31/7/09

FINIS LABORIS

“Ahora me véis, después no me veréis...” (no sé como se dice en latín)

Tras treinta y tantos años en este convento, apenas he mejorado mi latín, quizás porque rezo poco y maldigo mucho; pero es que la actual situación laboral me empuja más a lo segundo que a lo primero, y como todos sabemos, siempre se maldice en la lengua materna. Si lo dudan, prueben a darse un martillazo en un dedo, a ver cual es el primer palabro que les brota por muchos idiomas que dominen.

Pues bien, hoy que lo que prima es el capitalismo globalizado y salvaje, donde los trabajadores pierden comba a cada paso, en aras de una cacareada rentabilidad empresarial que, al parecer, es lo único importante; hoy que todas las mejoras sociales que lograron nuestros mayores, y nosotros mismos tiempo ha, se van, ante nuestros atónitos ojos, por un desagüe insaciable; hoy que la precariedad laboral campa por sus respetos; hoy que los sindicatos mayoritarios han perdido fuerza y terreno, a cuenta de tragar ingentes ruedas de molino que han lastrado su credibilidad y su capacidad de convocatoria; hoy que, más que nunca, con el culo al aire y viviendo siempre al ras o por debajo del IPC (lo que nos impide sacar la cabeza del agua) vemos difuminarse el "estado del bienestar" al que aspirábamos, aunque unos pocos no lo necesiten para nada; hoy que mi vida laboral toca a su fin, me viene a la memoria una frase de Felipe. No... de Felipe González no; me refiero al amiguito de Mafalda cuando, al finalizar el curso escolar, grita:

- ¡La pucha! ¿Y qué voy a hacer con tanta libertad por delante?

Pues... ¡usarla! ¿Qué sí no?

A partir de hoy condenaré al despertador al exilio permanente, y me acostaré, levantaré, pasearé, leeré, y todos los "re" que se os ocurran, cuando me dé la gana...

¡Ah! y no obedeceré más órdenes que las de mi mujer... mi hija... mi suegra... mi...

Por si en algún momento necesitan algo de mí, aquí les dejo mis datos:

Miguel Ángel G. Yanes
C/ Agustín Espinosa García, 20, 2º Izq.
38007 - Santa Cruz de Tenerife
Teléfono: 922202687
E-mail: magyanes@gmail.com

Un fuerte abrazo.

P.D.
Mi amiga Montse Ortí me hace llegar la frase que no supe traducir:
"Nunc ego, iam non videbitis me", lo cual agradezco profundamente.

30/7/09

EL TRANVÍA NIVELA ACERAS Y ASFALTO

Las calles situadas en pendiente en esta ciudad nuestra (creo que alguna hay) por las que transitará el magnífico, honorífico, beatífico tranvía, están de enhorabuena. Gracias a las obras del susodicho invento, han desaparecido los pretiles en algunos tramos, por lo que, merced a un justo principio de igualdad, han alcanzando el asfalto y la acera un mismo nivel; por lo que, cuando llueva abundantemente, el agua, en lugar de discurrir junto al pretil, formando arroyos a veces insalvables para los zapatos, lo hará sobre la acera, ahogando irremisiblemente a nuestros pobres pies. También comercios y viviendas particulares que carezcan de un mínimo escalón correrán el peligro de inundarse, porque el curso de agua buscará, como es lógico, el amparo de las fachadas en su presuroso discurrir.

Y no sólo eso: el que la acera esté al mismo nivel de la carretera, sin ningún tipo de división, es un peligro evidente, pues se corre el riesgo de sufrir un golpe fortuito por parte de cualquier vehículo, a poco que los conductores o los propios peatones se despisten.

Miguel Ángel G. Yanes
04/02/07

21/7/09

EL CULTO AL CARGO

Con este nombre se conoce a una especie de movimiento religioso, aparecido entre diversas tribus de Australia y Melanesia, a raiz del lanzamiento de víveres durante la Segunda Guerra Mundial por parte de la aviación norteamericana, con lo que, los nativos, al considerarlo como algo mágico, le rendían culto, llegando a  fabricar ídolos a imágen y semejanza de aquellos dioses a los que veían sobrevolar la selva, esperando pacientemente a que aquel maná se repitiera.

