27/1/10

LA EDUCACIÓN Y LA MAGIA

Educar es un claro intento de mejorar a la humanidad. Ya decía Herbert Baxter Adams que “un profesor trabaja para la eternidad, porque nadie puede predecir donde acabará su influencia”. Y la magia, también llamada ilusionismo o prestidigitación, puede ser un perfecto coadyuvante para esa educación, dando pie al mago, a través de una serie de trucos, de captar la atención del público, de tal manera, que puede crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo, ya sea en plena calle, en un salón o en un escenario.

Cabría preguntarse si esa facultad del mago para captar la atención de los demás, es extrapolable al educador.

Si el profesor tuviera una capacidad de comunicación amena e ilimitada, la capacidad de asombro y de atención del alumno crecería exponencialmente con la suya; por lo que no sería demasiado descabellado pensar que ambas disciplinas, la educación y la magia, podrían complementarse en algunos casos. De hecho, técnicas y principios desarrollados por distintos magos, han demostrado ser de utilidad a la hora de modificar la atención y la conciencia, de enfermos que sufren enfermedades neurodegenerativas, tales como el alzheimer.

Cuando el mago actúa, al efectuar cualquier truco de ilusionismo, no trata de engañar a la vista, sino que trata de engañar al cerebro, porque no le interesa tanto dirigir o desviar la mirada del espectador; lo que le interesa más, en último termino, es dónde se encuentra concentrada su atención. Un espectador puede estar mirando fijamente un juego de magia, pero sin embargo no va a ver el truco, porque a pesar de tener los ojos puestos en él, su atención puede encontrarse localizada en otro lugar.

La educación funciona de una manera similar. Si el profesor es bueno (como se supone que lo ha de ser el mago) sabrá captar la atención del alumno, por muy tediosa y densa, que sea la materia. Para ello habrá de emplear también una serie de trucos, de distinta índole, pero encaminados al mismo fin: lograr el asombro y la satisfacción.

Miguel Ángel G. Yanes

21/1/10

LA EMPRESA ME HA HECHO UN REGALO DE REYES

Compañeros:

En el día de hoy, 21-01-04, me he enterado por terceros de que “Nuestra Empresa” aunque con cierto retraso, me ha hecho un regalo de Reyes, algo que me ha llenado de regocijo hasta límites insospechados, en primer lugar por lo inesperado y en segundo por el obsequio en sí.
Me embarga una emoción indescriptible, al considerar que han tenido este detalle conmigo. La verdad es que aunque mi verdadero oficio (para el que realmente se nace) sea el de amontonar palabras, ahora no consigo encontrar las adecuadas para expresar, como querría, mi profundo agradecimiento ante el presente ofrecido a mis 30 años de servicio.

Al parecer y como premio a esa dilatada vida laboral han decidido concederme un CAMBIO DE ACOPLAMIENTO FORZOSO a otro departamento, remitiéndose al Apartado 151.2 de la Normativa Laboral y aduciendo que:

“En relación con el compromiso adquirido de recuperar trabajos hasta ahora realizados por empresas colaboradoras (UNA PUTA MENTIRA), se le participa la necesidad de que el empleado con categoría laboral de Subjefe Administrativo Ofimático, acoplado a la Coordinación de Ingeniería-I, perteneciente a la Jefatura de Creación de Red de Canarias, pase a realizar las funciones que le son propias en la Coordinación Planta Externa Canarias II, dependiente de la Jefatura de Planta Externa de Canarias.”

Dicha resolución me ha cogido por sorpresa, ya que, no sabía, ni siquiera sospechaba, que esto fuera a ocurrir; aunque lo que más me ha molestado (si cabe) es haberme enterado, por un canal indirecto, de la carta que el Departamento de Recursos Humanos dirige al Comité de Empresa, sin que nadie tuviera la deferencia de comunicarlo a la persona (¡Perdón! Tal vez debería decir “unidad de gasto”) afectada.

Podría hablar largo y tendido sobre quiénes y por qué, pero creo que el simple hecho de nombrarlos, sería darles una consideración que no merecen.

Esto, como el OPUS, es un supo que te meten al revés.


Está claro que hace tiempo que se han perdido las formas, pero mi derecho al pataleo no van a poder reprimirlo. Es más, pienso ponerme botas de tacón cubano para hacer el mayor ruido posible. Lo malo es que ahora, a la “alegría” del cartel de SE VENDE, que me recibe a diario al incorporarme al centro de trabajo, he de sumarle este otro handicap.


