29/6/11

LOS QUE INVADEN NUESTRA INTIMIDAD

Vamos a ver si a ustedes les ocurre lo mismo que a mí:

Cada día, a cada rato, cuando más ocupado estás, ya sea en labores domésticas, llevando a cabo tu higiene personal o tus necesidades fisiológicas (el que quiera puede emplear aquí palabras más comunes, que también valen) suena el puñetero teléfono de los cojones, y una voz desconocida te pregunta si eres tú. Como le digas que sí, "la cagaste Burlancaster". Ya sea de un banco, de una empresa de telefonía, de una compañía de seguros o de una multinacional que vende "saltapericos", te van a joder bien. Comienzan a contarte un rollo macabeo que, sin darte opción a meter baza, te deja totalmente anonadado.

Dándole vueltas a este asunto, caigo en la cuenta de que cuando eres tú el que necesita ponerse en contacto telefónico con algún organismo, te las ves y te las deseas: "Para no sé qué, marque el uno; para no sé cuántos, marque el 2; si quiere esto, marque el 3; para aquello, marque el 4..."

Fue entonces cuando se me ocurrió utilizar la misma técnica, y cada vez que en el visor del teléfono aparece uno de esos números extraños, descuelgo, pongo una voz bastante seria y, sin dar opción a réplica digo: "Le habla el contestador telefónico de fulanito de tal. Si quiere hablar con mi mujer, pulse el 1; si quiere hablar con mi hija, pulse el 2; si quiere hablar con mi suegra, pulse el 3; si quiere hablar conmigo, lo lleva claro, porque está usted invadiendo mi intimidad y no me da la gana de seguirle el juego."...

¡¡¡CLONC!!!

Miguel Ángel G. Yanes
 

25/6/11

COMO DE AQUÍ A LA LUNA


Conocí a L en Madrid, allá por los años 80, a través de una de sus hermanas que, en aquella época, era compañera mía de trabajo. Fue a raíz de un curso al que la empresa me envió de rebote. Creo que no había nadie más a quien poder mandar en ese instante; lo digo porque en mis 35 años de vida laboral sólo asistí a dos cursos: ése en la metrópoli y otro, años más tarde, en la hermosa capital de Andalucía.

L era el garbanzo negro de la familia, no porque fuera un juerguista, un ludópata, un delincuente o algo peor, sino porque, mientras sus tres hermanas habían accedido a la universidad, consiguiendo licenciarse en distintas disciplinas, él se había negado a estudiar y terminó trabajando de taxista, lo que a los ojos de los suyos, era algo así como un demérito, habida cuenta del apellido y de la posición económica familiar.

- ¡Mariconadas!... habría dicho él.


De carácter franco, alegre y dicharachero, era un excelente conversador, hasta el punto de que, entre el aire acondicionado del taxi y el run run de su voz, resultaba, contra todo pronóstico, una verdadera gozada atravesar Madrid. Se podía hablar con él de cualquier cosa: fútbol, cine, política, filosofía, cultura, religión... ¡extraterrestres!... versado en todas ellas, era un verdadero pozo de sabiduría convertido en taxista.

Hicimos amistad, y en las dos semanas que permanecí en la urbe, aparte de salir de copas alguna que otra noche y echar largas e interminables parrafadas, conocí también a su familia. Él, soltero empedernido (un desprestigio más para la saga) me llevó a visitar a las dos hermanas que tenía en Madrid; doctora en medicina una, y licenciada en derecho la otra: amables, corteses, educadas, pero acaso un pelín estiradas para mi gusto; todo lo contrario que su hermano, a quién los dioses habían bendecido con un don especial que, desde mi óptica, lo convertía, entre otras cosas, en el más feliz de la familia.

Era cierto que L carecía de títulos universitarios pero, entre su inteligencia emocional, su afán de conocimientos, el trato diario con el público, su facilidad de palabra y su desmedido amor por la lectura, venía a ser más culto que sus hermanas, como de aquí a la luna.


