30/11/09

ME HA LLEGADO LA ONDA...

Sí, como lo leen. Me ha llegado la onda de que un grupo de personas intenta presionar, con una serie de razones más o menos discutibles, para que se vuelvan a permitir las corridas de toros, prohibidas por ley del Gobierno Canario desde 1991, aduciendo que la ley "se refería fundamentalmente a los animales domésticos, y el toro bravo no lo es", lo cual llevaría a revocar la misma, cosa harto improbable. Todo ello con la digna idea de preservar, de alguna manera, la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, amenazada por una bandada de buitres inmobiliarios que la sobrevuela con insistencia, y evitar así su demolición, que conllevaría la construcción de un edificio de viviendas, aparcamientos y locales comerciales.

Una de las frases cogidas a vuelapluma fue: "Es que es la fiesta nacional de España".

Sí señor, eso no lo discute nadie, aunque habría que preguntarle a los toros por la palabra "fiesta", pero no la de Canarias. Y eso quedó claro hace 18 años.



Alguien apuntó también, supongo que con su mejor intención, la posibilidad de que fuera un espectáculo enfocado al turismo que nos visita, y yo me quedé mascullando entre dientes que si, quieren ver corridas de toros, vayan a la Península, que en sus dos países las celebran (creo que el verbo no es el apropiado) o detrás de los Pirineos que también, aunque por poco tiempo.

No poseo ningún tipo de conocimientos sobre arquitectura y, aunque he leído que la plaza data de 1893 y se remodeló en los años veinte tras sufrir un aparatoso incendio, desconozco si dicha construcción pertenece al estilo neomudéjar, "neo-puro hormigón" u otros, y si arquitectónicamente tiene algún valor; aunque, fiándome de la magnífica reflexión efectuada por D. Federico García Barba en la Red de Redes (http://islasterritorio.blogspot.com/2008/06/la-plaza-de-toros-de-santa-cruz.html), he de inferir que no. Pero la he visto ahí durante toda mi vida; la considero un importante punto de referencia de la ciudad y no me gustaría que desapareciera. Pero claro, habrá que darle alguna utilidad.

Miguel Ángel G. Yanes
26/05/09

22/11/09

A MANUEL DE LOS REYES PEÑA SIVERIO, IN MEMORIAM

Hoy he perdido a uno de mis mejores amigos. Un hombre íntegro, un artista al que nunca le sonrió la suerte. Nació pobre, vivió pobre y murió pobre en una aséptica habitación de hospital. Tenía talento, mucho talento, pero nadie le dio jamás una oportunidad. Si en sus años de juventud algún mecenas lo hubiera encaminado, tengo por seguro que hoy sería un pintor de renombre. Pero no fue así.

"Aquí quedaría bien una foto suya,
pero, lo que son las cosas,
no tengo ninguna."

Poseía una mano única para el dibujo, y sí no, que se lo pregunten a la gente de nuestra época. La mayoría de los tatuajes que lucen fueron dibujados por él. También tenía una facilidad innata para la música y no digamos nada para todo tipo de manualidades; trabajó el cuero, la madera, el metal, haciendo cruces, pulseras, pendientes. Reparó lavadoras, televisores, equipos de música, teléfonos móviles. Eran pocos los aparatos domésticos que se le resistían, pero siempre a base de cáncamos, laborando al tran tran, porque nunca consiguió un puesto de trabajo estable. ¡Miento!… tuvo uno. Allá por los años 70 llegó a ser oficial troquelador en la Litografía Ramírez, hasta que el famoso Santaella arrambló con los cuartos y se fue todo al traste. Y como aquel era un oficio a desaparecer, máxime cuando la única empresa que quedaba activa en ese ramo comenzaba a rescindir plantilla, no tuvo más remedio que demandar empleo como peón en la oficina de marras. Y jamás lo llamaron. Luego vendrían los años más duros, económicamente hablando, hasta los últimos tiempos en que sobrevivían (él y su familia) apenas con una mísera pensión y el poco dinero que sacaban los domingos, vendiendo en el Rastro una serie de objetos que vecinos y amigos les llevaban.


Desde estas líneas quiero pedirle a Israel, su hijo, que guarde su memoria. Que lo recuerde con el respeto y el cariño que merece, como un buen padre que sólo buscaba lo mejor para su hijo, aunque algunas veces no acertara en las formas. Sé que chocaban, como chocan siempre las diferentes generaciones, pero también sé que lo amaba profundamente y que se sentía orgulloso de él, aunque hubiera querido que no abandonara los estudios. Espero que cumplas sus expectativas, y te conviertas en un hombre de bien, como él quería.

