22/12/09

EL CULTO A LA HERRUMBRE

Debe ser que ya soy muy antiguo, pero no entiendo bien la moda de la herrumbre.


Parece que existiera un culto hacia la misma, porque la mayoría de esculturas, vallas, miradores, que se instalan en la actualidad, todo ello es de desnudo hierro sin pintar y, por lo tanto, tarde o temprano, lo recubre esa maldita herrumbre, ese óxido u orín que, al resbalar, deteriora aceras, muros, pedestales… mancha la ropa y hasta los ojos de los ciudadanos, hartos como yo, de ese tedio rojizo que ha invadido el entorno.


La corrosión que ocasiona la herrumbre suele deberse a la humedad o a la salinidad, y si no se aplica un producto que la detenga, es como una caries que lo devora todo sin remedio y termina arrastrando con ella, poco a poco, las propias estructuras.

Sigo sin entender el porqué de esta nueva manía por la herrumbre, máxime cuando ya existen en el mercado convertidores poliméricos, que vienen a ser productos anticorrosivos que se aplican directamente sobre el óxido, logrando encapsularlo para, quitándole el oxígeno, evitar la corrosión, creando al mismo tiempo una especie de pavonado protector; evitando así el trabajo que suponía lijar y pintar luego esas superficies.


Es una pena que no pueda adjuntar aquí más fotografías que lo documenten, pero si a partir de ahora intentan fijarse en lo que digo, descubrirán que existen multitud de cosas que la herrumbre recubre a nuestro alrededor y, cómo no, sus correspondientes regueros de incontenibles manchas: la valla exterior del Hospital Universitario, la pared de la vía del barranco de Santos, la horrorosa "escultura" del puente de la calle Salamanca, el "tobogán" de la Plaza de Europa, la chimenea de la Estación Marítima, la base de "la fea" que conmemora la derrota de Nelson, la fachada del Hotel-Escuela, El Parque de Cuchillitos de Tristán, los miradores de toda la isla, etc. etc. etc.

 
¡Ah!... También había, en sustitución de una magnífica fuente, cuatro vigas herrumbrientas que, en posición vertical, por lo visto adornaban la Plaza del Cristo de La Laguna. Afortunadamente el pueblo hizo presión y fueron retiradas.

Miguel Ángel G. Yanes

12/12/09

EL TRANVÍA Y LA JOVEN CRI

Me llamaba la atención, desde un principio, el silencio casi religioso en que se sumía, prácticamente, la totalidad de los viajeros del tranvía, en contraposición a la distendida algarabía que se suele escuchar en las guaguas.


Tal vez íbamos demasiados tensos por lo novedoso del medio de transporte y, a no ser que sonara algún teléfono móvil, obligando a responder a la llamada, no se oía ni una mosca. De haber sido así, parece que lo vamos superando, porque ya se escuchan las conversaciones de rigor, algún chiste, algunas risas y como no… los que pueden romperte el tímpano con un chorro de decibelios disparado a toda presión contra tu oído.

La joven que hoy iba sentada frente a mí, era una de estas personas.

El tono de su voz era demasiado agudo y su intensidad altísima (supongo que se le oiría perfectamente en todos los vagones) pero, además, “rajaba” que daba gusto. Hablaba a grito pelado con un amigo que iba a su lado y no se hartaba de decir lindezas de una conocida común:

“Que basta es. ¿Tú te has fijado como viste? No sé para que se pone esos tacones, si no sabe caminar con ellos. A todos lados va con el novio; tendrá miedo de que se lo quiten. Y pretendía presentarse a Miss…”

Yo la observaba con detenimiento y no conseguía entender cómo una chica joven y guapa como aquélla, sólo echaba sapos y culebras por la boca.

Hay que ver. Con la edad que tengo y a veces no consigo reprimirme. Nunca terminaré de aprender.

Así que cuando ya me encontraba de pie, a punto de abandonar el tranvía, viendo que ella continuaba con su larga letanía, me giré y le dije:

“Señorita, le recomiendo que cambie de canal”.

Reconozco que soy un entrometido.

Miguel Ángel G. Yanes

30/11/09

ME HA LLEGADO LA ONDA...

Sí, como lo leen. Me ha llegado la onda de que un grupo de personas intenta presionar, con una serie de razones más o menos discutibles, para que se vuelvan a permitir las corridas de toros, prohibidas por ley del Gobierno Canario desde 1991, aduciendo que la ley "se refería fundamentalmente a los animales domésticos, y el toro bravo no lo es", lo cual llevaría a revocar la misma, cosa harto improbable. Todo ello con la digna idea de preservar, de alguna manera, la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, amenazada por una bandada de buitres inmobiliarios que la sobrevuela con insistencia, y evitar así su demolición, que conllevaría la construcción de un edificio de viviendas, aparcamientos y locales comerciales.

Una de las frases cogidas a vuelapluma fue: "Es que es la fiesta nacional de España".