Miguel Ángel G. Yanes

21/6/11

EL 19-J EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

La calurosa tarde de domingo, con unos 30 grados celsius a la sombra, y un sol de justicia, no auguraba lo que ocurrió a partir de las 18 horas. Contra todo pronóstico, una multitud se fue congregando en la Plaza de Weyler para dar comienzo a una de las manifestaciones más numerosas de los últimos tiempos. Me recordó los años duros, cuando luchando por la libertad y por los derechos conculcados por la dictadura, llenábamos las calles masivamente a cada rato.


  
Me permito copiar aquí la opinión vertida por el Ciudadado Plof en su blog porque, me siento totalmente identificado con lo que dice:

Haciéndome eco de lo acontecido a nivel nacional, y en vista de la masiva afluencia de manifestantes, que pude contemplar "in situ", en una ciudad de tamaño medio como Santa Cruz de Tenerife, con una población aproximada de 220.000 habitantes; llego a la conclusión de que la convocatoria fue un éxito rotundo, no sólo por la cantidad de gente que la secundó (10.000 personas según la policía local y 15.000 según los convocantes) sino por la organización, el civismo, la claridad de las consignas, e incluso por un cierto ambiente festivo; no en vano, una excelente batucada que encabezaba la "manifa" iba marcando el ritmo de la misma. Transcurrió sin ningún tipo de incidentes, con gente de todo tipo y edad: jóvenes, ancianos, niños... "todos a una" en defensa de nuestros derechos, en contra de banqueros y políticos, en contra del pacto del euro, y a favor de una verdadera democracia.


Es por ello que, desde las páginas de este humilde blog, quiero felicitar de todo corazón al pueblo chicharrero, del que me honro en formar parte, y pedirle que no aflojen ahora. Éste es el camino, ésta es la forma (sin violencia pero sin pausa) para lograr, más temprano que tarde, derribar el actual sistema y crear una sociedad más justa, un reparto más equitativo de los recursos y poder alcanzar una democracia real.



He aquí a los ciudadanos que me acompañaron o que acompañé en el trayecto: Mª Carmen Brito, Irene Arteaga y M.A. Guerrero (también estaba Paco Brito, que fue el que hizo la foto) Esa pierna que se ve a la izquierda es mía (prestada... creo) y fue la que me impidió completar el recorrido. La maldita ciática me hizo desistir a la altura de la iglesia del Pilar. No en balde, los años y las viejas lesiones van pasando factura pero, mientras pueda, y aunque sea a ratitos, seguiré dando el callo a mi modo y manera.

Miguel Ángel G. Yanes

17/6/11

LAS BRUJAS DE ANAGA

Para los que no sean de aquí (me refiero a la isla de Tenerife) he de aclarar que el Macizo de Anaga es una cadena montañosa del Periodo Terciario que conforma una de las tres puntas de la isla; exactamente la más oriental. Correspondiente al término municipal de Santa Cruz de Tenerife, está compuesto por una serie de pequeños barrios y caseríos que, dada su accidentada orografía, alcanzan apenas los 14.000 habitantes sobre una superficie aproximada de 120 km².


Soy de los que opinan que Anaga es la zona más hermosa de la isla: su bosque de laurisilva, sus múltiples barrancos, sus miradores naturales, sus senderos e incluso muchos de los nombres de sus núcleos poblacionales, de claro origen guanche, tienen un encanto especial; baste detallar algunos de ellos como Taganana, Taborno, Chamorga, Afur...

Existe, en este accidentado territorio de Anaga, una zona conocida por El Bailadero donde, según la tradición popular, determinadas noches del año, se reunían las brujas para danzar alrededor de una hoguera y celebrar sus aquelarres, descendiendo luego a la costa para bañarse desnudas.


Habida cuenta de la dispersión poblacional en aquel entorno natural y mágico, y la escasa implantación de los medios de comunicación hasta hace bien poco, las leyendas y tradiciones pervivieron en toda su pureza.   Cuentan que, hasta hace algunas décadas, en las noches de aquelarre, extrañas luces se movían por la cumbre, lo que amedrentaba tanto a los lugareños que se apresuraban a encerrarse en sus casas, no saliendo de ellas, bajo ningún motivo, hasta que rayaba el alba.