Tu padre fue todo un personaje: autodidacta, innovador, casi un ídolo de aquellos años en los que fuimos jóvenes. Sí, aunque no te lo creas, nosotros también fuimos jóvenes; luchamos a brazo partido por un mundo mejor y nos vencieron... casi. Por eso te pido que jamás abandones, que no te rindas nunca, que luches por sacar adelante a tu familia, que protejas a tu hermana (la mayor tristeza de tu padre era no poder verla crecer) y que persigas tus sueños con ahínco, hasta el final. Es algo que le debes.

Miguel Ángel G. Yanes

20/11/09

AL AYUNTAMIENTO PORTUENSE

Es de bien nacido ser agradecido. Por ello considero que, después de haber denunciado en su momento el lastimoso y deplorable estado en que se encontraba la calle Robles del Puerto de la Cruz (para quienes no la ubiquen, diré que es la que comienza frente al Jardín Botánico para desembocar en la calle Aceviño, en la parte baja de La Paz) ahora me toca felicitar a la corporación municipal, ya que, por fin, se están acometiendo las obras de asfaltado y repavimentación de dicha vía, cosa que agradezco profundamente como usuario de la misma.


No obstante me gustaría puntualizar que la calle Retama, donde se encuentra la entrada principal del Jardín Botánico, aunque no alcanza aún el grado de deterioro de la anterior, va camino de ello, pues al servir de enlace con la Carretera del Este, ha experimentado, en los últimos años un importante aumento en el volumen de tráfico, lo que ha provocado que el firme (que no lo es tanto) se haya resentido sensiblemente.

Está claro que "parche aquí, parche allá" es un estribillo que no acaba de solucionar el problema, porque a los pocos días cambia y vuelve a sonar "bache aquí, bache allá". Me parece que para solventarlo se hace necesario recurrir también a una cura en profundidad más temprano que tarde.


Y ya que hablamos de calles, no puedo dejar de mencionar la avenida Marqués Villanueva del Prado. La entrada principal a una ciudad turística no puede estar en esas condiciones. Si tengo que buscar una palabra para definir su estado sólo me sale ¡lamentable!


Espero que la obra de la calle Robles, así como la del Mirador de La Paz, que también se está ejecutando en la actualidad, no sean algo puntual, sino el comienzo de una verdadera campaña de restauración que, junto con otro tipo de medidas que se antojan urgentes ante el visible deterioro experimentado en los últimos años, sirva para que esta ciudad recupere su prestigio y su proyección internacional como centro turístico de primer orden.

Miguel Ángel G. Yanes
28/04/09

10/11/09

EL DIOS DE LA AVARICIA MATERIAL

Como un canario más con, al menos, dos dedos de frente, quiero solidarizarme con los razonamientos expuestos por don Pedro Antonio Martínez Martín, publicados en la presnsa local el 31-03-09, bajo el título "Tren del Sur". Escueto y puntual. Pocas razones de tanto peso pueden aducirse con menos palabras.

Aunque hay algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no creo que lo que en realidad motive a esos "descerebrados" sean las grandes locuras, sino más bien los grandes pelotazos. ¿Pero es que no vemos lo que ocurre ante nuestros propios ojos? Los mismos de siempre enriqueciéndose a manos llenas, a costa de arrasar nuestro patrimonio natural, de llevar a cabo obras faraónicas, de destruir y construir sin tino, deteriorando irreversiblemente este frágil territorio y, con él, el futuro de nuestros hijos.

Está claro, clarísimo, que "los de la pomada" tienen todas sus necesidades cubiertas y que, en el fondo, les importan un… (iba a decir un carajo, pero me pareció de mal gusto) las verdaderas necesidades de la isla y de los isleños. Sólo los mueve un desmedido afán de riqueza y poder. ¿Cómo es posible que este pueblo nuestro no reaccione, no se rebele de una vez contra tanto despilfarro, tanto despropósito y tanto mamoneo?

¡Señores!, aquí hay una ciudadanía trabajadora que paga religiosamente sus impuestos y se merece un respeto. Y éste pasa por cubrir con urgencia sus necesidades perentorias.