Aunque nos cueste creerlo, con un enfoque algo diferente, en esta empresa en la que laboro también existe un culto al cargo. No digo por parte de todos los mandos, pero si por parte de algunos, y ellos, mejor que nadie, saben a quiénes me refiero. Un ansia indescriptible que apenas si los deja vivir, royendo no sólo su salud y estado físico y mental, sino desmoronando a su alrededor, familia, compañerismo, amistad; empujándolos a una vorágine que, tal vez, los engulla para siempre a cambio de una absurda falacia de posición social y… ¿reconocimiento?  Porque los hay incluso capaces de venderle el alma al diablo. ¿Y todo para qué?

Teniendo en cuenta que la mera obtención de un cargo, ya sea de índole laboral o política, suele favorecer al individuo pero no al ser (me refiero al que viaja dentro, aunque no está de moda); podemos inferir qué, aquéllos que dada su posición jerárquica se creen superiores al resto de sus subordinados (y que conste que conozco a más de uno) están en un craso error, considerando que lo único que hace superiores a las personas es la capacidad de amar a sus semejantes (bondad y lealtad viajan con ella) tal y como nos enseñó hace ya dos mil años el último avatar de la divinidad. Todo lo demás son memeces y globos de vanidad que, hinchando el ego, lo hacen ascender, irremediablemente, hacia el sol de nuestras ambiciones. Una esfera luminiscente que nos ciega, y la mayor parte del tiempo nos impide ver las líneas del camino.

Por ello y desde mi condición de "indio sin plumas", "clase de tropa" y otras estupideces que entre ellos nos llaman, denuncio la pobreza de espíritu de unos seres mediocres que sólo aspiran a dinero y poder, sin importarles los medios ni las víctimas para alcanzar su meta.

Por ello ruego una oración por sus atribuladas almas, a fin de que, algún día, puedan llegar a entender que:

"Si no tenemos Amor / venimos a ser / como metal que resuena / o címbalo que retiñe. / Y si tuviéramos / el don de profecía / y entendiéramos / todos los misterios / y toda la ciencia / y tuviéramos toda la fe, / de tal manera / que pudiéramos trasladar / hasta los montes, y no tuviéramos Amor, / nada seríamos."
Pablo de Tarso

P.D. ¿Saben un secreto? El 55% de los jefes fracasan por falta de comunicación.

Miguel Ángel G. Yanes

20/7/09

EL OSCURO PROBLEMA DEL CAFÉ

No es la primera vez que me ocurre, pero sí es la primera vez que, públicamente, lo denuncio.

Hay restaurantes en los que, en virtud de no sé que medida empresarial, los domingos y festivos se niegan a servir café. No voy a dar el nombre, pero diré que me ocurrió en un conocido restaurante de San Andrés (“ellos” saben en cuál)


He llegado a preguntar el por qué de esta restricción no sólo a los camareros, sino al dueño del negocio en cuestión, y la respuesta ha sido unánime: “es que estos días hay mucha clientela y la gente tarda demasiado en tomarse el café”

No me creo, ni poco ni mucho, lo de que se tarde demasiado en tomar el café. De hecho, la inmensa mayoría, cuando observamos que hay otras personas pendientes de mesa, abreviamos lo necesario a fin de cederles el sitio. ¿O no es así?

No digo que no haya quienes remoloneen y prolonguen la sobremesa más de la cuenta, y que conste que están en su derecho de tardar lo que les apetezca (lo están pagando ¿o no?), a no ser que se ponga de moda, claro está, el estilo militar o carcelario y tengamos que comer todos a toque de pito.


¿Creen Vds. que es lógico tener una cafetera en perfectas condiciones de funcionamiento y negarle ese servicio a los clientes? Pues que la quiten y se ahorren unos buenos impuestos o se dejen de trapisondas y cumplan con su obligación: servir lo que la clientela les demanda.

- Puede Vd. tomarlo en otro lugar. Me ha dicho más de uno.

¿Pero qué necesidad tengo de ir a otro sitio, ya sea andando, en coche o en bicicleta? si lo que me apetece es tomarlo aquí donde he comido; pagar y regresar a casa o a donde sea que luego se me antoje.

Y es que a mí, personalmente, no me apetece un trozo de tarta ni un helado después de comer; lo que me en realidad me apetece es una taza de café.


¿Estoy desbarrando o exigiendo un derecho que, como consumidor, me corresponde?

Miguel Ángel G. Yanes
12/12/06

16/7/09

FLATULENCIAS VACUNAS

Mi capacidad de asombro no tiene límite, pero hay cosas que, verdaderamente, me desconciertan. Y una de ellas es la noticia emitida por una cadena de televisión, donde se informaba de la tremenda contaminación por metano que provocan, en la atmósfera, las flatulencias emitidas por las vacas.