Este temor estaba justificado porque, en efecto, en la soledad de aquellos agrestes parajes, había luces deambulando de un lado para otro en mitad de la noche, pero no eran brujas; eran la artimaña ideada por los contrabandistas para que nadie interfiriera en sus trasiegos. Para descargar el contrabando en las playas de Anaga, y mantener alejados a testigos indiscretos, habían ideado, aprovechando el temor popular, un ingenioso ardid: atar faroles a los cuernos de unas cuantas cabras y soltarlas por aquellos lares. La fantasía popular se encargaba del resto.

Miguel Ángel G. Yanes

13/6/11

LAS POTOCAS

No sé de donde sacó mi amigo Reyes (q.e.p.d.) la palabra de marras. Es raro que él, siendo isleño, y no habiendo viajado nunca más allá de las fronteras peninsulares de España, la usara a menudo, porque es palabra típica de las Américas, y no precisamente de Cuba o Venezuela, países con los que siempre tuvieron las islas importantes vínculos, sino de Bolivia y Chile, según especifica el diccionario de la Real Academia Española.

Nunca supe cómo adoptó aquella palabra inusual en su vocabulario; tal vez tuvo algún amigo o amiga de aquellas nacionalidades, o la escuchó en algún diálogo circunstancial, en una película, o la leyó en un libro... Fuera como fuese, una frase muy suya era: "Me gustan las potocas"


El significado de dicha palabra es: rechoncha, bajita. Y es que él también era bajito, aunque delgado, y siempre dijo que le gustaban las potocas por la armonía de sus cuerpos: chiquitas pero de hermosas formas, y porque, al contrario de mujeres más altas como "Tita" o "Mili", podía ir con ellas del brazo sin parecer un bolso.

Miguel Ángel G. Yanes

9/6/11

LOS TATUAJES Y SU DESACRALIZACIÓN

Los tatuajes cumplían una función ritual bien definida entre los pueblos primitivos, pero la sociedad de consumo (monstruo insaciable donde los haya) fiel a su nombre, se traga todo lo que le echen sin detenerse en los pormenores ni preguntar las razones. Prácticamente todo es supceptible de ser consumido, o mejor, devorado por ella; así hemos puesto de moda cosas que eran sagradas, tales como los tatuajes o las drogas.


El tatuaje, técnica de decoración de la piel mediante la inserción de sustancias colorantes bajo la epidermis, es utilizado por distintos pueblos en diferentes partes del mundo. Tiene un claro sentido ritualístico y suele ser indicativo del rango y afiliación social; pertenencia a una determinada tribu, gremio o profesión; signo de duelo; de iniciación; de logro de alguna hazaña e incluso de carácter terapeútico o curativo. Tiene amplias connotaciones sociológicas, antropológicas y psicológicas, y resulta de gran riqueza en cuanto a significados y simbolismos, estando siempre ligado a la evolución política, social y cultural de la humanidad. 


El origen del término tatuaje es dudoso, aunque al parecer deriva de la palabra polinesia Ta-tau: "ta", significa golpear, y "tau-tau", es la onomatopeya del sonido producido por el golpeteo de un hueso contra otro. Los maoríes de Nueva Zelanda solían tatuarse la cara como signo de distinción. El dibujo, llamado moko, hacía a la persona única e inconfundible. Una variante del tatuaje es la escarificación, consistente en sajar la piel e ir introduciendo sustancias irritantes en las heridas que, al cicatrizar, dejan profundas marcas en relieve o queloides.


El tatuaje nace con el hombre. La momia de Similaun (cuerpo de un individuo que murió congelado hace 5300 años en los Alpes) tiene uno en la espalda. Hay datos fidedignos sobre la práctica del tatuaje entre los antiguos egipcios, romanos y escitas. También fue una técnica de adorno muy popular en China, India y Japón, así como en numerosos pueblos primitivos de Colombia, Brasil y la región del Gran Chaco (Argentina, Paraguay y Bolivia).  
 
 
Hoy en dia, la sociedad actual, pasándose por los forros ritos y tradiciones, lo ha convertido en un producto más de mercado.




Miguel Ángel G. Yanes
 

7/6/11

LA ENREDADERA DE LA LUZ (POEMA)


(A Maki)
 
La enredadera de la luz se ciñe
A tu cuerpo desnudo.
No existe nada más.