Sí señor, eso no lo discute nadie, aunque habría que preguntarle a los toros por la palabra "fiesta", pero no la de Canarias. Y eso quedó claro hace 18 años.



Alguien apuntó también, supongo que con su mejor intención, la posibilidad de que fuera un espectáculo enfocado al turismo que nos visita, y yo me quedé mascullando entre dientes que si, quieren ver corridas de toros, vayan a la Península, que en sus dos países las celebran (creo que el verbo no es el apropiado) o detrás de los Pirineos que también, aunque por poco tiempo.

No poseo ningún tipo de conocimientos sobre arquitectura y, aunque he leído que la plaza data de 1893 y se remodeló en los años veinte tras sufrir un aparatoso incendio, desconozco si dicha construcción pertenece al estilo neomudéjar, "neo-puro hormigón" u otros, y si arquitectónicamente tiene algún valor; aunque, fiándome de la magnífica reflexión efectuada por D. Federico García Barba en la Red de Redes (http://islasterritorio.blogspot.com/2008/06/la-plaza-de-toros-de-santa-cruz.html), he de inferir que no. Pero la he visto ahí durante toda mi vida; la considero un importante punto de referencia de la ciudad y no me gustaría que desapareciera. Pero claro, habrá que darle alguna utilidad.

Miguel Ángel G. Yanes
26/05/09

22/11/09

A MANUEL DE LOS REYES PEÑA SIVERIO, IN MEMORIAM

Hoy he perdido a uno de mis mejores amigos. Un hombre íntegro, un artista al que nunca le sonrió la suerte. Nació pobre, vivió pobre y murió pobre en una aséptica habitación de hospital. Tenía talento, mucho talento, pero nadie le dio jamás una oportunidad. Si en sus años de juventud algún mecenas lo hubiera encaminado, tengo por seguro que hoy sería un pintor de renombre. Pero no fue así.

"Aquí quedaría bien una foto suya,
pero, lo que son las cosas,
no tengo ninguna."

Poseía una mano única para el dibujo, y sí no, que se lo pregunten a la gente de nuestra época. La mayoría de los tatuajes que lucen fueron dibujados por él. También tenía una facilidad innata para la música y no digamos nada para todo tipo de manualidades; trabajó el cuero, la madera, el metal, haciendo cruces, pulseras, pendientes. Reparó lavadoras, televisores, equipos de música, teléfonos móviles. Eran pocos los aparatos domésticos que se le resistían, pero siempre a base de cáncamos, laborando al tran tran, porque nunca consiguió un puesto de trabajo estable. ¡Miento!… tuvo uno. Allá por los años 70 llegó a ser oficial troquelador en la Litografía Ramírez, hasta que el famoso Santaella arrambló con los cuartos y se fue todo al traste. Y como aquel era un oficio a desaparecer, máxime cuando la única empresa que quedaba activa en ese ramo comenzaba a rescindir plantilla, no tuvo más remedio que demandar empleo como peón en la oficina de marras. Y jamás lo llamaron. Luego vendrían los años más duros, económicamente hablando, hasta los últimos tiempos en que sobrevivían (él y su familia) apenas con una mísera pensión y el poco dinero que sacaban los domingos, vendiendo en el Rastro una serie de objetos que vecinos y amigos les llevaban.


Desde estas líneas quiero pedirle a Israel, su hijo, que guarde su memoria. Que lo recuerde con el respeto y el cariño que merece, como un buen padre que sólo buscaba lo mejor para su hijo, aunque algunas veces no acertara en las formas. Sé que chocaban, como chocan siempre las diferentes generaciones, pero también sé que lo amaba profundamente y que se sentía orgulloso de él, aunque hubiera querido que no abandonara los estudios. Espero que cumplas sus expectativas, y te conviertas en un hombre de bien, como él quería.

Tu padre fue todo un personaje: autodidacta, innovador, casi un ídolo de aquellos años en los que fuimos jóvenes. Sí, aunque no te lo creas, nosotros también fuimos jóvenes; luchamos a brazo partido por un mundo mejor y nos vencieron... casi. Por eso te pido que jamás abandones, que no te rindas nunca, que luches por sacar adelante a tu familia, que protejas a tu hermana (la mayor tristeza de tu padre era no poder verla crecer) y que persigas tus sueños con ahínco, hasta el final. Es algo que le debes.

Miguel Ángel G. Yanes

20/11/09

AL AYUNTAMIENTO PORTUENSE

Es de bien nacido ser agradecido. Por ello considero que, después de haber denunciado en su momento el lastimoso y deplorable estado en que se encontraba la calle Robles del Puerto de la Cruz (para quienes no la ubiquen, diré que es la que comienza frente al Jardín Botánico para desembocar en la calle Aceviño, en la parte baja de La Paz) ahora me toca felicitar a la corporación municipal, ya que, por fin, se están acometiendo las obras de asfaltado y repavimentación de dicha vía, cosa que agradezco profundamente como usuario de la misma.