Lo que no termino de comprender es por qué gran parte de la plantilla se encuentra desmotivada, deprimida y hasta angustiada, ni por qué es tan alto el índice de absentismo.

¡La verdad es que no lo entiendo!

Miguel Ángel G. Yanes
Matrícula 92535-7

20/1/10

AUNQUE NUNCA VIVÍ EN TACORONTE


No sé a ciencia cierta si los vecinos de Tacoronte lograron derribar el Plan General de Ordenación Urbana que afectaba al municipio, o si sólo han podido detenerlo de forma provisional. Sea de una manera o de otra, quiero solidarizarme con ellos en su lucha, sobre todo con doña María Virginia González Dorta, cuya carta titulada "Yo tenía una casa y una huerta en Tacoronte", publicada el pasado mes de octubre en la prensa local, me tocó el corazón.

Yo nunca tuve un pedazo de tierra, ni en Tacoronte ni en ningún otro sitio. Es más, ni siquiera tendré ya esos dos metros cuadrados que antiguamente nos correspondían, pero de todas formas, quiero solidarizarme con ella en su denuncia de los artífices de un PGOU que pretende arrasar todo lo que se ponga a tiro, eliminando sin ningún tipo de pudor, casas, jardines, huertas, árboles, arbustos y, si no los frenan, hasta la propia identidad tacorontera, representada en parte por esos pocos barrancos aún vírgenes, donde la maravilla de la vegetación silvestre, besa y abraza todo lo que encuentra a su paso, transformando sus cauces en un bello y bucólico vergel; un alimento para el alma y para los sentidos.

Me vienen a la memoria unos versos, para mí de los más hermosos de Emeterio Gutiérrez Albelo, sobre esos idílicos enclaves que llegan a ser los barrancos aún no profanados por la mano del hombre:

"Cañaverales de Agua García / cañaverales que pulsa el viento / rítmicos tubos / varas con flecos... /cañaverales locos del alma / que se me afilan / igual que lanzas hacia los cielos / cañaverales de Tacoronte / cañaverales que pulsa el viento".

Ruego que no los toquen; es parte de la precaria herencia que todavía podemos legar a nuestros hijos, aunque sea tan sólo un simple atisbo del paraíso natural que ya perdimos.


Aunque nunca viví en Tacoronte, lo frecuenté a menudo en mis años jóvenes. Solía acudir en los meses de verano en compañía de mi vecino y amigo Fernando Canino Palma, cuyos abuelos tenían vivienda en Los Naranjeros, justo en ese corto tramo de carretera que aún conserva la sombra y el arrullo de los álamos, junto a la Casa Roja (referencia inútil en estos tiempos porque, hasta ella, ha perdido el color) Allí conocí a los amigos de mi amigo, que luego fueron míos; allí entendí que, o volvíamos al vibrar al ritmo de la naturaleza, o estábamos perdidos; allí logré, sin la maldita prisa, asomarme al cáliz de un gladíolo y descubrir las perlas que el rocío dejaba; allí sentí como nunca el olor de la tierra recién labrada y húmeda. Allí aprendí también a disfrutar del canto de los pájaros, del aroma del mosto, de la fruta, de los tubérculos y de las hortalizas. Y aprendí que la paz de los árboles, a poco que te abraces a ellos, puede trasvasarse al pecho de los hombres, en un desesperado intento por su parte de convertirnos en guardianes del mundo.


Cuando ya las tardes caían, con esa lentitud interminable casi del verano, y la fragancia de los jazmines se expandía por doquier, llegábamos al que, para nosotros, era en aquel entonces, el propio corazón de Tacoronte: "La Juventud Edelweis", el primer teleclub que se abrió en Tenerife, un punto de encuentro que se antojaba mágico; allí charlábamos, jugábamos al ludo, al ajedrez, al ping pong, veíamos la tele, y siempre había alguien dispuesto a arrancarle algún acorde a una guitarra. Por ello, aunque nunca viví en Tacoronte, lo sigo llevando en la memoria y en el corazón. Así que reitero mi apoyo incondicional a todos sus vecinos, y en particular a doña María Virginia González Dorta.

