31/10/12

¡ZAPE!

Curiosa palabra esta. Aunque el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la define como no árabe, especifica que, sin embargo, fue de uso común entre los pueblos de dicha lengua, e incluso se sigue empleando en la actualidad en Marruecos. Viene a ser una interjección de tipo coloquial, utilizada para ahuyentar a los gatos, para manifestar extrañeza o miedo al enterarse de un daño ocurrido o para denotar el propósito de no exponerse a un riesgo que amenace. Hay una segunda acepción menos utilizada, relativa a juegos de cartas, pero no viene a cuento; quiero referirme específicamente a la primera.

Allá, en la lejanía de la infancia, cuando el gato, haciendo dejación de su rol de caza-ratones y guiado por el aroma fresco del pescado, merodeaba a su alrededor, la abuela, agitando su paño de cocina, lo espantaba gritando ¡zape!,  y aquél huía de inmediato pero sin alejarse demasiado. Atento y expectante, seguía el femenino trasiego sin perder detalle, esperando un despiste, el momento idóneo, la oportunidad de poderles robar una sardina; cosa que casi siempre conseguía, a veces incluso, sin que las mujeres se enterasen.


Hoy, en la barra de un bar, ante el encendido discurso desagradable y sexista de unos de los parroquianos, y aunque no iba conmigo, me vino a la boca el "espantón" del gato: ¡zape!

Hay que ver cómo la biblioteca de la memoria mantiene activa su información sin necesidad de actualizarla. Tantos años sin usar, ni recordar siquiera esa palabra, y en el momento justo, como si se tratara de un ave adormecida, agita las alas, las desempolva y vuela fugaz hasta mi boca.

Miguel Ángel G. Yanes

29/10/12

LA VERDAD Y LA MENTIRA (PARÁBOLA)


Caminando por la Tierra, una tarde de calor bochornoso, la verdad, vestida con sus radiantes ropajes se acercó a la orilla de un río. Decidió refrescarse y quitándose sus deslumbrantes atavíos, los dejó colgados en unas ramas y se sumergió en las frescas aguas. Poco después, la mentira acertó a pasar por el lugar, quedando fascinada por las estupendas vestiduras de la verdad. Sin dudarlo un momento, se desprendió de sus oscuros y ajados harapos y se vistió con las ropas de la verdad. Así ataviada, fué donde vivían los hombres, quienes al verla tan luminosa y brillante, la tomaron por la verdad y, con gran regocijo, la acogieron entre ellos. Cuando la verdad salió de las aguas, buscó inútilmente sus ropajes y al no encontrarlos se acercó, temerosa y desnuda, hasta donde habitaban los hombres. Pero éstos, al verla, la echaron a pedradas. La verdad, triste y solitaria, regreso por donde había venido y encontró los harapos de la mentira, y a falta de algo mejor, se los puso, presentándose de nuevo ante los hombres, quiénes, al verla con aquellas raídas vestiduras, la tomaron por la mentira y acabaron aceptándola . Se dice que desde entonces andan entre nosotros: la mentira disfrazada de verdad y la verdad de mentira.

Y así nos va...

Desconozco el autor de esta parábola, pero, a través de ella, queda clarísimo el significado de esa frase:

"la verdad desnuda".

Miguel Ángel G. Yanes

27/10/12

ESA E.S.O. O SEA... ESO

Con la nueva Ordenanza Reguladora del Taxi, los futuros taxistas de Madrid tendrán que haber completado la E.S.O. e ir vestidos correctamente.


Considerando que no resulta estrictamente necesario tener una titulación académica para conducir un taxi, a la vista de esta noticia, y obviando a los taxistas profesionales que ya peinan canas, a  mí me parece vergonzoso que el Estado no se haya ocupado de que TODOS los jóvenes que se adentran en el mundo laboral tengan terminada, como mínimo, la Enseñanza Secundaria OBLIGATORIA, actuando necesariamente ante la falta de visión de padres (y madres) que no se preocupan lo suficiente, permitiendo a sus hijos abandonar los estudios a destiempo para que, a la postre, vengan a ser réplicas de sus progenitores, la mayoría de las veces, carentes de cultura y educación, y con escasas posibilidades laborales. Nunca he entendido la postura de esos padres (y madres) que no buscan para sus hijos un futuro mejor que el que a ellos les deparó la vida. No los empujan a seguir estudiando, no los apoyan, no se implican en su evolución; no sé si por egoísmo, comodidad, pocas luces o qué.