No obstante me gustaría puntualizar que la calle Retama, donde se encuentra la entrada principal del Jardín Botánico, aunque no alcanza aún el grado de deterioro de la anterior, va camino de ello, pues al servir de enlace con la Carretera del Este, ha experimentado, en los últimos años un importante aumento en el volumen de tráfico, lo que ha provocado que el firme (que no lo es tanto) se haya resentido sensiblemente.

Está claro que "parche aquí, parche allá" es un estribillo que no acaba de solucionar el problema, porque a los pocos días cambia y vuelve a sonar "bache aquí, bache allá". Me parece que para solventarlo se hace necesario recurrir también a una cura en profundidad más temprano que tarde.


Y ya que hablamos de calles, no puedo dejar de mencionar la avenida Marqués Villanueva del Prado. La entrada principal a una ciudad turística no puede estar en esas condiciones. Si tengo que buscar una palabra para definir su estado sólo me sale ¡lamentable!


Espero que la obra de la calle Robles, así como la del Mirador de La Paz, que también se está ejecutando en la actualidad, no sean algo puntual, sino el comienzo de una verdadera campaña de restauración que, junto con otro tipo de medidas que se antojan urgentes ante el visible deterioro experimentado en los últimos años, sirva para que esta ciudad recupere su prestigio y su proyección internacional como centro turístico de primer orden.

Miguel Ángel G. Yanes
28/04/09

10/11/09

EL DIOS DE LA AVARICIA MATERIAL

Como un canario más con, al menos, dos dedos de frente, quiero solidarizarme con los razonamientos expuestos por don Pedro Antonio Martínez Martín, publicados en la presnsa local el 31-03-09, bajo el título "Tren del Sur". Escueto y puntual. Pocas razones de tanto peso pueden aducirse con menos palabras.

Aunque hay algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no creo que lo que en realidad motive a esos "descerebrados" sean las grandes locuras, sino más bien los grandes pelotazos. ¿Pero es que no vemos lo que ocurre ante nuestros propios ojos? Los mismos de siempre enriqueciéndose a manos llenas, a costa de arrasar nuestro patrimonio natural, de llevar a cabo obras faraónicas, de destruir y construir sin tino, deteriorando irreversiblemente este frágil territorio y, con él, el futuro de nuestros hijos.

Está claro, clarísimo, que "los de la pomada" tienen todas sus necesidades cubiertas y que, en el fondo, les importan un… (iba a decir un carajo, pero me pareció de mal gusto) las verdaderas necesidades de la isla y de los isleños. Sólo los mueve un desmedido afán de riqueza y poder. ¿Cómo es posible que este pueblo nuestro no reaccione, no se rebele de una vez contra tanto despilfarro, tanto despropósito y tanto mamoneo?

¡Señores!, aquí hay una ciudadanía trabajadora que paga religiosamente sus impuestos y se merece un respeto. Y éste pasa por cubrir con urgencia sus necesidades perentorias.

¡Sí! Yo también abogo por una sanidad en condiciones (me viene a la memoria una viñeta humorística donde un mago dice: "Pedí una sanidad en condiciones y me dieron un policía autónomo"). Esa es otra fruslería de alguien que también desea pasar a la posteridad como artífice de otro despropósito. Los pueblos no evolucionan fomentando el crecimiento de cuerpos represivos, sino fomentando la educación y la cultura. Pero claro, los que manejan los hilos saben a ciencia cierta que, cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta de manipular. O sea, que las marionetas, cuantos más hilos tienen, más complicadas son.

Después del Tren del Sur, vendrá el Tren del Norte, y si nos descuidamos, un tren transversal que una el norte con el sur, y más tarde un tren turístico que descienda a las profundidades del Averno, para visitar el balneario que regenta el patrón de estos "mammones": servidores de Mammón, el dios de la avaricia material.

Miguel Ángel G. Yanes
13/04/09

2/11/09

AUTORIDAD PORTUARIA

Tengo 54 años ya cumplidos y nunca me había ocurrido esto.

El martes, 27 de octubre de 2009, a las once de la mañana, el puerto de Santa Cruz de Tenerife presentaba la imagen de otra época. Al contrario de lo que suele ser común, y coincidiendo con el comienzo de la temporada de cruceros, la línea de atraque del muelle sur se hallaba al completo.


Tres trasatlánticos gigantescos y un magnífico velero (el único cinco palos del mundo), ocupaban la totalidad de un muelle casi siempre vacío y desangelado.


No ya por los grandes trasatlánticos, que a fin de cuentas se me antojan enormes edificios flotantes, sino por ver de cerca el "Royal Clipper", decidimos, el amigo Paco Morera y yo, acercarnos al mismo. Digo bien "decidimos", porque "poder" no pudimos. Unos agentes de la autoridad portuaria (ella y él) nos impidieron el paso en la misma entrada del muelle.


- ¿A dónde van? Nos espetaron.

- A ver de cerca ese velero. Contesté.

- ¡No se puede pasar!

