20/9/10

CARTA ABIERTA A MANUEL PÉREZ RODRÍGUEZ

Quiero disculparme públicamente contigo en tu calidad de amigo y presidente de la Asociación Canaria de Poetas  Uni-Verso, porque, a pesar de haber aceptado tu invitación para asistir al acto programado para el pasado día 17, en el Liceo Taoro de La Orotava, con motivo del vigésimo sexto aniversario de dicha asociación, no acudí a tal evento. Me lo impidió un repentino ataque de ciática (algo que suelo padecer con cierta frecuencia) y que, agravado, tal vez, por la extrema humedad ambiente, apenas me permitía caminar. 

De hecho, han pasado unos días y aún no he logrado recuperarme del todo.
Desconociendo tu número personal, esa misma tarde, intenté contactar a través de Rosi Bethencourt, a sabiendas de que ella acudiría a la cita y podría informarte, pero aunque llamé en diversas ocasiones, no conseguí hablar con ella.


Quisiera resarcirte en parte por mi descortesía, dando mi visión a los lectores, a través de estas líneas, de cuales fueron los orígenes de dicha asociación, siempre y cuando la memoria me siga siendo fiel:

Fue allá por 1982 cuando comenzamos a reunirnos, en la tarde-noche de los sábados, en casa de Mª Nieves Sámblás, a la sazón, en el piso que habitaba en la Calle Buenaventura Bonnet, justo a espaldas de la parroquia de la Cruz del Señor. Allí acudíamos puntualmente con nuestros poemas bajo el brazo, y tras romper el hielo, acabábamos leyéndonos nuestras obras los unos a los otros, para, a continuación, entablar una distendida tertulia, no sólo sobre literatura, sino sobre pintura, música, religión, historia, cine... y lo que se terciara.


Si no recuerdo mal, los primeros integrantes de aquellas reuniones, obviándote a ti, a Mª Nieves y a sus hijos Carlos (q.e.p.d.) y Rosi Bethencourt, fueron: Mª Cleofé Linares Quesada, Adolfo Martín Coello, Juan Antonio Peraza, José Manuel Martín, Maki (la que hoy es mi mujer) y yo mismo, aunque, con posterioridad, se agregaron también: Juan Rdguez. Álvarez, Javier de la Rosa, Mª Eugenia Alarcón…

Todo iba perfectamente. Eran unas reuniones entrañables, relajadas, en las que incluso celebrábamos un pequeño ágape aportando alguna botella de vino, dulces, refrescos, etc., y en esa distendida armonía, hablando de las cosas más peregrinas, nos daban las tantas de la madrugada. Pero... en un momento dado, se decide que optemos por una asociación poética en toda regla, con sus estatutos, su estructura jerárquica, su bendición oficial, y sus correspondientes subvenciones.


Enseguida me opuse. Yo quería que siguiera siendo la reunión informal de un grupo de amigos, sin estructuras, formalismos y demás sarandajas. Intentaron convencerme de la idoneidad de aquella medida, sobre todo por la posibilidad futura de ver publicados nuestros trabajos, pero yo no estaba por la labor.

Se establecieron unos estatutos, unas cuotas simbólicas y se propusieron los aspirantes a la junta directiva, de la que me negué a formar parte. No obstante, necesitaban un mínimo de firmas para cursar la pertinente solicitud y, al final, accedí a firmar como vocal, con la condición "sine qua non" de que, con la entrada de un nuevo socio, cesaría en mi puesto, como así fue. Me había desencantado y, a los pocos meses, solicité la baja  y terminé desligándome por completo.

La Asociación ha pervivido durante 26 años, pero el grupo de amigos... se ha difuminado.



¡Sí! Me cupo el honor de haber sido, a tu lado, miembro fundador de Poetas Uni-Verso. Sé que lo recuerdas con cariño, y agradezco por ello tu invitación; lo que no sé si recordabas es que fui también el primer disidente.

Salud, amigo.

Miguel Ángel G. Yanes

16/9/10

LOS INTRÍNGULIS DE LA ECONOMÍA

No entiendo nada de economía, salvo de la familiar, pero hay algo que me tiene hablando solo desde hace algún tiempo:

Observo que los pequeños negocios se están yendo al traste. Basta caminar por General Mola (después de toda una vida, nunca voy a acostumbrarme al nombre nuevo) y mirar a ambos lados de la calle, para ver la ingente cantidad de comercios que han echado el cierre. Tres cuartos de lo mismo ocurre con la Rambla de Pulido.