En cuanto a la medida sobre la vestimenta, hasta cierto punto me parece correcta. Considero que un conductor público ha de cuidar su imagen: ir aseado, con ropa adecuada y sobre todo limpia. Por respeto a sus clientes, no es de recibo ir en cholas, pantalón corto y camiseta de asillas, y mucho menos si le cantan las axilas y lleva la ropa llena de lamparones. En relación al calzado, creo que se podría ser permisivo, y en aras de la comodidad, permitir el uso de zapatillas deportivas, siempre y cuando estén en buen estado. Recuerden que, antiguamente, los taxistas usaban uniforme e incluso gorra... ¡Tampoco es eso!


Aunque cultura y educación deberían ir siempre de la mano, tener estudios no siempre implica tener educación. Esas cosas "se maman" en el entorno familiar, no en la escuela, el instituto o la universidad.

Con su permiso, les voy a adjuntar una antigua entrada de este blog, sobre un determinado taxista que conozco, y que no sé, a ciencia cierta, si tiene esa E.S.O. o sea... ¡eso!:

25/06/11
COMO DE AQUÍ A LA LUNA


Conocí a L en Madrid, allá por los años 80, a través de una de sus hermanas que, en aquella época, era compañera mía de trabajo. Fue a raíz de un curso al que la empresa me envió de rebote. Creo que no había nadie más a quien poder mandar en ese instante; lo digo porque en mis 35 años de vida laboral sólo asistí a dos cursos: ése en la metrópoli y otro, años más tarde, en la hermosa capital de Andalucía.

L era el garbanzo negro de la familia, no porque fuera un juerguista, un ludópata, un delincuente o algo peor, sino porque, mientras sus tres hermanas habían accedido a la universidad, consiguiendo licenciarse en distintas disciplinas, él se había negado a estudiar y terminó trabajando de taxista, lo que a los ojos de los suyos, era algo así como un demérito, habida cuenta del apellido y de la posición económica familiar.

- ¡Mariconadas!... habría dicho él.


De carácter franco, alegre y dicharachero, era un excelente conversador, hasta el punto de que, entre el aire acondicionado del taxi y el run run de su voz, resultaba, contra todo pronóstico, una verdadera gozada atravesar Madrid. Se podía hablar con él de cualquier cosa: fútbol, cine, política, filosofía, cultura, religión... ¡extraterrestres!... versado en todas ellas, era un verdadero pozo de sabiduría convertido en taxista.

Hicimos amistad, y en las dos semanas que permanecí en la urbe, aparte de salir de copas alguna que otra noche y echar largas e interminables parrafadas, conocí también a su familia. Él, soltero empedernido (un desprestigio más para la saga) me llevó a visitar a las dos hermanas que tenía en Madrid; doctora en medicina una, y licenciada en derecho la otra: amables, corteses, educadas, pero acaso un pelín estiradas para mi gusto; todo lo contrario que su hermano, a quién los dioses habían bendecido con un don especial que, desde mi óptica, lo convertía, entre otras cosas, en el más feliz de la familia.

Era cierto que L carecía de títulos universitarios pero, entre su inteligencia emocional, su afán de conocimientos, el trato diario con el público, su facilidad de palabra y su desmedido amor por la lectura, venía a ser más culto que sus hermanas, como de aquí a la luna.


Miguel Ángel G. Yanes

25/10/12

EL ENEMIGO

A pesar del calor y del estridente sonido de las cigarras, el sopor de la digestión aún hacía posible una pequeña siesta, antes de que volvieran a llamarnos para las típicas tonterías de a diario.

Con la ropa de faena, las trinchas ajustadas y las botas embutidas pero colgando por los pies de la cama para no mancharla, yacíamos tumbados boca arriba; somnolientos unos, roncando otros o leyendo alguna revista o libro, como era mi caso.


Cuando, acallando de golpe el monótono concierto de cigarras, sonó una alarma potentísima que nos dejó a todos fuera de juego, sin saber qué hacer. Nunca la habíamos oído con anterioridad ni entendíamos lo que podía significar, hasta que, de repente, el teniente C, bajito, moreno, ya bastante mayor, entró a la carrera con los brazos en alto, visiblemente excitado, gritando:

- ¡A las armas! ¡a las armas!... ¡que nos ataca el enemigo!