Trepa desde tus pies,
Abraza tus tobillos,
Unce tus pantorrillas,
Gira en torno a la corva
De tus rodillas, toca
Con sinuoso anhelo
La suave piel del muslo,
Rodea la blanda curva
De tus nalgas y posa
Sus luminosos labios
En el lago sagrado de tu sexo.

Calma su sed y asciende
Por los valles angostos de las ingles,
Sube al monte de Venus
Con decisión y deja,
Sobre el rizado bosque de tu pubis,
Las lumínicas huellas
De su insistente luz.

Dirige sus pasos cumbre arriba,
Hasta alcanzar las crestas
Que tus caderas trocan
En femeninas formas.
Allí oscila un instante
Resbalando después al terso valle
De tu ingrávido vientre.

Descansa en él e intenta acto seguido
Alumbrar de algún modo,
Girando sin cesar en torno suyo,
La oscuridad que oculta
El profundo secreto del ombligo:
Humano ónfalos
Donde la vida, atada un solo instante,
Se suelta sin remedio…
Y vuelve a huir.

Con la tenacidad
De las enredaderas,
Lenta y exasperante,
Cubre al unísono
Brazos y tronco… aspira,
Tras un esfuerzo ímprobo,
A coronar la cota
Melliza de tus pechos.
Resplandecen al tacto ambas colinas
De puntiagudos senos.
Y en la firme atalaya de los pezones queda
Suspendida en un lapsus,
Su luminosidad.

Pero no fina aquí
Su largo recorrido.
Rueda por las tibias
Laderas rumbo al cuello.
Lo envuelve con la larga
Bufanda de su luz.
Y quedan tus hombros
Cubiertos por sus flecos.

Trepa por la barbilla
Hasta la roja fuente de tu boca.
Abre tus labios con desesperación.
Como si de un náufrago marino se tratase,
Se hunde en ellos y bebe
Hasta saciar de nuevo su cristalina sed.

Reconfortada inicia
El ascenso final sobre tu rostro.
Ilumina la piel de tus mejillas.
Salta de tus pómulos de pronto a tu nariz
Y observa, con curioso interés:
El cabello extendido en la almohada,
Tu inmaculada frente,
La curvatura leve de tus cejas,
Tus abanicos de alargadas pestañas,
El lóbulo desnudo de tu oreja.
Pero sobre todo le llaman la atención
Tus párpados caídos.

Duda un instante, pero…
En un arranque de determinación
¡Se atreve a levantarlos!

Miguel Ángel G. Yanes

5/6/11

LA MODORRA

La palabra modorra posee, en castellano, diversos significados, uno de los cuales se refiere específicamente a un extraño mal o fatal somnolencia que, en tiempos de la conquista, afectó y diezmó a gran parte de la población nativa de la isla de Tenerife en las postrimerías del siglo XV.


El escritor canario José de Viera y Clavijo, apunta a que dicha enfermedad pudo tener su origen en la putrefacción de los cadáveres insepultos y la consiguiente contaminación de las aguas superficiales, tras librarse una gran batalla en la comarca de Aguere entre los guanches y los conquistadores; otros opinan, como es el caso del profesor Alejandro Cioranescu, que la susodicha modorra vino a ser una epidemia de tabardillo (enfermedad parecida al tifus, con fiebre alta y continua, alteraciones nerviosas y sanguíneas, y una erupción que cubre todo el cuerpo). Aunque hay quiénes hablan de un proceso depresivo entre la población, al ser sometidos por los invasores y verse privados de su libertad, y con ella, de tierras, religión y cultura. No parece lógico que este fuera el origen de la enfermedad sino que, por el contrario, la repentina aparición de una epidemia para la que no conocían remedio alguno, acrecentara aún más su desmoralización por haber sido colonizados: "presos de rabia y dolor".


