filosofía (en la cual, obviamente, siempre hay mucho que despreciar, pero ni mucho menos tanto como se pretende, porque también ocurren ahí cosas inmensamente bellas y de increíble dignidad epistemológica, como demuestran todos los años decenas de profesores, becarios y alumnos admirables).

La Filosofía
"Causarum Cognitio Castitas Est"

Desde luego que lo ideal sería que los matemáticos y los físicos supieran filosofía y los filósofos supieran matemáticas o física, y ya de paso, por qué no, historia, lingüística, griego, latín, biología, antropología, economía y, por supuesto, derecho constitucional y procesal. Pero como en la finitud de nuestra pobre existencia mortal no cabe todo, pues, al final, no veo yo que por ese camino se haya logrado evitar que, así en general, los matemáticos y los físicos no digan más que tonterías cuando hablan de Descartes, de Kant o de Hegel y que, al mismo tiempo, los profesores de filosofía no vivan como una enorme limitación eso de no saber una palabra de termodinámica o de física cuántica (aunque esta situación, al ser más modesta, es menos nociva para el “conjunto del saber”).

Descartes                             Kant                                Hegel

En cambio, hay otros perfiles de alumnos muy interesantes  y que no avalan precisamente la tesis esa de que la filosofía sea un “saber de segundo grado” (al menos, si se entiende esto como se suele entender, aunque hay que decir que la postura original de Gustavo Bueno era mucho más precisa y compleja). En primer lugar, muchos alumnos llegan a la Facultad de Filosofía “rebotados” de Exactas, Física, Derecho o, incluso, muchos, de Bellas Artes. Y vienen a Filosofía porque estaban hartos, según dicen, de no tener ni idea de qué carajo estaban haciendo ahí, hartos de aprender matemáticas o física como quien aprende una herramienta para hacer operaciones hipercomplicadas que sirven de respuestas y respuestas a preguntas que jamás han sido planteadas. Vienen a Filosofía con la esperanza de enterarse de algo respecto a lo que ahí, en Exactas, Física o Bellas Artes, habían estado practicando. Y hay, además, otro perfil de alumno muy interesante. Suelen ser estudiantes que terminan la carrera de Filosofía con un enamoramiento tan intenso por el saber que, inmediatamente, emprenden (a veces en condiciones económicas y vitales muy precarias) la carrera de Matemáticas, Física o Derecho. Para ninguno de estos dos perfiles la filosofía ha sido, en absoluto, un saber “de segundo grado”.


Y es que la filosofía no es un saber de segundo grado. Respecto a los saberes científicos y positivos de su época tiene un papel de primerísimo grado, en el sentido de que no es posterior, sino más bien, anterior. Aunque con una anterioridad no cronológico-empírica. Desde luego, eso hace que la filosofía “levante el vuelo al atardecer” y que, en cierta forma, tenga que venir después, pues no se puede ser anterior a algo sin que haya algo. Lo que ahora me interesa dejar bien sentado es que pretender sacar de esta “posterioridad de lo anterior” (un asunto filosóficamente muy interesante, sin duda; de hecho, y sin ir más lejos, todo el concepto kantiano de “lo trascendental” consiste en ello) una receta temporal para elegir carreras o colocar asignaturas en un plan de estudios es comprar todas las papeletas para meter la pata con seguridad. Yo, al menos, estoy hasta las narices de escuchar tonterías al respecto. Y, por cierto, creo que precisamente Gustavo Bueno, que en esta polémica sostuvo el que la filosofía “trabaja en un plano trascendental” (y justamente por ello defendió la existencia institucional de la filosofía académica) no estaría del todo en desacuerdo conmigo. En todo caso, estoy seguro de que le horrorizaría la versión “habermasiana” de esta tesis que muchos de sus discípulos han difundido por ahí.