Aquello fue un pandemonium terrible: corriendo, saltando, chocando unos con otros, intentando, con desesperación abrir los candados y retirar las cadenas para sacar los fusiles del armero. Labios temblorosos, ojos de pánico, llorosos algunos, preguntas, gritos... ¡la munición! ¡la munición! Pero yo seguía acostado boca arriba, incapaz de levantarme (no por miedo, no); me había dado un repentino ataque de risa y no me podía contener. Las lágrimas me rodaban por el rostro y un profundo hipar hizo presa en mí, impidiéndome incorporarme. Me parecío estar en medio de una película surrealista, donde mi cerebro no atinaba a dar las órdenes oportunas para que mi cuerpo pudiera reaccionar.

De pronto la alarma dejó de sonar. Un tenso silencio detuvo el trasiego de la tropa, que dirigió la mirada, como si de un solo hombre se tratase, hacia el teniente C que, en la puerta de la compañía, seguía con los brazos en alto.

Entonces sonó la megafonía del cuartel:

- ¡Falsa alarma! !falsa alarma! Regresen a sus actividades. Sigan las instrucciones de sus mandos.

Un profundo suspiro rompió la tensión acumulada y todos volvieron a dejar las armas y los cartuchos en su sitio. Todos menos yo, que seguía partido de la risa en mi litera. Afortunadamente, con tremendo rebumbio, el teniente no había reparado en mí.

Luego nos enteramos de que había sido un novato que, aburrido como una ostra en su primera guardia,  había desenroscado un piloto (que por lo visto nadie le explicó para que era) en el tablero de control de la garita, disparando la alarma general. Un entrometido, vaya.

Recuperado el ritmo cuartelario, los compañeros que se habían percatado de mi situación, querían saber de qué puñetas me reía, cuando ellos estaban tan asustados.

- ¿De qué iba a ser? De los aspavientos, saltos y gritos del teniente: ¡A las armas! a las armas!... ¡que nos ataca el enemigo! Toda una película cómica. No lo pude remediar: me descojoné de la risa... ¡El enemigo! !el enemigo!... ¿Pero quién coño es el enemigo? Si aquí no quiere entrar nadie, al contrario, lo que queremos es salir: ¡que nos devuelvan nuestra libertad!

Miguel Ángel G. Yanes

18/10/12

HOMOFOBIA


En fucsia y malva, los paises con menor índice de homofobia.
En canelo y marrón, los países con mayor índice.
En gris, sin datos.

El término homofobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo Φόϐος, fobos, ‘pánico’) obsesiva contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales o transexuales, y las que mantienen actitudes o hábitos comúnmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. El adjetivo es "homófobo" u "homofóbico".

Existe cierto relativismo sobre lo que abarca el concepto de homofobia. Así por ejemplo, los que rechazan las políticas de igualdad (entre personas de diferente orientación sexual) consideran que ese rechazo no es homofobia, sino simplemente una opinión igualmente respetable como la aprobación.


Homofobia no es un término estrictamente psicológico. Se calcula que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos vinculados a la homofobia. Amnistía Internacional denuncia que más de 70 países persiguen aún a los homosexuales y 8 los condenan a muerte.

Datos tomados de Wikipedia, la enciclopedia libre

17/10/12

CEAPA Y CONCAPA


Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres

Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia

Ante las posturas claramente antagónicas de esas dos asociaciones de padres de alumnos, convocando la huelga una, y desaprobándola la otra, me pregunto si la gravísima situación actual de la educación en nuestro país, no es óbice suficiente para que, más allá de creencias políticas y religiosas, se atrevan a emprender la lucha, codo a codo, contra la gran injusticia social que representan, no sólo los recortes, sino la propia privatización de la enseñanza.

¡Pero claro!... “los que tienen capa”, tienen también otros muchas prendas que el riñón abrigan, y recursos económicos suficientes (o al menos se les suponen) para permitirse el gasto de la educación privada, pero no quieren solidarizarse con aquellos a los que no les alcanza el bolsillo; así que, a estos últimos, nos les va a quedar más remedio que echarse a la calle y luchar con todas sus fuerzas para intentar que la enseñanza sea como tiene que ser…

¡LAICA, LIBRE Y GRATUÍTA!