¡Sí! Yo también abogo por una sanidad en condiciones (me viene a la memoria una viñeta humorística donde un mago dice: "Pedí una sanidad en condiciones y me dieron un policía autónomo"). Esa es otra fruslería de alguien que también desea pasar a la posteridad como artífice de otro despropósito. Los pueblos no evolucionan fomentando el crecimiento de cuerpos represivos, sino fomentando la educación y la cultura. Pero claro, los que manejan los hilos saben a ciencia cierta que, cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta de manipular. O sea, que las marionetas, cuantos más hilos tienen, más complicadas son.

Después del Tren del Sur, vendrá el Tren del Norte, y si nos descuidamos, un tren transversal que una el norte con el sur, y más tarde un tren turístico que descienda a las profundidades del Averno, para visitar el balneario que regenta el patrón de estos "mammones": servidores de Mammón, el dios de la avaricia material.

Miguel Ángel G. Yanes
13/04/09

2/11/09

AUTORIDAD PORTUARIA

Tengo 54 años ya cumplidos y nunca me había ocurrido esto.

El martes, 27 de octubre de 2009, a las once de la mañana, el puerto de Santa Cruz de Tenerife presentaba la imagen de otra época. Al contrario de lo que suele ser común, y coincidiendo con el comienzo de la temporada de cruceros, la línea de atraque del muelle sur se hallaba al completo.


Tres trasatlánticos gigantescos y un magnífico velero (el único cinco palos del mundo), ocupaban la totalidad de un muelle casi siempre vacío y desangelado.


No ya por los grandes trasatlánticos, que a fin de cuentas se me antojan enormes edificios flotantes, sino por ver de cerca el "Royal Clipper", decidimos, el amigo Paco Morera y yo, acercarnos al mismo. Digo bien "decidimos", porque "poder" no pudimos. Unos agentes de la autoridad portuaria (ella y él) nos impidieron el paso en la misma entrada del muelle.


- ¿A dónde van? Nos espetaron.

- A ver de cerca ese velero. Contesté.

- ¡No se puede pasar!

- ¿Me explica por qué?

- ¡Órdenes!... Por seguridad.

-¿Quiere decir que, a dos ciudadanos nacidos aquí, que viven aquí y que pagan escrupulosamente sus impuestos aquí, no se les permite acceder al muelle (construido y mantenido con esos impuestos) para ver un barco de cerca?

-¡Exactamente! Hablaba él, sonreía ella.

De pronto se me llevaron todos los demonios (y aún no he vuelto)

-Pues esto habrá que denunciarlo en algún medio. Repliqué.

-¡Pues hágalo Vd!. Se me dijo con sorna. Y en ello estoy.



Cuando nos frenaron en seco, pensé que tal vez hubiera bastado con llevar una cámara al hombro para acceder al dique sin problemas, porque de la interminable hilera de supuestos turistas que nos antecedía, no vimos que detuvieran a nadie, ni que pidieran ningún tipo de identificación, salvo a nosotros. ¿Será porque mi amigo y yo somos morenos y de baja estatura, qué resultamos sospechosos? Me da la sensación de que con la excusa del terrorismo internacional, están estrangulando muchas de nuestras libertades. 


Me crié en ese muelle. Me fugaba del colegio con doce o trece años para deambular por aquel mágico lugar que abarcaba desde la Marquesina a la Grúa Titán. Soñaba con los barcos; subía sus escalas, unas veces con más suerte que otras, por el mero placer de recorrer la cubierta, sobre todo si se trataba de algún buque de vela, sentir su tenue balanceo una vez los cabos atados al noray, chapurrear con la tripulación algunas palabrejas en un inglés de puro garrafón… y no digamos nada si te dejaban tocar la rueda del timón. Es menester decir que algún que otro coscorrón alcancé en mis intentos. Pero nadie nos prohibía el acceso a los muelles, y los chicos de entonces nos movíamos libremente por aquella extensión del paraíso. 


Pero… ¿a qué situación hemos llegado en la actualidad? El puerto parece un país extranjero, con sus fronteras, su propia policía, sus excesivas normas... Y después se preguntan por qué los chicharreros vivimos de espaldas a la mar.

Si por razones de seguridad, el pueblo llano no puede acceder a la plataforma portuaria, pido desde aquí a quién competa, que se vuelva a habilitar el acceso al paseo del muelle sur, para que todos los ciudadanos podamos disfrutar de "nuestro puerto" como hacíamos antaño. 
  


¡Y déjense de "mamonadas"!

Miguel Ángel G. Yanes