1) Empecemos por el asunto de la enseñanza secundaria y el bachillerato. Puestos a pedir la luna, en estos tiempos en los que (desde la derecha y desde la izquierda) todo el mundo parece que aboga por los eclipses, pienso que el papel de la filosofía debería ser tan absolutamente anterior respecto del resto de las asignaturas que lo que habría que hacer es subordinar todos los departamentos al departamento de Filosofía. Lo que no se puede admitir es que los alumnos no paren de aprender respuestas a preguntas que no saben plantear. Cuando estudié matemáticas y física en el antiguo COU (curso de orientación universitaria) me adiestré, como todos mis compañeros, en resolver las más enrevesadas integrales y derivadas sin tener ni la menor idea de lo que era el cálculo infinitesimal. Tuve que esperar a tercero de mi carrera de Filosofía para que, estudiando a Leibniz y Newton, comprendiera un poco lo que había estado haciendo. Me desespera recordar el año de primaria en que se nos obligó a resolver raíces cuadradas kilométricas, cuando obviamente habría bastado con entender el concepto y que las calculadoras se ocuparan del resto. Porque, en efecto, lo desesperante en estos casos no es -como tantas veces se dice- que se enseñen cosas que no se sabe “para qué sirven”, sino que se enseñen cosas que no se sabe lo que son, que te enseñen a hacer piruetas para resolver operaciones sin haber entendido el concepto teórico de lo que estás haciendo.
Pese a lo que tantos expertos en pedagogía tienden a decir, lo que falta en la enseñanza secundaria y primaria no son prácticas, lo que falta es teoría. Hay, sí, una desquiciante acumulación de contenidos, que tiende a aprenderse disparatadamente de memoria. Pero esa sobreacumulación no es mala porque sean contenidos, sino porque, precisamente, no lo son. Se aprenden recetas para resolver problemas, se adiestra a los muchachos en una especie de gimnasia agotadora y desproporcionada, sin dejarles ni tiempo ni ganas para pensar un rato en lo que están haciendo. Lo peor ha sido el diagnóstico de los pedagogos. Según ellos sobran contenidos y faltan métodos prácticos de aprendizaje. Es todo lo contrario: sobra aprendizaje (de prácticas ciegas y mecánicas) y faltan verdaderos contenidos. La lista de los reyes godos no es un contenido conceptual, es un listado que se puede llevar escrito en el móvil o en cualquier otra chuleta. Pero, por lo mismo, la resolución de integrales o derivadas no es un contenido, sino un ejercicio gimnástico sin sentido que te quita el tiempo y las ganas de comprender lo que es el cálculo infinitesimal. En el bachillerato y la secundaria habría que centrarse en los conceptos, que no son tantos. No pasaría nada, en efecto, porque, por una vez, se confiara un poco en eso que dijo Aristóteles de que todos los seres humanos desean por naturaleza saber y, en lugar de buscar motivaciones lúdicas, psicológicas y heterónomas para el conocimiento, se apostara por aquello que tiene de atractivo el conocimiento en sí mismo. En lugar de aprender jugando (lo que en el mejor de los casos sirve para jugar en lugar de aprender), no pasaría nada por apostar un poco por el juego del conocimiento.

La hermosura de la Filosofía

Y este sería, para empezar, un buen papel que la filosofía debería cumplir en la enseñanza secundaria y el bachillerato. Cuidar de que no se aprendan técnicas sin sentido para la resolución de problemas que nadie sabe plantear; y recordar, respecto del resto de las asignaturas, que lo fundamental es comprender lo que se está estudiando. En definitiva, contrarrestar mediante el conocimiento de la historia de la filosofía y la reflexión sobre los problemas fundamentales de la lógica, la metafísica y la ética, la inexorable tendencia a reducir la instrucción de los alumnos en las llamadas materias “científicas” a un adiestramiento operatorio. Todo lo que se encarga a las oficinas de la Pedagogía debería estar en manos de los Departamentos de Filosofía. Y el resultado, estoy seguro, sería mucho mejor desde un punto de vista pedagógico. Ya digo que soy muy consciente de que esto es pedir la luna, pero por pedir que no quede. La filosofía debería ser la columna vertebral de la enseñanza secundaria y el bachillerato. El resto de los departamentos deberían estar subordinados al de filosofía. En cuanto a las asignaturas mismas de Filosofía e Historia de la Filosofía, debería contar con mucho más peso docente y, por supuesto, liberarse de la dictadura delirante a la que la somete el examen de selectividad, que obliga al alumno a aprenderse de memoria una lista absurda de disparates que supuestamente han dicho unas supuestas escuelas filosóficas que, en realidad, jamás han existido.

Diógenes Laercio

2) Pasando al asunto de los estudios superiores: puestos a decir que la filosofía es un saber de segundo grado y que debería estudiarse otra carrera previamente para poder estudiar filosofía (y cosas de este estilo que suelen repetirse), yo diría que hay que proponer lo contrario, es decir, que nadie cursara un estudio superior sin antes haber cursado un grado de Filosofía muy exigente. Al menos para los estudios más teóricos como las Matemáticas, la Física, la Sociología o el Derecho. No hace falta que se me diga que esto es inviable, que ya lo sé. Y que no se trata de esto, ya lo sé. Pero sería muy razonable. Porque lo que no se puede hacer es cursar estudios superiores sin comprender lo que significa que sean “superiores”. Y eso solo se puede comprender desde la filosofía (no necesariamente, es verdad, cursando la carrera). Es muy terrible, por ejemplo, escuchar hablar a los sociólogos o a los juristas de Kant, de Locke o de Hegel o de Descartes. Y lo malo es que no estoy muy seguro de que desde esa indigencia se pueda entender muy bien a Max Weber, a Hans Kelsen o a Carl Schmitt. Y lo mismo, aunque no tanto (porque hablan menos de eso), ocurre con los físicos o los matemáticos.