Miguel Ángel G. Yanes

13/10/12

EL UNO Y EL DOS

 No voy a hablarles de matemáticas, no. Lo único que me faltaba era eso... ¡válgame el cielo! Sólo quiero contar una anécdota relacionada con esos cardenales (¡huy! perdonen el lapsus, pero ese trasiego del "Vaticanlikes"... ); quise decir cardinales, números cardinales... sí hombre, esos que expresan cantidad.

Pues fue allá por los años, catatónicos casi de la infancia cuando, a raíz de una enfermedad típica de la época, fui internado, a patadas, gritos y regañadientes por mi parte, en la Clínica Infantil San Juan de Dios. Corría el año del Señor (y de Franco que, por lo visto, fue una gracia suya) de 1963. Lo de la gracia no me lo he inventado yo, lo ponía clarito en todas las monedas: "Francisco Franco Caudillo de España por la Gracia de Dios". Vaya un dios gracioso ¡eh!

Bueno, a lo que iba: una vez preso (internado quise decir) y en manos de aquellos frailes de habitos negros y estricta disciplina, hube de aprender, a toda prisa, las reglas elementales de aquella sociedad cerrada y asfixiante, y lo primero que me enseñaron fue "el uno" y "el dos".

Yo no me lo podía creer; los verbos y palabras definitorias de las necesidades fisiológicas estaban abolidas, siendo sustituídos por los cardinales de marras. Dependiendo de la consistencia, no de la cantidad, del hecho en sí, a partir de ese instante, en vez de pis y caca, tendría que llamarlos "el uno" y "el dos".


Hoy, con la perspectiva que da la edad, sonrío al recordarlo, pero tuerzo el gesto al reconocer que, hasta cierto punto, era una forma de castración lingüística y cultural. Pues no habrá palabras ni nada que permitan expresar tales acciones, todo un popurrí: defecar, evacuar, obrar, deponer, orinar, descargar, excretar, expeler, miccionar o simplemente cagar y mear, que a fin de cuentas son las genéricas; pasando por frases hechas: dar del cuerpo, ir de vientre, hacer caca, hacer aguas menores (las mayores nunca supe como eran, aunque puedo imaginar algo así como "una larga y cálida meada"), hasta las más cursis como " el popó" o "el pipí".

Luego entendí que, en realidad, todo aquello era para obviar otras dos palabras: chato (hoy conocido como cuña) y orinal que, dependiendo de la necesidad, eran requeridos por los niños encamados que no podían levantarse para ir al WC (léase Wenceslao Cabrera).

Una sociedad represiva, enferma de incultura hasta la médula, capaz de enfatizar palabras como las del general Millán Astray de "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!", y que, sin embargo, no era capaz de asumir la riqueza de su propia lengua; no sé bien si, porque consideraban las palabras definitorias de esos actos fisiológicos como algo de mal gusto o si les daba vergüenza pronunciarlas. Algo así como Doña Angustias, que era tan casta y tan pura, que hasta cuando decía "muslo" se ponía colorada, aunque las malas lenguas dijeran que de joven había sido puta.

Pero el colmo fue que, buscando información en la Red sobre este asunto, descubrí que en algún que otro país de las Américas, allí donde determinadas comunidades religiosas tuvieron un fuerte arraigo, parte de la población sigue empleando aún los numeritos de marras.


Eso sí: "al César lo que es del César". A pesar de los malos momentos que pasé encerrado en aquella clínica, y dejando de lado a algún garbanzo negro (nunca mejor dicho) que lo hubo, y al que le encantaba atizarnos coscorrones, la mayoría de los frailes eran buena gente y les estaré eternamente agradecido por los cuidados que me prestaron hasta poder superar la enfermedad.

Perdonen ustedes por lo escatológico de esta entrada pero, a veces, resulta necesario y hasta imprescindible airear detalles que la memoria se empeña en ocultar. 

Miguel Ángel G. Yanes


9/10/12

JEITO

Hoy voy a hablarles de una curiosa palabra que, por fortuna, sigue siendo de uso común en nuestras islas: jeito.

Si acuden ustedes al diccionario del Real Academia Española de la Lengua, la encontrarán allí con un solo significado:

jeito.

(Del gall. xeito, y este del lat. iactum, tirada).
1. m. Red usada en el Atlántico para la pesca del boquerón y la sardina.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


Sin embargo, en Canarias, dicha palabra, considerada un claro portuguesismo (proviene de la palabra portuguesa xeito), tiene dos acepciones bien diferenciadas:

1) jeito.- Movimiento brusco de una articulación que provoca dolor. Lo que, en otras latitudes, se denomina esguince o torcedura. Por ejemplo: "Se hizo un jeito en la muñeca".