Miguel Ángel G. Yanes
27/11/09

17/1/10

CHUSMA

Sobran los datos identificativos. Somos pocos y nos conocemos bien, si no personalmente, sí a través de terceros. Por ello voy a obviar tu nombre y apellidos. En realidad no hace ni puñetera falta. La educación me obligaba a decir: Mire usted... pero la efervescencia de la sangre, me empuja a utilizar casi tu lenguaje y soltar:

- ¡Mira, tío! ¿Quién coño te has creído que eres, para permitirte llamar chusma a nuestra propia gente? ¿Acaso has olvidado que la poltrona que ocupas te la otorgó, con sus votos, esa chusma, ese pueblo soberano que tiene que echarse a la calle, porque sus legítimos representantes son incapaces de defenderlo?



Más que hartos de carros, carretas y carretones, los chicharreros han vomitado por fin, a las puertas del ayuntamiento, la malsana indigestión de esta clase política que nos lastra y condena, salpicando, de paso, las relucientes botas de aquellos que, siguiéndoles el juego, se han prestado a retirar los necesarios medios técnicos, para sofocar así la voz de la protesta.

Soy parte de esa chusma. Me honro de ella y me avergüenzo de ustedes.

Miguel Ángel G. Yanes

10/1/10

LA PAREJA DE LAS CUATRO BUTACAS

"Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre. Lo digo porque sé a ciencia cierta, que ambos repararon en mi presencia, pues me encontraba situado a escasos dos metros de ustedes".


Hoy venía al Museo de la Ciencia y el Cosmos, Ernesto Cardenal de la mano de Caco Senante, acompañados ambos por Rubén Díaz, Leiko Krahe y Claudio Briones. Espectáculo que no me podía perder.

Se me complicó la tarde más de la cuenta y tuve que apurarme para coger el tranvía que me dejará a tiempo a las puertas del museo. Al acceder a la sala de actos, abarrotada ya, aun cuando el evento no había comenzado, me encaminé, como suelo hacer, al amparo de esa esquina invertida que para mí es el ángulo, donde apoyé las manos y la espalda. Desde esa atalaya que me permitía ver no sólo el espectáculo, sino también el patio de butacas, contemplé con lujo de detalles la insólita manera de actuar de una pareja que se hallaba sentada en la última fila; como digo, a dos metros escasos de mis propias narices.

Al haberse completado el aforo, el museo facilitó una serie de sillas plegables a los más rezagados pero, a los pocos minutos se habían agotado y el público continuaba accediendo al recinto. Entonces fue cuando me fijé en ellos. Tenían ocupadas las butacas de ambos lados; una con un bolso y la otra con una mariconera.

Lógicamente, las personas que llegaban, ya a oscuras, comenzado el acto, se acercaban a preguntar sobre aquellas butacas. A fe que, al hablar en voz baja, no pude saber lo que la pareja argüía al respecto... si esperaban a alguien, si se hallaban en el baño o cualquier otra excusa. La cuestión es que no cedieron los asientos a nadie.

Mi asombro iba "in crescendo" a medida que el acto avanzaba y nadie acudía a ocuparlos. Una señora que se apoyó en la pared, justo a mi lado, echaba chispas por tener que estar a pie firme mientras las dichosas butacas continuaban vacías. Afortunadamente para ella, alguien se marchó antes de tiempo y consiguió sentarse.

Pues bien, finalizó el acto, que duró unas dos horas, y acabaron desiertas. Por eso repito: "Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre... ¡Y los tengo calados!".

Miguel Ángel G. Yanes
10/11/09

7/1/10

LA BOMBA DEL PGO

¡Vaya! Me parece muy bien que el Sr. Zerolo no deje patear la puerta del Ayuntamiento. Pero con la misma rotundidad, no debería permitir tampoco que se patearan los derechos de los ciudadanos. Ahora que la bomba del PGO sigue haciendo tic tac entre sus manos, creo que cabría hacer una profunda reflexión, porque cuando el pueblo patea las puertas de su propia casa... ¡algo muy grave ocurre!



Aunque no me afecta el PGO, decidí acudir a la concentración matutina, el pasado 29 de diciembre, en compañía de un par de amigos a los que, curiosamente, tampoco les afecta... ¡por ahora!; con la clara intención de solidarizarnos con los afectados.

Dada la cantidad de vecinos, unos 70.000 que, según la prensa, se encuentran perjudicados por este asunto, me pareció escasa su afluencia. Es más, me queda la duda de que llegáramos a mil las personas congregadas allí, tal y como apuntan los datos, por lo que aprovecho para pedir a todos los afectados y a los que, aún sin serlo, consideren una tremenda injusticia lo que está ocurriendo, se echen a la calle el día 4 de enero, fecha del próximo pleno municipal, para hacernos oír "in situ".



