21/5/10

UN PEQUEÑO ENIGMA

Hoy, como quién no quiere la cosa, he resuelto un pequeño enigma que me tenía "mosca" desde hacía algún tiempo.

Hace ya veinte años que me mudé a mi domicilio actual, y por tanto, comencé a conocer a la gente del entorno; en principio, antes aún que a los vecinos de mi propio edificio, conocí a aquellos con los que contactas a diario o casi; las personas que prestan sus servicios en los negocios de la zona: farmacia, supermercado, panadería... Fue en este último lugar donde conocí a una dependienta muy correcta y agradable en el trato, de la que, a pesar de saludarla diariamente y cruzar alguna que otra palabra con ella, jamás supe su nombre.

He de confesar que, aunque la panadería quedaba algo lejos de casa, me convertí en cliente habitual
más por obligación que por devoción, porque no había otra más cercana. Así qué, en cuanto abrieron una en las inmediaciones, abandoné aquel hábito de excursionista. No obstante, cuando de vez en cuando, nos cruzábamos en la calle la dependienta y yo, siempre nos saludábamos con un cierto afecto.

Es por ello que me intrigaba sobremanera que, cuando coincidíamos los lunes por la mañana, en la cafetería donde suelo acudir a echar un cafelito con los amigos, jamás respondía a mi saludo; es más, me miraba de un manera extraña. Aquello me desconcertaba bastante, y me dio por pensar que tal vez llevaba una doble vida y no quería que me inmiscuyera en ella, por lo que nunca me atreví a dirigirle la palabra.

Han pasado los años y hoy, inesperadamente, se ha resuelto el enigma.

Iba por la acera, cabizbajo, rumiando alguna idea, cuando al levantar la cabeza lo vi claro de pronto:
¡Coño! Son dos (perdonen por el taco) Son hermanas gemelas. Venían de frente, codo con codo, y entonces, cuando no supe a cuál de las dos conocía, a una de ellas se le cayó una prenda de abrigo que colgaba del bolso; se lo indiqué, y al punto, más rápida que yo, retrocedió a cogerla. Justo en el momento que me daba las gracias, supe que aquélla era la que no conocía. Lo vi claro en la extensa sonrisa de su hermana.

Miguel Ángel G. Yanes

9/5/10

HOY VA DE BILLETES

Hay dos frases relativas a billetes (entiéndase dinero) que quedaron grabadas en mi memoria y, a no ser que se empeñe el Señor Alzheimer, me acompañarán siempre.




Una de ellas se la oía decir a menudo, en plan de guasa, a mi amigo Reyes (q.e.p.d.) quién, cuando alguien repetía esa manida frase de "buena hora", se apresuraba a apostillar: "¡Sí! Buena hora para contar billetes". El pobre nunca tuvo demasiados billetes que contar, y tal vez por eso, le salía del alma aquella coletilla.



La segunda frase, también en plan de guasa, la soltaba a menudo mi abuelo paterno cuando conjugaban, entre familiares o amigos, el verbo conformar: "yo me conformo...", "yo me conformaba...", "yo me conformaría..." (hablando de dinero, se entiende) y cada cual intentaba echar la mayor barbaridad posible. Hasta que un día a mi abuelo se le ocurrió decir: "Pues yo me conformaría con todos los billetes que pudiera cargar el Valbanera". Se hizo el silencio apenas un segundo, para escucharse luego un sonoro tronar de carcajadas. Y desde ese instante, quedó como la cantidad idónea de billetes con la que cualquiera debería conformarse.

Ahora, muchos de ustedes se preguntarán qué era El Valbanera. Pues bien, para una información detallada y precisa, les recomiendo el artículo escrito por D. José Luis Torregrosa, alojado en:


Pínchelo y léanlo con detenimiento. Merece la pena.

Miguel Ángel G. Yanes