2) jeito.- Maña, destreza, habilidad para algo. Por ejemplo: "Tener jeito para tocar el timple".



Pues hablando de dicha palabra, se me está ocurriendo enviarla a "La llave del mundo" que, identificado como un proyecto de descubrimiento de nuevas palabras y exploración de términos bellos, extraños, curiosos, mágicos y cautivadores del castellano, es un interesantísimo blog, alojado en http://365palabras.blogspot.com y que suelo visitar con cierta frecuencia, donde, seguramente, aún carecen de ella.
 
Dicho y hecho.
 
Miguel Ángel G. Yanes

7/10/12

ELLOS (POEMA)



Busqué la paz de los cementerios,
pero el silencio de muertos,
la soledad sin tiempo del reposo
me crispó los nervios.

Pensé que escucharían
todos mis pensamientos.

Miguel Ángel G. Yanes

5/10/12

LA MÚSICA DE LAS ESFERAS

La NASA reproduce el sonido de la magnetosfera terrestre 


Lanzadas el 30 de agosto 2012, las naves gemelas Radiation Belt Storm Probe (RBSP) de la NASA han captado las grabaciones de las ondas de radio audibles emitidas por la magnetosfera terrestre. La corriente de chirridos y silbidos pueden escucharse en el video y constan de 5 capturas separadas realizadas durante el 5 de septiembre por el instrumento Electric and Magnetic Field Instrument Suite and Integrated Science (EMFISIS) de la de la Universidad de Iowa y el Centro Goddard para Vuelos Espaciales que se encuentra montado en las RBSP.

Este fenómeno bautizado como "coro" es conocido desde hace ya bastante tiempo, por lo que su grabación no ha resultado ninguna sorpresa.

"Los receptores de radio se utilizan para recoger (el 'coro'), y suena muy parecido a los pájaros cantando.


Audio Crédito: Universidad de Iowa.
Crédito del vídeo: NASA / Goddard Space Flight Center.
(H / T para Peter Sinclair en climatecrocks.com.)

A menudo es más fácil recogerlo durante el amanecer, por lo que a veces se refieren a estos chirridos como el "coro del amanecer" comento el investigador principal EMFISIS Kletzing Craig, de la Universidad de Iowa.

Estas ondas de radio, las cuales son las frecuencias audibles para el oído humano, son emitidas por partículas energéticas en la magnetosfera de la Tierra, que a su vez afecta (y se ve afectada por) a los cinturones de radiación.

La misión RBSP colocó un par de satélites idénticos en órbitas excéntricas situados a diferentes alturas, desde un mínimo de 603 km hasta 32.186 km. Durante las órbitas de los satélites pasarán de las regiones más estables de los cinturones de Van Allen a las regiones externas más variables.

La magnetosfera terrestre y los cinturones de Van Allen
© Nasa
Espacio Profundo
26 sep 2012

3/10/12

"YA EL CONEJO ME RISCÓ LA PERRA"

Ésta es una de las múltiples expresiones que se utilizan en Canarias, en esa forma nuestra, tan particular, de hablar el castellano. Alude al incidente que puede producirse en una cacería cuando los perros, persiguiendo a los conejos por lugares demasiado escarpados, pueden llegar a despeñarse; aunque, apartándonos del hecho físico del incidente, tiene también significado de algo que salió mal contra pronóstico, equivaliendo a frase más comunes como: "salir el tiro por la culata" o "al revés del pepino".


Podríamos entrar en disquiciones gramaticales sin fin sobre "riscar", "arriscar", "enriscar"... y la idóneidad o no de su utlización, ya que, esas variantes se emplean comúnmente en las islas, aunque está claro que todas derivan del verbo "derriscar"; pero no viene a cuento en este instante.

Lo que yo quería dejar patente es que, los canarios, solemos utilizar esa frase para significar algo imprevisto que, de golpe, cambia la situación por completo y nos descoloca, dejándonos "fuera de juego". Por ejemplo este titular de prensa:

"Conceden la medalla con distintivo rojo a dos altos mandos policiales que coordinaron el 25-S"

Esto es algo que, a los isleños, nos hace decir a bote pronto:

 "YA EL CONEJO ME RISCÓ LA PERRA"


Y sobran las aclaraciones.

Miguel Ángel G. Yanes