Hay razones de peso para ello. En principio fue la llegada de las grandes superficies, abaratando los precios hasta un punto al que los pequeños comerciantes no podían llegar; más tarde, la implantación del tranvía, llevándose por delante los aparcamientos y la doble fila, que también daba juego para una compra urgente. Y por si fuera poco, la tan cacareada crisis económica que, a la postre, vino para quedarse.

Sin embargo, con la que está cayendo, hay tres negocios que proliferan como las setas: las tiendas de compraventa de oro, los bazares chinos y los kebab.

Lo del oro lo entiendo; en sus dos vertientes, claro. Una, comprándolo, como refugio económico seguro para los que tienen dinero, y la otra, vendiéndolo, como tabla de salvación para los que no tienen.



Lo de los bazares chinos, al principio no lo tenía claro, pero terminé enterándome de que China es el segundo gran inversor en España, después de Francia, y que ha comprado gran parte de su deuda, por lo que, como compensación, el gobierno ha abierto la mano (la rota), dando todo tipo de facilidades para la instalación de sus negocios.

Pero la proliferación de los kebab la entiendo menos. En principio no sabía si eran iraníes, turcos, hindúes o paquistaníes, pero logré averiguar que el “Döner-Kebab”, esa carne que gira sobre un eje vertical, es la variante turca. Un tipo de comida rápida que se está imponiendo en medio mundo.

Mi pregunta es simple: ¿Cuánto le debemos a Turquía?

Miguel Ángel G. Yanes

14/9/10

OOTECA

Es "ooteca" una extraña palabra que no figura en el Diccionario de la R.A.E., pero en Internet aparecen aproximadamente 31.500 resultados sobre ella, y según la biblioteca libre Wikipedia, procede del griego óon, "huevo" y theke, "depósito", dando nombre el depósito de huevos que crean diferentes animales, principalmente insectos; lo que yo, desde mi ignorancia semántica y entomológica, interpreté como una especie de "biblioteca o archivo de huevos". Lo que me llevó a pensar si no sería "ovoteca" la palabra correcta en castellano.

 "Ooteca"

¡Que cosa tan rara! ¿Qué insectos - me pregunté - utilizarán ese método de almacenamiento? E inmediatamente me dispuse a hurgar en la Red con el fin de enterarme.

Pues, principalmente, los que más me repelen: las cucarachas.

Enseguida caí en la cuenta de que dejaban tras de si, casi simpre oculta a la vista, una vaina marrón, parecida a una judía estrecha, de aproximadamente un centímetro de largo y que siempre conocí como "huevo de cucaracha". No imaginé jamás que, en su interior, protegidos y debidamente ordenados, hubiera una verdadera colección; en el caso de la cucaracha roja o Periplaneta Americana (la mayor y más abundante en nuestras islas) del orden de 16 a 32 huevos por estuche u ooteca, que viene a ser una cápsula totalmente sellada que impide por completo la acción de depredadores e insecticidas. En el caso de esta variedad se estima, que si cada hembra pone a lo largo de su vida entre 10 y 15 "ootecas", el número de crías de cada cucaracha podría acercarse al medio millar.

 Cucaracha Roja o Periplaneta Americana

No me cabía la menor duda de que, a parte de una increible vitalidad, lo que les permite estar hasta tres meses sin comer y un mes sin beber agua, y su enorme resistencia a las radiaciones, el éxito de su supervivencia como especie (llevan más de 300 millones de años en este planeta desde su aparición en el Periodo Carbonífero) se debía a ese sofisticado sistema de protección de los huevos.

Miguel Ángel G. Yanes

10/9/10

PLAN DE BARRIOS

Aprovechando La Red, a los responsables de Urbanismo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife públicamente me dirijo.


Como vecino de la zona Cruz del Señor-Bº del Perú, no voy a criticar las molestias que nos ocasionan las obras en sí (y eso que cada día nos lo ponen más difícil a los peatones), ni su necesidad real, ni tan siquiera el oportunismo de las mismas. Sólo quiero saber a quién se le ocurrió la brillante idea de colocar esos bolardos metálicos planos, que parecen espadas en cuanto a forma y color, en diversas esquinas de la zona, cuando existen otros tipos muchísimo menos peligrosos, por no decir agresivos para los viandantes. Y no digamos nada si alguno de ellos, como el existente en la confluencia de las calles Santiago Beyro y Ramón Trujillo Torres, se ha partido al ser golpeado por algún vehículo ¡hace ya algunas semanas! y continúa así. Ése tiene un plus añadido de peligrosidad apuntando a tétanos con sus afiladas puntas herrumbrientas, sobre todo para ancianos y niños.