- ¿Me explica por qué?

- ¡Órdenes!... Por seguridad.

-¿Quiere decir que, a dos ciudadanos nacidos aquí, que viven aquí y que pagan escrupulosamente sus impuestos aquí, no se les permite acceder al muelle (construido y mantenido con esos impuestos) para ver un barco de cerca?

-¡Exactamente! Hablaba él, sonreía ella.

De pronto se me llevaron todos los demonios (y aún no he vuelto)

-Pues esto habrá que denunciarlo en algún medio. Repliqué.

-¡Pues hágalo Vd!. Se me dijo con sorna. Y en ello estoy.



Cuando nos frenaron en seco, pensé que tal vez hubiera bastado con llevar una cámara al hombro para acceder al dique sin problemas, porque de la interminable hilera de supuestos turistas que nos antecedía, no vimos que detuvieran a nadie, ni que pidieran ningún tipo de identificación, salvo a nosotros. ¿Será porque mi amigo y yo somos morenos y de baja estatura, qué resultamos sospechosos? Me da la sensación de que con la excusa del terrorismo internacional, están estrangulando muchas de nuestras libertades. 


Me crié en ese muelle. Me fugaba del colegio con doce o trece años para deambular por aquel mágico lugar que abarcaba desde la Marquesina a la Grúa Titán. Soñaba con los barcos; subía sus escalas, unas veces con más suerte que otras, por el mero placer de recorrer la cubierta, sobre todo si se trataba de algún buque de vela, sentir su tenue balanceo una vez los cabos atados al noray, chapurrear con la tripulación algunas palabrejas en un inglés de puro garrafón… y no digamos nada si te dejaban tocar la rueda del timón. Es menester decir que algún que otro coscorrón alcancé en mis intentos. Pero nadie nos prohibía el acceso a los muelles, y los chicos de entonces nos movíamos libremente por aquella extensión del paraíso. 


Pero… ¿a qué situación hemos llegado en la actualidad? El puerto parece un país extranjero, con sus fronteras, su propia policía, sus excesivas normas... Y después se preguntan por qué los chicharreros vivimos de espaldas a la mar.

Si por razones de seguridad, el pueblo llano no puede acceder a la plataforma portuaria, pido desde aquí a quién competa, que se vuelva a habilitar el acceso al paseo del muelle sur, para que todos los ciudadanos podamos disfrutar de "nuestro puerto" como hacíamos antaño. 
  


¡Y déjense de "mamonadas"!

Miguel Ángel G. Yanes

30/10/09

UNA BOUGANVILLA SE RESISTE A MORIR

Primero voy a intentar ubicarla por si ustedes no han reparado en ella: Puerto de la Cruz; Urbanización La Paz, parking del supermercado SPAR; confluencia con la avenida Marqués Villanueva del Prado. (¡Que venga Dios y la vea! No entiendo cómo una ciudad turística se puede permitir tener el asfalto de su acceso principal en unas condiciones tan deplorables). Pues bien, en esa esquina, una bouganvilla se resiste a morir.

Cuando se asfaltó, años ha, el terreno de lo que hoy en día es el mencionado aparcamiento, ella ya se encontraba allí, pero nadie tuvo la delicadeza de dejarle, al menos, un palmo de tierra junto al muro donde pudiera medrar. La cortaron a ras del suelo y la cubrieron de "piche".

Pues sí, "piche" fue lo que sepultó las raíces de la bouganvilla, una capa asfixiante, ardiente, pegajosa, densa y oscura que parecía condenarla sin remedio, pero también fue "piche" lo que, contra todo pronóstico, se resquebrajó un día ante su empuje. Y hoy, diminutas ramas intentan aferrarse con desesperación al aire diáfano, a un rayo de sol, a una gota de lluvia.

No molesta a nada ni a nadie, y sin embargo sobrevive a duras, a durísimas penas en un rincón carente de lo más elemental, sin que se le preste la más mínima ayuda.

Así y todo, en un alarde de generosidad, regala sus incipientes flores a los ojos de todos aquellos que reparan en ella.

No sé de quién depende el minúsculo territorio donde habita; si del ayuntamiento, del supermercado o de algún particular, pero pido por favor que, sea quien sea, tenga a bien compensar su empeño, su lucha, su generoso sacrificio, habilitándole un mínimo espacio, una diminuta poceta, un puñado de tierra desde donde pueda trepar libremente hacia la luz, porque así, al tiempo que crece, la magia de su alquimia va a llenarnos el alma de paz, de malva, de silencio.

Miguel Ángel G. Yanes
01/04/09

25/10/09

A CUENTA DE UN POEMA DE MACCANTI

 Comencé a conocer la obra de Arturo Maccanti a principios de los años 80, merced a mi amiga Mª Cleofé Linares, que era y supongo seguirá siendo (no hemos hecho mucho caso a Platón y ha crecido algo de hierba en el sendero de nuestra amistad) una ferviente admiradora del poeta.