Por lo visto, lo más grave ya no es la contaminación industrial, ni el humo producido por automóviles, barcos, aviones, cohetes espaciales… Ahora lo peor para nuestra salud y la del planeta, son los pedos y los eructos de las vacas. ¡Sí! Como lo leen. Hasta tal punto esto es así, que se está llevando a cabo un estudio encaminado a modificar su dieta alimentaria, con el fin de que expulsen menos metano a la atmósfera.


Está claro que toda actividad humana exige un tributo y, por supuesto, el consumo desmedido de carne también. Según los últimos datos difundidos, el sector ganadero ya supera al del transporte en la emisión mundial de gases, convirtiéndose así en la principal fuente de degradación de los suelos y del agua. Hace más de una década, un informe de la FAO exigía medidas urgentes, un cambio drástico que hiciera sostenible el actual sistema de producción de carne, pero nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato.

El primer gobierno en dar la voz de alarma sobre este asunto, fue el de nuestras antípodas; no en vano, Nueva Zelanda supera los 50 millones de cabezas de ganado, lo que, si lo multiplicamos por los, aproximadamente, 90 kg, anuales de metano que produce una vaca, da una cifra monstruosa: 4.500 millones de kg, o lo que es lo mismo 4,5 millones de toneladas.

Pero no acaba aquí la historia; hay una segunda parte a tener en cuenta.

En plena época de la información y de la subsiguiente manipulación de la misma, nunca terminaremos de saber la verdad al completo de nada, siempre habrá algo que se oculte, se desvirtúe, o se nos escape, por lo que me va a quedar la duda de siempre:


¿Esto realmente es así, o será otra patraña para sacar dinero?

Porque si lo razonamos a fondo, el mero hecho de cambiar la alimentación a las vacas por otra que produzca menos gases, generará cambios importantes, sobre todo en algunos bolsillos.

Miguel Ángel G. Yanes

10/7/09

MALOS MODOS POLICIALES

El miércoles pasado, a eso de las 7:30 de la tarde, observé cómo un policía local de Santa Cruz de Tenerife increpaba a una señora, que trataba de disculparse por haber dejado el coche, con una persona en su interior, subido sobre la acera en la Rambla General Franco, justo a la altura de la clínica Hospitén Rambla (supongo que para hacer alguna gestión en la misma).


No estoy hablando de abuso de autoridad ni de violencia física, simplemente de malos modos: de falta de tacto y de caballerosidad. No hubo empujones ni porrazos ni disparos al aire, pero sí falta de respeto hacia una ciudadana que, aparte de ser debidamente sancionada, se sintió ofendida, como me hubiera sentido yo mismo, por el trato recibido.

Que conste que conozco a bastantes miembros de este Cuerpo que son correctos y educados, pero hay alguno al que no estaría de más matricularlo en un cursillo de "buenas maneras" o regalarle aquel famoso librito de urbanidad que algunos no llegaron a conocer.


El ayuntamiento debería pulir estas aristas, que en nada benefician la imagen de uno de los cuerpos de Policía Local más completos del país.

Miguel Ángel G. Yanes
25/03/06

2/7/09

M

Cursábamos 6º curso de bachillerato en el instituto.

M era alto, grueso y bonachón. Tenía alguna pequeña deficiencia cognitiva, y por ello sus conocimientos de las distintas materias eran algo precarios, su capacidad de memorizar bastante deficiente y sus aptitudes deportivas prácticamente nulas, pero su bondad suplía con creces el resto de carencias.

Nunca coincidimos en la misma clase, pero lo conocía desde años atrás y le tenía cierto afecto.

Le encantaba acudir como espectador a todos los eventos deportivos del Centro.


Recuerdo cierto día en que se disputaba la final de balonmano. Ya había empezado el partido y las gradas estaban a rebosar, cuando comenzó a subir por ellas buscando un hueco para sentarse.

De pronto se oyó la voz sonora de Machín que, desde la última fila le grita:

- ¡M!... Recuerdos de Bolaños.

- ¿Y quién es Bolaños?

- ¡El que tiene unos huevos de este tamaño! Le responde, separando las manos lo máximo posible.


- Pues yo no conozco a ese señor.

Y se sienta, inocente y feliz, sin caer en la cuenta de que las carcajadas se dirigen a él

¿O tal vez es más listo de lo que parece y nos hace creer lo contrario?

Miguel Ángel G. Yanes