"Si desahucian a Platón... ¡la jodimos!"

De paso, conviene resaltar (ya que el tema también salió en las referidas Jornadas #FilosofíaEnLaCalle #28N), que si se aplicara hoy en día el famoso y ya citado lema de Platón –“no entre aquí quien no sepa geometrizar”–, no es cierto que sirviera para restringir drásticamente el ingreso en la Facultad de Filosofía, sino que lo haría, más bien, precisamente, respecto a la Facultad de Matemáticas (y todas las facultades teóricas). Para entrar en la Academia no se exigía saber el teorema de Pitágoras, la tabla de multiplicar o el cálculo de matrices. Lo que se exigía era saber distinguir lo que era un estudio superior, es decir, saber distinguir lo que era el saber teórico respecto a todo el entramado de los saberes prácticos, míticos, religiosos, artesanales, etc., en los que los ciudadanos eran ya siempre, de una u otra manera, expertos o especialistas. Por eso Platón insiste una y otra vez en que la aritmética, la geometría, etc. (las llamadas ciencias matemáticas) son “enteramente distintas de lo que de palabra dicen de ellas quienes las practican” (Rep. 527a), es decir, quienes intentan satisfacer las demandas de “los comerciantes y mercachifles” (525c). Si no se plantea en qué sentido la matemática está enteramente anclada en el “giro” del alma desde “el mar de la generación” hacia “la verdad y la esencia” (ibid.), giro en el que consiste la filosofía y cuya dramática autoconciencia es la historia de la filosofía , los matemáticos se convierten en unos especialistas o expertos entre los especialistas y expertos (frente a los cuales surgió precisamente la filosofía) poseedores de técnicas para resolver crucigramas y acertijos muy complicados, que quizás luego son útiles para que los ingenieros construyan puentes y los inversores apuesten calculadamente por su construcción. Ese saber de especialista podrá ser muy complicado y meritorio, pero no tiene nada de “superior”, porque no tiene nada de teórico. Insisto en que no estoy haciendo ninguna propuesta, no soy tan ingenuo. Intento tan solo dejar de escuchar tonterías que denigran a la filosofía y malentienden lo que es un saber científico. Puestos a decir cosas tales como que primero habría que estudiar una ciencia para luego poder estudiar filosofía, es más adecuado plantearlo al revés y decir que la carrera de filosofía debería ser una puerta obligatoria para las facultades teóricas. Pues, de lo contrario, corremos el riesgo de quedarnos sin filosofía y de paso, sin ciencias, convirtiendo la Universidad en lo que, de hecho, ya se está convirtiendo: una escuela de especialistas en técnicas demandadas por el mercado. 


Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna
Carlos Fernández Liria
12/12/2015

13/12/15

30 AÑOS DESPUÉS


Tengo la costumbre, no sé si buena o mala, de ponerle fecha a los libros que compro o me regalan (estos son bien pocos); por eso sé que el que tengo entre en las manos, lo leí hace la friolera de 30 añazos ya.

Hoy ha vuelto a aparecer, como por arte de birlibirloque, con los colores de la portada desvaídos, las hojas amarillas y un olor a viejo y a humedad, como el que ya me ronda, y no he podido resistirme a la tentación de volverlo a leer.

Se trata de una curiosa obra titulada "El Superhombre" (Der Übermensch*), del escritor y científico alemán Johannes Von Buttlar (1940), editada por Plaza & Janés en abril de 1985, y que, para ser un libro de edición de bolsillo, tenía un elevado precio para aquella época: 375 pesetas, según consta en la contraportada.

Johannes Von Buttlar

El autor toma como punto de partida una catástrofe planetaria, de la que sólo dos individuos logran subsistir: un futurólogo y un periodista que, entre las ruinas de la civilización, entablan un diálogo a través del cual, el autor, explica el origen del universo, el desarrollo de la vida y la ascensión del ser humano en este planeta del sistema solar.