Mirando con detenimiento el resto de pivotes fijos instalados en diversas calles de la ciudad, observo que los hay: bajos y con forma de arco, altos y cilíndricos, altos y curvos, bajos y cilíndricos, esféricos... ¿Era muy difícil instalar alguno de estos? ¿Resultaban muy caros? ¿O habrá sido para que hicieran juego con los postes de la catenaria... o con los bancos de aluminio que flanquean el recorrido del tranvía?



¡Válgame Dios! ¡Que diferencia con los bancos de La Rambla! Y yo que creía que se instalaría un mobiliario urbano elegante, de calidad, que contribuyera a dar a la ciudad la imagen estética y el prestigio que se merece. Pero no. Qué le vamos a hacer.

Ya sabía yo que, tarde o temprano, aparecería "el tío Pedro" con las rebajas.

Miguel Ángel G. Yanes
11/04/08

8/9/10

"CÁGOME EN TODO LO CAGABLE"

Ruego a los lectores disculpen lo soez de la frase, pero no me he podido reprimir. Explicaré por qué:

Contra todo pronóstico, y a pesar de la crisis económica que nos estruja los bolsillos, este verano nos vimos obligados, por motivos familiares, a viajar a Gerona (Girona) Obviando las incidencias del viaje de ida, los imponderables de las tormentas veraniegas, los dos intentos de aterrizaje abortados ante la densa niebla, la tremenda mojada que nos dimos, corriendo por la pista (no había transporte) desde el avión hasta el edificio terminal… y otras fruslerías, quiero detallar lo que nos aconteció a la vuelta.


En principio tuvimos que darnos un señor madrugón, porque nos alojábamos a bastantes kilómetros del aeropuerto. Nos levantamos a las 4 AM., cargamos los bártulos en el coche y, noche cerrada aún, nos dirigimos al Girona-Costa Brava, guiándonos por el famoso GPS. Todo iba bien hasta que, de repente, el tal cacharro se quedó sin cobertura, justo en una rotonda con cinco posibles salidas, ninguna de las cuales indicaba la dirección del aeropuerto. A esa hora éramos los únicos usuarios de la vía, por lo que comenzamos a girar lentamente con la esperanza de que algún otro vehículo se incorporara a la misma. En ello estábamos cuando, en el cuarto giro, el GPS recuperó el aliento y nos indicó la carretera de Barcelona. Juro por Dios que fue la primera que había descartado.


Llegamos por fin, amaneciendo ya; entregamos el coche, facturamos nuestros equipajes, y siguiendo las restrictivas medidas de la compañía de bajo coste con la que viajábamos, nos dispusimos a partir. He de decir que siendo los aviones de Ryanair los únicos que operan en dicho aeropuerto, el vuelo salió puntual y sin ningún tipo de incidencias, pero ya no recordaba la paliza auditiva de la ida. A cada rato, justo cuando, presa del cansancio, intentabas dar alguna cabezada, la estridente megafonía del aparato te lo impedía, ofreciéndote toda suerte de productos: comidas, bebidas, perfumes, relojes, cigarrillos sin humo y… ¡hasta un “rasca”! Todo un supermercado ambulante.


Deshechos y ojerosos aterrizamos en el Tenerife-Sur, donde la temperatura alcanzaba los treinta y tantos grados y, bajo un sol de justicia, tuvimos que aguardar, durante casi media hora, la llegada de la guagua; porque ya no existe (no sé si por culpa de Titsa, del Cabildo, de la presión ejercida por los taxistas, o de la madre que parió a Paneke) la línea Santa Cruz-Aeropuerto y viceversa, ¡no! Ahora hay que esperar a que llegue la de Playa de Las Américas, como así hicimos.

- Va llena. Nos dijo el conductor.

No me lo podía creer.

- Bueno, pues esperaremos a la próxima. Contesté.

- Es muy probable que también venga llena. Lo único que puedo ofrecerles es la posibilidad de viajar de pie.

Nos miramos los unos a los otros y asentimos. Sé que era un riesgo. Cualquier golpe o frenazo brusco, podía dar con nuestros cuerpos en el suelo; es por ello que, cuando se circula a más de 60 Km. por hora, no está permitido viajar de pie, pero…


Después de una hora de bandazos y traqueteo (la autopista del sur está que da penita) arribamos a Santa Cruz y, arrastrando de nuevo las maletas, aún tuvimos que llegar a la parada de taxis del Corte Inglés.

Estaba realmente molido, somnoliento, muerto de sed, me dolía la cabeza y tenía los pies hinchados y “endormidos”.

¿Cabe o no cabe la frase del principio?

Miguel Ángel G. Yanes