De inmediato me sentí cautivado por la profundidad de su poesía. Leí con avidez los libros que a mis manos llegaron y descubrí que me sentía bastante identificado con su perspectiva de la vida, con el ritmo vital de su búsqueda y también de su denuncia. Puede que haya leído poemas más hermosos, pero pocos me han impactado tanto como "Columpio solo".

Lo he releído en repetidas ocasiones a lo largo de estos años y sigue estremeciéndome el mismo escalofrío de la primera vez. Cuánto dolor y cuánta tristeza se hilvanan hilo a hilo para formar la urdimbre, cuánta ternura pende de sus hebras y cuánto desconsuelo tiñe su enfurtida memoria.

El inmenso dolor de haber perdido un hijo más allá de la luz. Quizá el mayor dolor del mundo para el qué, los consuelos humanos o divinos, no sirven demasiado. Queda la fe, el resto de la familia, los amigos... pero esa herida abierta nunca dejará de sangrar en el pecho de un padre (no digamos ya en el de una madre).

No puedo remediarlo. Aquel poema caló tan profundo en mi interior qué, cuando alguna vez al anochecer, se me hace paso frente a los columpios del García Sanabria, me paro a contemplarlos con una especie de temor reverencial, al tiempo que desgrano sus versos mentalmente. Ahí sigue columpiándose sobre la piel del aire y no consigo evitar que una humedad nocturna distorsione en mis ojos la frágil realidad que nos circunda.

Asumir el dolor de los demás, hacerlo propio, no llegará jamás a tener la intensidad de quien lo sufre pero, si un temblor repentino nos estremece, acaso ese hijo perdido sea nuestro también, por arte de la magia sublime de unos versos.

Miguel Ángel G. Yanes

22/10/09

CHÍCHARO

En la Sexta de televisión, en las jornadas de liga futbolística, ponen un programa titulado Minuto y Resultado (bastante logrado desde mi punto de vista) en el que van detallando las incidencias de los diferentes partidos. En el mismo, cada vez que se produce un gol, aparece un pez desfilando de izquierda a derecha de la pantalla, y el locutor de turno indica que se ha marcado un chicharro en tal o cual campo.

¿No será un chícharo en lugar de un chicharro?

Según consta en la vigésima segunda edición del diccionario de la lengua de la Real Academia Española, un chicharro o jurel es un pez teleósteo marino que, entre otras cosas, da nombre a un gentilicio, del cual me honro, dado a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife, aunque, en la actualidad, se extiende a todos los habitantes de la isla: chicharrero (término despectivo empleado por los habitantes de La Laguna, que fue la capital isleña hasta el siglo XIX, para designar a las gentes del entonces pobre y pequeño puerto de pescadores de Santa Cruz y que, al trasladarse la capitalidad a dicha población, sus ciudadanos asumieron como propio.) Pero no entiendo qué relación tiene la palabra chicharro con un gol. Sin embargo "chícharo" sí que la tiene.




Recuerdo que de pequeño oía decir: "Le metieron tantos chícharos", refiriéndose a goles, pues la palabra chícharo, también según el diccionario de la RAE, hace mención a algo redondo, como puede ser un guisante o un garbanzo, y esto sí que tiene un claro símil con un balón; pero lo de chicharro, sigo sin verlo claro.

¡Ah! También hay una frase que los canarios hemos hecho nuestra: "no disparar chícharo" refiriéndose a no dar ni golpe en el trabajo, y que tiene su origen en el lenguaje coloquial de los cubanos.

Miguel Ángel G. Yanes

14/10/09

AROZARENA, RAFAEL

Me gustaría poner mi granito de arena en memoria del recientemente fallecido Rafael Arozarena Doblado. Desaparecido tan sólo del mundo de las formas, porque, en la medida en que continúe en nuestro recuerdo y en nuestros corazones, seguirá estando vivo; amén de su pervivencia a través del conjunto de su magnífica obra literaria.

En los últimos tiempos, a pesar de tener la salud bastante quebrantada, no perdió un ápice de su agudeza ni de su proverbial socarronería. Me contaba mi mujer que, recientemente, a raíz de sus problemas renales, no le quedó más remedio que acudir al hospital, y cómo, aún en aquellas condiciones, tuvo humor para piropearla por aquellos ojos que vislumbraba sobre la mascarilla. Ella se identificó como mi esposa, pero él no consiguió recordarme.

La última vez que lo vi fue en la zona de la Cruz del Señor, en compañía de Juan José Delgado, y ya era evidente el deterioro físico que le provocaba la enfermedad. Solía acudir con relativa frecuencia a una empresa editorial que, hasta hace poco, se hallaba ubicada en los bajos del Edificio Mataverde, donde vivo desde hace más de veinte años; y después de gestionar sus asuntos se dirigía, acompañado por Raquel la propietaria de la editorial, a tomar un cortado al bar Los Tres Mosqueteros. Allí coincidimos en alguna ocasión.