Aportando una serie de datos impresionantes, Von Buttlar, con una tremenda visión de futuro, las da todas en el clavo:

El calentamiento global, las guerras por el petróleo, la disminución de la capa de ozono, los avances tecnológicos, las nuevas medicinas, el auge de los alimentos preparados... y, cómo no, otros asuntos aún por
llegar o descubrir: la eolípila, el fuego frío, los quarks y antiquarks, la crisis en función de la demanda, la manipulación del clima, el acceso a otras dimensiones y, principalmente, la expansión de nuestra conciencia como seres cósmicos, llamados a integrarnos en el Gran Todo del espacio-tiempo, y pasar a ser "Homo Superior" o "Superhombre". Todo ello, claro está, si no llegamos a destruirnos antes a nosotros mismos como preconiza Von Buttlar.


 (*) Übermensch.- Término ya empleado por Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 - 1900), y con anterioridad por Johann Kaspar Schmid, más conocido como Max Stirner (1806 - 1856), ambos filósofos alemanes.

 Miguel Ángel G. Yanes

9/12/15

EL SINO DE LOS LIBROS

Hay una película de 1966 del afamado director cinematográfico François Truffaut, titulada "Fahrenheit 451" (la temperatura a la que arde el papel, equivalente a 233º Celsius) basada en la novela homónima del escritor estadounidense Ray Bradbury que, publicada en 1953, nos asoma a una realidad distópica*
 

La trama de la obra gira en torno a Guy Montag, que es uno de los bomberos a los que, el gobierno, encarga la misión de quemar todos los libros, ampárandose en la premisa de que cuanto menos sepa el pueblo más feliz conseguirá ser, ya que, el hecho de leer genera angustias y preguntas sin fin en los ciudadanos, lo que los lleva a cuestionar las acciones gubernativas e incluso a la desobediencia. Pero este bombero, a raíz de que sus superiores le encargan quemar una casa en la que existía una biblioteca, comienza a cuestionarse el sistema cuando, ante su asombro, la anciana propietaria se niega a abandonar la vivienda, y es ella misma la que se inmola prendiendo fuego a los libros.

Montag, realmente impresionado por el sacrificio de la anciana, se plantea conocer los ideales por los que lucha aquella gente y, a hurtadillas, rescata un libro de las llamas y se lo lleva.


Cierto día, Montag conoce a una vecina que era maestra y, desobedeciendo la ley que prohíbía entablar amistades, comienzan a relacionarse. Esto implica que ella, que era de las personas que, contraviniendo lo establecido, aún leían libros, convenza a Montag de hacer lo mismo

Una noche, la maestra es delatada, pero consigue huir. Posteriormente logra contactar con Montag y lo invita a unirse a la resistencia de los hombres-libro: grupos de personas que vivían escondidos y se aprendían, cada uno, un libro de memoria para después transmitirlo oralmente sin quebrantar las leyes. Montag le contesta que no está preparado para eso y se separan.


Poco tiempo después, la esposa de Montag descubre que su marido posee libros, y ante su irrevocable decisión de conservarlos quebrantando la ley, decide denunciarlo, por lo que él se ve abocado a buscar refugio entre los hombres-libro, donde vuelve a encontrar a su amiga la maestra, y así comienza a memorizar un determinado libro para luego poder transmitirlo a generaciones futuras.

No sé yo cuál será el papel de los libros de ídem en el futuro: si serán sustituídos por los electrónicos, si convivirán ambos, o sí terminarán desapareciendo los unos y los otros. 


Para mí sería una tragedia infinita que los libros de papel estuvieran abocados a la extinción, aunque,  en contra de todo lo previsto, existe margen para la esperanza: "al parecer, el triunfo del libro digital sobre el analógico no termina de cuajar. Varias cadenas de librerías y grandes comercios cierran los ejercicios con ventas crecientes en libros de papel. Casi ocho de cada diez siguen siendo de tinta impresa"**.

El interés de lectores y editoriales hacia el libro digital está disminuyendo, lo que me complace. Llámenme retrógrado, antiguo, desfasado y lo que ustedes quieran, pero el tacto del papel, el olor de la tinta, la propia visión del ejemplar, me llevan a zambullirme entre sus páginas con mayor deleite (aunque el texto sea el mismo) que en uno digital. Cosas de viejo, supongo.


Por lo visto el sino de los libros de papel es seguir medrando en este mundo confuso, violento, tecnológico... para intentar guiarnos con ese hilo de Ariadna, con ese hilván sutil con que, su alma de árbol, enhebra las palabras.

Miguel Ángel G. Yanes

(*) Distopía.- Antónimo de utopía. Viene a identificar una realidad no deseada.

(**) Ángel Jiménez de Ruiz (El Mundo)

7/12/15

HELADO TACTO (POEMA)

  
Si estás sola y de pronto
Sientes un tacto helado
Rozarte la mejilla,
No temas, seré yo,
Incorpóreo y etéreo
Quien te besa.

Miguel Ángel G. Yanes