No podemos permitir que "nuestros políticos" sigan haciendo lo que les venga en gana. Es inadmisible que, siendo nuestros legítimos representantes, en lugar de trabajar para el bien común trabajen para el beneficio de unos pocos.

De todas formas, gran parte de la culpa es nuestra. Siguen ahí porque les continuamos dando nuestros votos. Por favor, no me obliguen a decir aquello de que... "los pueblos tienen el gobierno que se merecen".

¡Joder!... y lo he vuelto a decir.

Miguel Ángel G. Yanes

5/1/10

PONGAMOS POR CASO

Pongamos por caso que una pareja de ciudadanos europeos viaja desde el aeropuerto de Copenhague hasta el de Tenerife-Sur, con la idea de pasar unos días entre nosotros.

Pongamos por caso que él sea español... canario... palmero... y que se llame Jaime Matos Abreu (ex presidente de la Asociación Canaria en Dinamarca), que tenga 66 años de edad, lleve más de 40 trabajando y residiendo en dicho país, y que haya decidido pasar, en compañía de su esposa Kirsten, las fiestas navideñas en su isla natal.

Pongamos por caso que se alojen en el Puerto de la Cruz, donde, al día siguiente de su llegada contratan, en una agencia de viajes, billetes de ida y vuelta a La Palma, con la compañía Islas Airways, que los traslada allí sin ningún tipo de problemas; pero que la cosa se complica cuando, un temporal de viento y lluvia, obliga a cerrar el aeropuerto palmero, no quedándoles otra opción que regresar a Tenerife por vía marítima.

Pongamos por caso que, al llegar al Puerto de la Cruz, la agencia de viajes está cerrada por ser día festivo, y que el señor en cuestión se desplaza a la oficina que la compañía aérea tiene en el aeropuerto de los Rodeos, con la idea de que le devuelvan el importe de los billetes no utilizados.


Pongamos por caso que plantea correctamente su reclamación a la señorita que atiende el mostrador, y que ésta le responde a las claras, que quien único le puede reintegrar el dinero es la agencia de viajes, y que sólo percibirá el 70 % del importe. Ante lo cual, asombrado e incrédulo, intenta razonar con ella, indicándole que ha de abandonar Puerto de la Cruz a las 8 de la mañana siguiente, rumbo al aeropuerto del Sur, para tomar el vuelo de regreso a Dinamarca y, por tanto, no tiene ninguna posibilidad de pasar por la agencia de viajes; pero ella sigue repitiendo la misma cantinela:

-Señor, Vd. no nos compró los billetes a nosotros. De haberlo hecho así, se los reintegraríamos sin más.

Es entonces cuando el cliente, visiblemente molesto, aunque sin perder la compostura ni la educación, aduce lo siguiente:

- Vamos a ver, señorita ¿Con quién he contratado yo el servicio, con la agencia de viajes o con su Compañía? ¿O es que intenta decirme que Vds. no reciben el importe de la venta?

Mire: el hecho de no haber podido regresar de La Palma en avión, nos ha ocasionado una serie de trastornos. En principio nos hemos visto obligados a desembolsar 142 euros para poder venir en barco con la compañía Fred Olsen, pagando Clase Oro (la tarifa más cara) que era lo único disponible en ese momento. Pero como el atraque se realiza en el puerto de Los Cristianos, tuvimos que pagar también 24 euros a la Compañía Titsa por dos trayectos efectuados por carretera: Los Cristianos-Santa Cruz y Santa Cruz-Puerto Cruz. Y si ahora le sumamos a estos gastos, el importe de 124 euros de los billetes de avión que, por lo visto, no vamos a poder recuperar, y además, lo que nos cobre ahora el taxi por traernos y devolvernos al Puerto de la Cruz, habremos perdido más de 300 euros, sin contar las molestias ni el tiempo malgastado. Así que, como comprenderá, la "publicidad gratuita" que haremos entre nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos, no los va a dejar muy bien parados.


La verdad es que la imagen de las Islas que se lleva esta pareja deja mucho que desear, porque lo evidente es que ellos no han sido los causantes de temporal que azotó La Palma, pero si han pagado el pato.

Miguel Ángel G. Yanes