Comencé a conocer sus poemas a principios de los años 80, gracias a Fátima Said, con quien le unía una buena amistad. Leí parte de su obra poética con especial deleite, hasta el punto de que algunos de sus versos, quedaron en mi memoria para siempre: "Altos crecen los cardos / brillantes y espinosas / inútiles espuelas"… "vestida de altramuces / con tus maizales verdes"... También leí, años ha, su famosa novela Mararía. Con posterioridad, cuando fue llevada al cine, no quise verla; sabía que, de hacerlo, las imágenes que aún bullen en mi cabeza, serían sustituidas sin remedio por las que aparecieran en pantalla.


Reconozco públicamente que tengo una deuda pendiente con Rafael Arozarena. A pesar de escucharle decir en alguna ocasión que su mejor novela era "Cerveza de grano rojo", aún no me he decidido a leerla. Prometo hacerlo en breve. Hoy, como sentido homenaje a su persona, adjunto este pequeño poema, escrito para él en octubre de 2000 y que forma parte del poemario titulado “Húmedo labio de la isla”, inédito aún.

Roto y vencido el día
(A Rafael Arozarena)

La sangre sin fin de las amapolas, / el amargo sudor de las ortigas, / la dolorida tierra, su cansancio, / el fragor de los lirios combatiendo / con espadas de luz en la maleza, / el tembloroso labio del helecho / ante el cariz final de la batalla, / y en su pasión, las zarzas / coronando la tarde con espinas / ante la rendición total / de un ejército azul de girasoles.


Miguel Ángel G. Yanes

10/10/09

“TUROKA” (LA CIUDAD DE PIEDRA)

Lo de “Turoka” es una licencia que me he permitido en alusión a “Turok”, El Guerrero de Piedra, de Editorial Novaro que, allá por la década de los 60, formó parte de nuestra iconografía infantil de héroes de lo que, en las Islas, dimos en llamar “colorines”, en clara alusión a sus portadas a todo color (en aquellos años, las páginas interiores aún se editaban en blanco y negro) y que en otras latitudes denominaron comics, tebeos, historietas…

¿Qué niño de aquella época no recuerda el formato apaisado del Capitán Trueno, El Jabato o El Cosaco Verde?

Fueron las aventuras de Turok de las primeras, que yo recuerde, en aparecer en formato vertical y con las páginas interiores coloreadas, lo que daba un plus de belleza e intensidad a sus andanzas, siempre ambientadas en la Edad de Piedra y rodeado de todo tipo de dinosaurios.



Contemplando las obras de ejecución del viario y rehabilitación del Barranco de Santos, no sé si es bueno o malo que las márgenes y los aledaños del mismo se hayan cubierto de piedras de arriba abajo; estéticamente es bastante discutible, por lo que tampoco voy a entrar a dilucidar si resulta denso, feo y monótono o sus correspondientes antónimos, pero lo que sí sé, es que no se ha dejado un margen para la vegetación, para que descienda o trepe, igual me da, y cubra en parte, las desnudez vertical de sus paredes.


Hay que recordar que el cauce del barranco (vamos a dejar las basuras que tiramos, a un lado) siempre fue un espacio de una belleza agreste, unas verdes pinceladas de musgo, charcos y arbustos, dando un toque silvestre al exceso de asfalto y hormigón de este paisaje urbano.

Por mucho que se haga mención en el Proyecto de Rehabilitación del Barranco, al “descubrimiento de su roca natural y reimplante de vegetación”, tengo la sospecha de que nadie ha pensado revestir todos estos muros cuya visión… ¡cansa!

Miguel Ángel G. Yanes
30/07/08

6/10/09

ESPERO QUE LO LEA

Hoy hablo de un amigo que está postrado en la cama de un hospital... más bien de alguien que lo atiende, supongo que no gratuitamente, sino cobrando el salario que, en virtud de su categoría laboral, le corresponde. Pues bien, este individuo (lo sé por boca de mi amigo, al que se le saltaban las lágrimas al contármelo) se permite la licencia de gritarle y avasallarlo verbalmente por el hecho de hacerse sus necesidades encima.

El paciente no se hace sus necesidades encima porque le da la gana. No lo puede evitar. Hay una enfermedad terrible que le está deshaciendo los órganos internos (eso debe saberlo usted mejor que yo) y le está provocando una diarrea incontrolable que lo tiene realmente abatido. Si usted encima lo avasalla y lo pelea por algo sobre lo que su organismo ya no tiene ningún control, moralmente lo hunde en la miseria, hasta el punto de negarse a comer para evitar esas heces que luego lo avergüencen.


Me parece una postura deleznable por su parte, máxime cuando estas personas requieren sobre todo apoyo y comprensión. No voy a pedirle que sea cariñoso, no es su cometido; el cariño ya se lo damos otros. Es por eso que hoy, públicamente, me quejo de su forma de actuar aunque no lo nombre, porque tampoco es plan que su incompetencia, me refiero a la humana, no a la laboral, salpique a sus compañeros ni al centro de trabajo.