Fue tal su impacto que, según fray Alonso de Espinoza y Antonio de Viana (cronistas que narraron la conquista de Tenerife), “morían a centenares andando, abandonados por los caminos a la avidez de los perros…”, llegando al extremo de perder su ejército “…en menos de diez días murieron más de seis mil hombres”. Es muy probable que este desastre abocara a los menceyes guanches a la rendición ante las tropas comandadas por Alonso Fernández de Lugo, a finales de julio de 1496, en lo que fue conocida como paz de Los Realejos. La situación de los guanches ante aquella maldición que atribuían a los conquistadores (y tenían razones para ello, pues pudo tratarse de algún virus que portaban y contra el que los aborígenes carecían de defensas) debió ser desesperante, obligando, a los que aún podían valerse por si mismos, a huir y buscar refugio en las montañas. Hay, al respecto, una interesantísima cita de Viera y Clavijo que dice: "sospecho si existió una epidemia hasta entonces desconocida para los indígenas, ¿no puede ser el tifus exantemático que traerían los españoles, por su parte ya inmunizados". Pero los historiadores hacen mención a una extraña curiosidad: la enfermedad no atacó a la población conquistadora, pero tampoco a la isleña de los bandos sureños o "de paces" (los que habían pactado con los invasores); tan solo afectó a los reinos guanches de los "bandos de guerra", aquellos que se habían enfrentado a los castellanos.

En su libro “El enigma de la modorra”, Conrado Rodríguez-Martín y Justo Pedro Hernández González, hacen un exhaustivo análisis sobre las posibles enfermedades que pudieron diezmar a los guanches de Tenerife, llegando a la conclusión de que fue una gripe. Pero... ¿qué tipo de gripe podría haber causado una mortalidad tan elevada?; ¿por qué no la sufrieron los guanches que se aliaron con los conquistadores?; ¿por qué la epidemia no se extendió tampoco entre los aborígenes de las demás islas? ¿Conocían ya algún remedio contra ella? ¿Habría algún alimento o preparado que evitara contraer la enfermedad?

En el fondo da igual la enfermedad que fuera: tabardillo, tifus, gripe, fiebres malignas, peste... ya no tiene remedio; lo único claro es que contribuyó a sojuzgar a un pueblo libre y soberano.


Pero... ¡ojo! No vayamos a dejarnos inocular ahora la modorra social, cultural, globalizadora, tan en boga en los tiempos modernos. Sacudámonos esa estúpida somnolencia, esa nueva "Maldición de Malinche" que pretende hacernos más esclavos aún de lo que somos.

Miguel Ángel G. Yanes

1/6/11

TRANSRAPID

En las islas no hay tren, al menos de momento, aunque, en breve, todo se andará. La avaricia insaciable de los políticos anda de por medio.


Está claro que el territorio isleño es muchísimo más frágil que el continental, y también está claro que las vías férreas lo fragmentan, con lo cual, el susodicho invento vendría a agravar, aún más si cabe, la capacidad de movimiento de animales, personas e incluso vehículos, que, en ocasiones, se verían obligados a atravesar las vías.

Nuestros políticos (tan listos ellos, hombre) al caer en la cuenta del problema de fragmentación territorial que podría generarse, pusieron los ojos en una clara alternativa, más novedosa y mucho más cara, que viaja sobre una viga aérea sostenida por columnas de hormigón, un tren de levitación magnética: el Transrapid, auténtica joya de la ingeniería alemana, pero una tecnología tan sumamente cara, que, a pesar de haber intentado vender sus derechos a distintos países, ni siquiera China ha mostrado interés. Así que, si los tinerfeños no andamos listos, estos tales “políticos” terminarán comprando uno con nuestro dinero, lo que arrastrará a mayores profundidades aún, nuestra precaria economía, aunque, bien se sabe,” los de siempre” acabarán llenándose los bolsillos, ya sea en comisiones, obras de infraestructura, etc. etc. etc.


En principio (y todos sabemos como aumenta esto) el Cabildo de Tenerife, cuyo presidente, D. Ricardo Melchior (Coalición Canaria) es el verdadero empecinado en el asunto, planea invertir 3.000 millones de euros, ¡medio billón de las antiguas pesetas! si no me fallan los cálculos. ¿Creen ustedes que es lógico tamaño despilfarro para un recorrido de 120 kilómetros, a la desorbitada velocidad de 400 km/hora... y con la que está cayendo?

¿Por qué no se atienden primero las necesidades urgentes y perentorias de nuestro pueblo?: carreteras, viviendas, sanidad, educación, cultura…

¿Cómo dice?... ¡Ah!... Seguro que es por eso.

Miguel Ángel G. Yanes