Mire "amigo", para desempeñar esa labor, aparte de verdadera vocación, hay que tener don de gentes. Si usted no vale para ello, por favor, dedíquese a otra cosa, que hay muchas personas humanamente cualificadas, esperando la oportunidad de un puesto de trabajo. Y no se olvide de que mañana, a más tardar, puede ser usted mismo ese paciente que no consigue controlar sus esfínteres. Supongo que no le gustaría que alguien lo avasallara.

Miguel Ángel G. Yanes

5/10/09

MERCEDES SOSA

A través de la prensa, me entero en la mañana de este lunes caluroso de otoño, de la muerte de Mercedes Sosa.

La tristeza, con húmedo aleteo, se ha posado de pronto en mis pestañas, despertando un sinfín de recuerdos que dormían sepultados bajo el polvo del tiempo. A pesar de que llevábamos muchos años sin vernos, y de que ya no suena su voz tan a menudo en casa, siempre existirá entre ambos un vínculo de poesía y música.

Tuve el honor de conocerla aquí, en nuestra isla, a raíz de un concierto que ofreció en la Plaza de San Pedro de Güímar, del que guardo un imborrable recuerdo, aunque mi memoria no consigue fijar la fecha de su actuación; debió ser a finales de los años 70 o principio de los 80, y tampoco tengo la certeza de si fue esa la primera vez que actuó en Tenerife, aunque así me suena.


El timbre de su voz, la potencia de sus graves, y la pureza de su corazón derramaron un río de sentimientos sobre los que tuvimos la fortuna de disfrutar de aquella noche mágica, a pesar del penetrante zumbido que emitía uno de los focos del escenario, que a punto estuvimos de apedrear.

Mercedes era, es y será por siempre "La Voz de América"; una garganta puesta al servicio de los pobres, de los humildes, de los desheredados. Defensora a ultranza de las causas más nobles, recorrió el planeta poniendo el alma en el loable empeño de conseguir un mundo más justo para todos.

Sus comienzos musicales no fueron demasiado fáciles, hasta que en 1965, Jorge Cafrune (bendita sea su memoria) la invitó a cantar en el Festival de Cosquín, donde se consagró ante un público enfervorizado. A partir de ahí despuntó de manera fulminante, hasta convertirse en el mayor exponente de la música popular latinoamericana.


En la discografía de Mercedes Sosa hay temas realmente magníficos. Podría enumerar docenas de ellos: Gracias a la vida, La viajerita, La oncena, Como un pájaro libre, Si se calla el cantor, Alfonsina y el mar… pero una de mis canciones preferidas se titula Marrón:

"…Por las calles de la villa / se me astilla mi canción / dos niños se pelean / por un rayo de sol / miseria está muy fea / miseria que pasó / no dejes que te vea / tu espejo de cartón…" "…monedero sin dinero / no se asusta del ladrón".

Como personaje de talla mundial, sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos, en el congreso de la nación que la vio nacer: Argentina, aunque dado su compromiso social, su lucha en pro de los desfavorecidos y su proyección internacional, me atrevo a catalogarla, con palabras del filósofo Lanza del Vasto (discípulo de Gandhi) como "ciudadana del mundo".


Por todo lo que nos legaste… ¡Gracias Mercedes! Descansa en paz.

Miguel Ángel G. Yanes

1/10/09

TONTO LO JUSTO

Afortunadamente en Canarias no existen guindos (árbol de la familia de las Rosáceas, especie de cerezo, del que puede distinguirse por ser las hojas más pequeñas y el fruto más redondo y comúnmente ácido)

Que conste que no lo digo porque no me gusten las guindas. Me encantan. Incluso el árbol en sí tiene un porte exquisito. Sobre todo cuando se encuentra en flor, es una maravilla para los sentidos.



Lo digo por la sencilla razón de que, si aquí hubiera guindos, tal vez me habría caído de uno sin darme cuenta. Ésa, al menos, es la sensación que percibo. Como si determinadas personas estuvieran convencidas de que me caí de alguno; cuando son ellas las que se pasan la vida columpiándose como si fueran micos, hartándose a reventar en las alturas y tirándonos luego sus desperdicios.

La verdad es que pesan demasiado, en mi ánimo y mi carácter, tantos años de vida laboral. Me doy perfecta cuenta de que estoy envejeciendo y, francamente, ya no estoy por la labor de aguantarle “miconadas”… digo… mariconadas ¡a nadie!

Tonto lo justo, no más.

Miguel Ángel G. Yanes

28/9/09

LA MIRADA DEL ORANGUTÁN



Ahora que ha muerto Copito de Nieve, y que conste que no me parece excesiva, como apuntan algunos, la difusión que se ha dado a la noticia, pues no en vano era el único ejemplar de gorila albino que se ha conocido en el mundo, amén de haber sido un referente importantísimo de la ciudad condal. Es más, me ha parecido un acto de caridad tremendo el hecho de que le hayan practicado la eutanasia para evitarle los terribles dolores que, al parecer, sufría. Y me decanto también a favor de los que se oponen a que se le diseque o mucho menos que se le clone. Creo que merece un respeto.

Ahora que ha muerto, repito, y al remirar unas viejas fotos de su juventud, observando la intensidad de su mirada, aquellos ojos claros y penetrantes, la indiferencia con que parecía observar a los humanos; me viene a la memoria la mirada de otro primate y el profundo impacto que me causó entonces.

Fue hace bastantes años, veinte quizás, cuando por primera vez visité el zoo madrileño. Allí había también un ejemplar emblemático de la Villa y Corte que, aunque sin la excepcional singularidad del gorila, tenía el “privilegio” de ser el primer oso panda nacido en cautividad: Chu-Lin, tempranamente desaparecido a los 13 años de edad, cuando al parecer, pueden alcanzar sin problema el doble de la misma. Era un cachorro encantador (como todos los cachorros de los mamíferos) y hacía las delicias, sobre todo de los niños, que lo veían como un peluche bicolor con vida propia. Pero a pesar de su atractivo, no es de él de quien guardo el recuerdo más impactante de esa visita.

No sé si aún la zona dedica a los simios, en el zoo de Madrid, sigue estructurada de la misma forma. En aquella época, las jaulas de los “grandes monos” tenían rejas por un costado y un cristal blindado por el otro. Fue allí donde hallé a un viejo orangután, de pelaje naranja y encrespado que, apoyado en el cristal, reposando la cabeza sobre el antebrazo, en un gesto tremendamente humano, miraba hacia sus pies sin prestarnos la menor atención.


No pude remediarlo. Cerré el puño y golpee con suavidad la pared transparente que nos separaba. Elevó la cabeza unos centímetros y… una mirada de tristeza infinita me taladró hasta el fondo del alma.

¡Dios mío!… Si fuera yo quien hubiera caído en manos de otros seres que no pudieran entenderme de ningún modo (vamos a obviar los signos de escritura y dibujo, suponiendo que no los conociera) posiblemente estaría ocupando su lugar en una jaula. Por un instante me sentí identificado por completo con aquel prisionero.



Entendí entonces el porqué del desdén que Copito manifestó siempre hacia el público. Yo también les habría dado la espalda durante todo el tiempo que me fuera posible.

Apariencias aparte, apenas nos separan unos pocos genes, unos cuantos giros de la evolución y la huella de las culturas subsiguientes. Por ello veo necesario que reconsideremos nuestra postura hacia los grandes simios y dejemos de condenarlos a cadenas perpetuas que no merecen en absoluto.

Por muy grandes y cómodas que las celdas sean, las cárceles nunca dejarán de ser cárceles.

¿Cuál ha sido su crimen?

¿Y el nuestro?

Miguel Ángel G. Yanes

21/9/09

QUÉ PREGUNTA...

Hacía tiempo que nadie me atravesaba el pie de una manera tan descarada, y es que la pregunta tenía su enjundia:

- ¡Papi! En esencia, los seres humanos ¿qué somos?

- ¡Jo! La hora que es y el recado que traes. Qué complicado me lo pones. Pero…mmm… te lo voy a decir:

Somos esa fuerza, esa energía que asoma a nuestros ojos. Eso somos.



- … ¿Y los ciegos?

Miguel Ángel G. Yanes

20/9/09

¡CARAMBA!, ESTA CIUDAD ESTÁ LLENA DE "SETAS"




Qué variedad de "setas". Las hay de todos los tamaños, texturas y colores; adornan parques, jardines, parterres, pocetas, terraplenes, pero sobre todo alfombran las aceras, de tal forma que hay que ir saltando a la pata coja para no pisarlas: una especie de juego del tejo para todos los públicos.

Es todo un espectáculo cuando alguien pisa alguna, y un "enervante aroma" se eleva y lo convence de que se va a sacar el primer premio en algún juego de azar, a poco que se lo proponga.

También es increíble ver cómo, si se pisa una "seta" chaparra y poco consistente, sirve de clase gratuita de patinaje artístico e incluso de ballet, consiguiendo, a veces, hacer un "spagat" en el primer intento.

¡Ah! ¿Que no son setas?: Deposiciones, porquería, excrementos, heces, deyecciones, caca... Bueno, dejémonos de eufemismos y empleemos el término correcto, el que se nos viene a la boca cuando nos cabreamos: ¡mierda! ¡Sí!, ¡mierda!, ¡mierda de perros!

Pido al ayuntamiento mano dura con los incívicos que no recogen la de sus propias mascotas. Al parecer, hasta que no se les apriete el bolsillo, no se decidirán a agachar el lomo como hacemos algunos/as y, cogiendo una bolsa, un papel, o cualquier otro artilugio, retirar de la vía pública lo que, con toda seguridad, retiran de sus propios hogares.

Miguel Ángel G. Yanes
15/06/08